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“Si el 'sí' no gana ahora, ganará en cuatro años”

De l'Hospitalet a Sarrià, paseo por una jornada de reflexión en la que el voto ya está más que decidido

L'Hopitalet de Llobregat con propaganda electoral de Catalunya si que es Pot.
L'Hopitalet de Llobregat con propaganda electoral de Catalunya si que es Pot. AFP

Enric Paredes aprovecha el sábado para lavar su Seat 'Toledo'. En el auto-lavado SuperJet de la calle Santa Eulàlia de l'Hospitalet de Llobregat, Paredes aspira con ahínco el interior del vehículo. Ha vaciado la guantera y a sus pies ha dejado algunos CD de Edith Piaf y de jazz. La campaña electoral se ha disputado sobre todo en el –extinto– cinturón rojo de Barcelona, en lugares como esta arteria de l'Hospitalet. Paredes hace meses que tiene claro que votará por la independencia: “Si ganamos, no pasará nada; el lunes nadie saldrá a la calle con escopetas. Y si el sí no gana ahora, ganará en cuatro años”.

Paredes, jubilado, explica que no se ha ido de puente porque su mujer tenía que abrir su tienda de material para bebés. Pregunto a Paredes si la crisis les ha perjudicado de manera especial: “La crisis, no; quien nos ahoga es España”. A escasos metros del auto-lavado SuperJet, algunos ancianos consumen la mañana en los bancos de la plaza Unicef. Faustina Rojas acompaña a su madre en un paseo. Rojas confirma que por primera vez votará en unas elecciones autonómicas: “Esta vez sí voy a votar, la situación es especial”. Su familia también votará, dice Rojas, movilizados contra la independencia.

Josep Carrasco es propietario de la Cafetería Palmer, en la plaza Santa Madrona del Poble Sec. Muy cerca de allí celebró Junts pel Sí el mitin final de campaña. Las paredes del bar están decoradas con óleos de motivos deportivos y una foto enmarcada del mito del Espanyol Dani Jarque. Carrasco es perico e independentista: “Podría haber votado por Podemos, porque lo que yo quiero es que haya una buena sacudida. El problema es que Pablo Iglesias ha venido aquí a hablar de cosas que no conoce”.

Rosa Gili irrumpe en Palmer en bata y pantuflas. Es viuda desde hace año y medio y repite que sueña con poder votar hoy. “A mi marido le hubiera gustado ver la independencia”, suspira Gili. Trabajó 55 años en la panadería Pa Serra, ahora la lleva su hijo: “En mi casa y en mi coral, casi todo el mundo votará por la independencia”. Conchita, dueña del kiosco que hay en Santa Madrona, ha vendido más periódicos en catalán que en castellano: “No es lo normal; supongo que muchos han aprovechado el festivo de la Mercè para irse de la ciudad”.

En Sarriá, corazón de la Barcelona burguesa, Manolita Pastor, propietaria de la papelería Espot, tiene claro qué votará, pero no quiere hablar de política: “Tenemos clientes que piensan muy diferente”. Su hija Merche explica que muchos clientes han comprado más de un periódico, “para contrastar puntos de vista”. En la vecina Bodega Artós, a Benjamín Gabarró le gustaría que las elecciones hubieran sido en sábado: “La gente tiene ganas de celebrar los resultados, como cuando murió Franco, ¿sabes?”.