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Sefarad Barcelona

El Muhba reinaugura un centro de interpretación para explicar el pasado judío de la ciudad e identificada la trama urbana del Call, destruido en el siglo XIV

Una de las salas del nuevo centro, con los restos del siglo XIII.
Una de las salas del nuevo centro, con los restos del siglo XIII.

En agosto de 1391 Barcelona vivió uno de sus episodios más negros. Después de acusar a la comunidad judía de la ciudad —unas 4.000 personas que gozaban de la atención especial de la Corona y desempeñaban prósperos oficios— de estar detrás de las diferentes oleadas de hambre, de propagar la peste que diezmada la población y de la crisis económica en general, fue atacada brutalmente por el resto de barceloneses. El devastador asalto al Call comenzó el día 5 de agosto. Tras varios días de fuego y destrucción en el que fueron asesinadas unas 300 personas y arrasada gran parte de sus casas, los supervivientes que no pudieron huir tuvieron que convertirse al cristianismo para poder seguir viviendo en la ciudad, concentrados en el Call menor, situado fuera de la muralla. Sus viviendas fueron inmediatamente ocupadas por nuevos habitantes de otras partes de la ciudad, incluso la primera Generalitat se construyó en el sector más oriental del Call judío.

Construcción de una ciudad, en la hagadà de Barcelona del siglo XIV, conservada en The British Library. ampliar foto
Construcción de una ciudad, en la hagadà de Barcelona del siglo XIV, conservada en The British Library.

Con el asalto se puso fin a cinco siglos de convivencia pacífica y dio comienzo a un largo periodo de olvido que ha llegado hasta nuestros días. Sin embargo, las trazas del pasado judío de Barcelona han perdurado en la numerosa documentación conservada en sus archivos y en la trama urbana de la ciudad, como atestiguan calle como las de Sant Doménec del Call, Marlet, Fruita, Arc de Santa Eulàlia o Volta del Remei.

Barcelona ha vivido de espaldas a este pasado judío, pero ahora, con la reinauguración del centro de interpretación del Call (placeta Manuel Ribé), un centro vinculado con el Museo de Historia de Barcelona (Muhba), se quiere subsanar este error y devolver a Sefarad Barcelona su esplendor.

El centro está situado sobre los restos (visibles a través de un cristal) de la vivienda del siglo XIII de uno de los judíos afectados, la del tejedor de velas Jucef Bonhiac, justo “en la calle por la que se iba de la Sinagoga del Massot a las Escuelas de los Franceses”, según recoge el censo de 1393 elaborado por el rey Joan I para grabar la mayoría de las propiedades judías en el momento de desaparición del Call. Este mismo censo es el que ha servido a los investigadores Francesc Caballé y Eloi Castells para recuperar la estructura urbana del Call barcelonés, saber el valor de las viviendas e identificar a las familias propietarias que las ocupaban cuando se destruyó en 1391. “Un auténtico rompecabezas”, según Caballé.

Por un censo de 1393 se han localizado sus casas, el precio y quién las habitaba

Con la reapertura del centro, en el que priman los interactivos y audiovisuales, se inaugura la exposición Los judíos de Barcelona, en la que pueden verse parte de los escasos restos materiales recuperados en excavaciones: porcelanas, lámparas rituales, manuscritos y lápidas funerarias del cementerio de Montjuïc, además de hagadas y portulanos. “Barcelona no se puede comprender sin la comunidad judía, algo que no han resuelto todas las ciudades con barrios judíos” explicó Joan Roca, director del Muhba que no dudó en calificar el fin de esta comunidad como “un desastre”.

Placa de piedra con la inscripción de la fundación pía del rabino Samuel ha-Sardí. ampliar foto
Placa de piedra con la inscripción de la fundación pía del rabino Samuel ha-Sardí.

Según los datos aportados por las fuentes, la comunidad judía de Barcelona era la más numerosa de Cataluña y de toda la Corona de Aragón. La ciudad era sede de una academia rabínica de renombre internacional que atraía estudiantes judíos de todo el mundo. En la planta superior se puede ver parte del legado cultural judío, a través de tres de sus personajes más destacados: el matemático Abraham bar Hiyya, que sirvió de puente entre Al Andalus y la Europa de su tiempo; Salomón ben Adret, que emitió más de 3.000 dictámenes sobre cómo aplicar las leyes religiosas de la Torà y el Talmud en la vida cotidiana por toda la Europa medieval y norte de África del siglo XIII. Suya es la expresión: Dinà de malkuta dinà (la ley del rey es la ley); y otra en la que asegura que un médico judío puede asistir en el parto a una mujer cristiana pese a que el niño se educará en la idolatría, eso sí, siempre que sea “por remuneración”.

El tercero es Hasday Cresques, nacido en una familia de mercaderes y rabinos barceloneses, considerado como el filósofo judío medieval más importante después de Maimónedes, que no dudó en criticar la ciencia aristotélica. Sus obras, que no se tradujeron al latín, fueron seguidas por autores como el holandés de origen sefardí Baruch Spinoza. Cresques intentó, sin éxito, restaurar el Call y la aljama de Barcelona después del asalto de 1391. Los tres son unos auténticos desconocidos por los barceloneses de ahora. A partir de ahora, lo serán menos.