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OPINIÓN

La humanidad del doctor Badia

Un maestro excepcional, que había de retornar la dignidad y el crédito académico a la filología catalana

Las últimas veces que lo vi, cuando coincidíamos en las sesiones plenarias del Institut d’Estudis Catalans, el doctor Badia andaba muy despacio, medio encorvado, con aquella figura suya larga y delgada, progresivamente consumido por la fatiga y por los años. Pero su voz amable de hombre siempre atento no se había alterado y sus ojos inteligentes y vivos eran los de siempre. Ha desaparecido a los 94 años, y con él desaparece uno de los últimos sabios clásicos, uno de los últimos grandes representantes de las humanidades, como Joan Coromines o como el padre Miquel Batllori, que he tenido la fortuna y el privilegio de conocer.

Antoni Badia i Margarit había nacido en 1920 en Barcelona, en una casa donde, como recordaba él mismo, había “miles de libros”, incluidos los clásicos catalanes, los griegos y los latinos de la Bernat Metge. En un resumen de su vida escribía: “Mis años de bachillerato coincidieron con los de la II República y la autonomía de Cataluña. No hace falta señalar que vibré con todo el entusiasmo de que era capaz, al unísono con aquella luna de miel de un pueblo que, después de más de 30 años de expectación activa y esforzada, veía reconocidas una buena parte de sus posibilidades de realización. Pero ya se sabe que las cosas buenas no duran. En 1939, el gran castillo de ilusiones se hundió. Pasamos de la construcción de un país y una cultura a su destrucción. Y a mí me correspondió ser testigo impávido, aunque todavía no comprometido formalmente, de la hecatombe. No obstante, desde entonces me sentí preso de un compromiso profundo, que enlazaba con la orientación de mi vida antes de la Guerra Civil: la lengua y la cultura catalanas. Pero el camino sería largo y penoso”.

El largo camino de un maestro excepcional, que había de retornar la dignidad y el crédito académico a la filología catalana y había de salvar su continuidad académica y desarrollo científico bajo el franquismo. Inicialmente, desde 1948, como catedrático de Gramática Histórica de la Lengua Española, y mucho más tarde también de Gramática Histórica Catalana, hasta sus años duros y difíciles de rector de la Universidad de Barcelona, entre 1978 y 1986. I desde el principio, el doctor Badia mantuvo una relación siempre cordial con los colegas valencianos, empezando por su amigo Manuel Sanchis Guarner.

No es este el lugar para detallar sus libros y trabajos, innombrables en los campos de la ligüística histórica , la teoría gramatical, la lingüística estructural y comparativa, la dialectología o la sociolingüística. Ni sus doctorados honoris causa, desde Alicante hasta Slazburgo, o de sus premios y honores. Solo recordar con gratitud que maestros como él, humanísimos y humanistas, aparecen muy pocos cada siglo, en cada país y en cada disciplina.

Joan Francesc Mira es escritor.