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Radulović hace corto un largo programa

La Sinfónica estrena 'Desde el fondo del espejo', obra ganadora del Premio Andrés Gaos 2013

Un momento del concierto.
Un momento del concierto.

La Orquesta Sinfónica de Galicia, dirigida por Michal Nezterowicz, ha celebrado dos conciertos esta semana, el jueves en el Teatro Jofre de Ferrol y el viernes en el concierto de abono del Palacio de la Ópera de A Coruña. En sus atriles, dos obras concertantes para violín –Poème, op 25 de Ernest Chausson, y Tzigane, rapsodia de concierto para violín y orquesta, de Maurice Ravel-, en las que la orquesta gallega acompañó a Nemanja Radulović (Serbia, 1985); el estreno absoluto de Desde el fondo del espejo, de Xavier Pagès y Corella -obra ganadora del Premio de Composición Andrés Gaos de la Deputación da Coruña-, y las Variaciones Enigma, op. 36 de Edward Elgar.

El programa –que, por su extensión, pudo recordar a algunos los tiempos de la anterior dirección artística- pasó como en un abrir y cerrar de ojos por obra y gracia de Radulović. De los serenos acordes orquestales que dan inicio a Poème y precedido por los breves y muy acertados solos de oboe y flauta, surgieron los primeros temas del violín solista con una hermosa quietud. El vigor interpretativo del serbio convirtió su final en pasión apenas sostenida.

Radulović dio rienda suelta a su carácter en Tzigane, esa especie de cadenza final de concierto, a la que imprimió desde su comienzo toda la fuerza étnica de unas notas que recorren la partitura raveliana como las células sanguíneas lo hacen por las arterias de un organismo, oxigenando y vivificando todos sus tejidos. Lo hizo con la facilidad de una técnica prodigiosa, sí, pero sobre todo con la naturalidad de quien siente esa música como algo consustancial a su propio ser y sentir.

Y si la técnica lucía esplendorosa en escalas vertiginosas, limpísimos pizzicati de ambas manos o un ricochet y unos arpegios deslumbrantes, el sentimiento que imprimió a la obra fue como una descarga que hizo mover a su electrizante ritmo los pies, las cabezas y las manos del auditorio. Algo en nada distinto a lo que hizo el propio intérprete- si bien fue de forma bastante más adecuada en la obra de Ravel que en la más calma de Chausson. La ovación y aclamaciones del numeroso público que prácticamente llenaba el Palacio de la Ópera fueron premiadas con una propina de elaboración propia sobre los Capricci nº 24 y 5 de Niccolò Paganini que terminó por incendiar el ambiente del Palacio de la Ópera. En el acompañamiento de la Sinfónica, totalmente adecuado al carácter de cada obra, destacó también el arpa de Céline Landelle.

Desde el fondo del espejo es la obra ganadora del Premio Andrés Gaos 2013. Aunque habría que escucharla más veces para una apreciación más aquilatada, como ocurre en muchas obras de estreno, se aprecia en ella un correcto dominio de la orquesta como instrumento, por encima incluso de la adecuación a alguno de los que la componen. Un tema cantado por la flauta es su hilo conductor y es expuesto con ciertas variaciones por las distintas secciones y solistas de la orquesta, dándoles ocasión de lucimiento (soberbio Jon Etterbeek al trombón por fraseo y redondez de sonido). Su uso de secciones y solistas es un trabajo bien ordenado pero resulta algo reiterativo, al menos en una primera audición.

El empaste de cuerdas y el timbre de las maderas en el tema que estructura las Variaciones Enigma de Elgar fueron la evidencia del buen conocimiento de la obra por orquesta y director. Buena muestra de ello fue la adecuada exposición de los distintos caracteres de cada variación desde la calma inicial y la vivacidad de la II Variación (H.D.S-P). Fue muy emotivo el sentimiento con que se interpretó Nimrod, ese adagio de hondura tan insondable como las aguas de un lago bien profundo, pero lleno de destellos de brillante luminosidad por la intervención de los metales en el gran tutti que precede a su calmo final. La vivacidad de la Variación XI (G.R.S.), el sentimiento del chelo de David Ethève en la XII (B.G.N.) y la densa brillantez, casi brahmsiana, de la variación final, XIV (E.D.U.) redondearon un concierto que estuvo a la exigente altura media que está alcanzando esta temporada la Orquesta Sinfónica de Galicia.