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De icono republicano a propaganda franquista

Breve historia de la plaza Mayor de Brunete, originaria del siglo XVI, enclave mítico de la Batalla de Brunete y reconstruida tras la Guerra Civil

Plaza Mayor de Brunete, con al Ayuntamiento a la izquierda. Santi Burgos

La actual plaza mayor de Brunete no tiene nada que ver con la original que se fue configurando entre los siglos XVI y XVIII. Un año después del inicio de la Guerra Civil, en julio de 1937, la Batalla de Brunete insufló ánimos a la República, que tras la contienda consiguió un mínimo avance de la línea de frente de unos dos kilómetros. Pero tras la guerra, la villa quedó completamente destrozada y nada más acabar el conflicto, en abril de 1939, la localidad pasó a estar bajo “la adopción del Jefe del Estado”, según un decreto cuyo objetivo final era reconstruir el pueblo.

La Dirección General de Regiones Devastadas, organismo creado en 1938 por el Ministerio de la Gobernación republicano para paliar los destrozos de la guerra, fue la responsable de iniciar los trabajos de recuperación del pueblo. Según el informe de la institución, estaba arrasado en un 97% de su territorio. Los arquitectos Luis Menéndez Pidal y Luis Quijada fueron los encargados de reconstruir la plaza. Iniciaron los trabajos en 1940.

Plaza en vías de protección

El 18 de julio de 1947 se inauguró el complejo. Esa fecha, nada casual, la dictadura franquista celebraba el denominado Día del Alzamiento, que conmemoraba el levantamiento militar de 1936 contra la República. Además de paliar los problemas de vivienda de los brunetenses, Franco quiso aprovechar la reconstrucción del pueblo para vender la idea de recuperación del país y hacer propaganda de la dictadura.

Tras su inauguración, la Plaza Mayor, de inspiración herreriana, rodeada de soportales, con 60 columnas de granito y uno de los mejores ejemplos de la arquitectura rural de la dictadura, fue decorada con símbolos franquistas —un escudo conmemorativo del fin de la Guerra Civil o un acróstico con las palabras “Viva Cristo Rey”, entre otros. Aún perduran y han sido un escollo para la declaración de Bien de Interés Cultural (BIC) del conjunto arquitectónico y de la aledaña iglesia de Nuestra Señora de La Asunción.

Mientras el Ayuntamiento (PP) quería incluirlos en la declaración, la oposición exigió excluirlos. La petición de para declararla BIC ya se había iniciado. Después del verano, se esperaba que fuera efectiva.

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