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Futuro esperanzador

El director Kazushi Ono, que sucederá en mayo a Pablo González al frente de la OBC, jugó bien sus cartas en el Auditori

En su último concierto antes de tomar las riendas de la OBC -en mayo sucederá a Pablo González como titular del conjunto barcelonés-, el director japonés Kazushi Ono jugó bien sus cartas. Tiene fama, y su carrera lo avala, de intérprete comprometido con la música contemporánea, y lo demostró asegurando un satisfactorio estreno de Sogni ed epifanie. Un bagliore tra notti, de Benet Casablancas, obra encargo en su segunda temporada como compositor en residencia del Auditori.

Ono se toma muy en serio el estreno de una partitura, y eso lo agradecen mucho sus autores. De hecho, Casablancas pudo sacarse la espina de su anterior estreno, en noviembre, que fue despachado con una lectura de puro trámite. Ono, en cambio, hizo música, buena música, cuidando los recursos de una orquestación que envuelve con sutiles colores los sueños, misterios y exorcismos de la noche; Casablancas se inspira en el pensamiento poético de Rafael Argullol para crear paisajes contemplativos de gran belleza -el uso de la celesta, el piano y la percusión brinda sugerentes texturas- en los que cobran fuerza pasajes de gran agitación dramática. La OBC resolvió bien la obra, muy concentrada y pendiente de las indicaciones de su próximo jefe.

OBC

Hilary Hahn, violín. Kazushi Ono, director. Obras de Casablancas, Brahms y Rachmáninov. Auditori, 30 de enero.

Tras el estreno, la famosa violinista estadounidense Hilary Hahn se adueñó del escenario como solista del Concierto en re mayor, op 77, de Johannes Brahms. Si en su anterior actuación con la OBC, hace cuatro años, tocó un poco conocido concierto de Gian Carlo Menotti, Hahn ha escogido para su regreso una de las joyas absolutas del repertorio. Y nos dejó con la boca abierta. Nada escapa a su control y resuelve cualquier escollo con técnica y afinación perfectas. Encima lo hace sin perder la calma, con apabullante dominio, sonido de extraordinaria pureza y vibrante comunión con la orquesta y el director. Sin duda, la mejor solista en lo que llevamos de temporada.

Probablemente fue en la Sinfonía núm. 2 de Serguei Rachmáninov donde los músicos de la OBC pudieron calibrar mejor el nivel de exigencia y rigor de su nuevo titular. No hay varitas mágicas y los puntos débiles de la plantilla exigen picar aún mucha piedra, pero con la experiencia y claridad de ideas de Ono y la buena disposición de los músicos, el resultado apunta hacia un futuro esperanzador. Sonó bien Rachmaninov en una lectura bien planificada que hizo brillar el alma romántica y profundamente rusa de Rachmáninov sin caer en sentimentalismos.