Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra

Fiesta orquestal para despedir el año

Interesante debut del director noruego Eivind Gullberg Jensen al frente de la OBC, que abrió el programa con 'Preludis de l’amic absent' del compositor catalán Ricard Lamote

Último concierto del año de la OBC, antes de Navidades, con el interesante debut del director noruego Eivind Gullberg Jensen, que abrió el programa con la recuperación de los Preludis de l’amic absent, olvidada y muy significativa partitura del compositor catalán Ricard Lamote de Grignon. Música de hondo lirismo, escrita originalmente para piano en 1935 y orquestada meses después con maestría, nació como respuesta emocional al encarcelamiento de su amigo Ventura Gassol, consejero de Cultura de la Generalitat, por su participación en la declaración del Estado catalán.

OBC. EMMANUEL PAHUD

Eivind Gullberg Jensen, director.
Obras de Ricard Lamote de Grignon, Nielsen y Strauss.
Auditori de Barcelona, 21 de diciembre

En su imponente versión orquestal, la obra adquiere gran fuerza expresiva, pero, tras su estreno en el Liceo, el 19 de marzo de 1936, cayó en el olvido interesado de una dictadura que fue implacable con Lamote de Grignon y prohibió su música durante años. Cuesta entender, no obstante, tantos años de retraso en su recuperación; no andamos sobrados de obras tan bien orquestadas, y dejarlas olvidadas en un cajón resulta imperdonable. Podría haberle sacado más partido Gullberg Jensen, que dirigió esta partitura con más oficio que comprensión real de su valor expresivo e histórico.

El flautista francés Emmanuel Pahud, solista de la Filarmónica de Berlín, entusiasmó con una deslumbrante interpretación del Concierto para flauta del danés Carl Nielsen. La obra, de texturas ligeras y elegante melodismo, está llena de ingeniosos hallazgos que Pahud recreó con técnica fabulosa y bella sonoridad. No dura mucho, así que, para compensar, ofrecieron como propina un arreglo para flauta y orquesta del aria de Lensky de la ópera Eugen Onegin, de Chaikovski; ópera sin palabras, pero con la emoción del canto a través de la flauta.

Hubo más Nielsen en la segunda parte, una selección de marchas y danzas de la música incidental de Alladdin, op 34, que impactó por su exuberante orquestación y su fino exotismo oriental. Música poco conocida, pero fascinante —una prueba más de que no hace falta limitarse a los clásicos populares para crear afición—, que la OBC tocó muy bien bajo la inspirada batuta invitada. La fiesta sinfónica continuó con el encanto vienés y las opulentas texturas de la suite de la ópera El caballero de la rosa, de Richard Strauss y acabó con dos arreglos de El noi de la mare y Fum, fum, fum como regalo navideño que el público agradeció con generosidad.