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Cataluña reivindica a su principal pintor barroco, Antoni Viladomat

El artista del Tricentenario protagoniza cinco exposiciones en cuatro ciudades

'Pastors fumant' (1720-1755), de Antoni Viladomat. Ampliar foto
'Pastors fumant' (1720-1755), de Antoni Viladomat.

Fue el máximo exponente del barroco catalán y en su época gozó de una inmensa popularidad, pero su estela fue decayendo hasta que su obra se olvidó casi completamente. Ahora, tras cinco años de trabajos y pesquisas documentales, Cataluña aprovecha las celebraciones del Tricentenario para reivindicar la figura de Antoni Viladomat (Barcelona, 1678 - 1755) con cinco exposiciones, que exploran todas las facetas de su trayectoria. "Son muestras complementarias, que tienen también sentido de forma autónoma, si bien en conjunto ofrecen una visión prismática de este gran cronista de la Cataluña barroca", indicó el comisario del proyecto Francesc Miralpeix.

Según Pepe Serra, director del Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC), el proyecto, que se despliega en cinco centros de cuatro ciudades, resulta modélico de un trabajo en red, que desde el buque insignia de los museos catalanes se quiere promover cada vez más. El MNAC participa con La obra gráfica de un precursor, una muestra pequeña, pero muy reveladora, ya que reúne los primeros dibujos catalanes que se conservan, procedentes de la colección Casellas. “Antes de Viladomat los dibujos de los pintores prácticamente no se guardaban, tan sólo tenemos algunos de escultores”, aseguró Miralpeix, que definió a Viladomat como un artista completo y heterogéneo, con un importante taller y una concepción moderna del trabajo que desarrollaba en dos vertientes: los encargos y las obras para vender en la tienda.

Su especialidad era la pintura religiosa pero también hizo bodegón y paisaje

El comisario ha elegido un centenar de piezas, es decir un tercio de las 280 pinturas y 40 dibujos que se conservan, aunque se sabe con seguridad que muchas han sido destruidas en saqueos e incendios o siguen perdidas. Dado que la mitad de las obras seleccionadas son inéditas para el público, más que de un redescubrimiento se trata de un descubrimiento en toda regla.

El sábado el Museo de Arte de Girona dará inicio al día inaugural con la apertura de El hombre, el artista, la obra, un recorrido por las claves del éxito de Viladomat, a través de un conjunto de objetos (sellos, monografías, dedicatorias y otras memorias de diferentes generaciones) y una selección de sus mejores telas en todos los géneros que tocó, incluido el Autorretrato recientemente hallado en el fondo del MNAC. "Su especialidad era la pintura religiosa, pero cuando la burguesía barcelonesa empezó a demandar temáticas más desenfadadas, se dedicó al bodegón, las escenas costumbristas, los paisajes y las alegorías, con la misma eficacia y talento", afirmó el comisario.

La vertiente pedagógica de Viladomat, protagonista de El relato pintado, la muestra del Museo de Lleida, se plasma en el ciclo de la vida de San Francisco, quizás su conjunto más célebre.

En la ciudad de Lleida se mostrarán su 'Sant Sopar' y Santa Quitèria

Sin embargo las estrellas de la exposición leridana son dos pinturas recientemente restauradas, que habitualmente cuelgan en el convento de clausura de las Carmelitas Descalzas; una de sus telas más grandes, el Sant Sopar y una representación de Santa Quitèria,</CF> importante por la vista inédita de la Lleida del siglo XVIII en el fondo.

El Museo de Mataró, que en 1990 organizó la primera muestra de Viladomat, centra su propuesta en el conjunto de los Dolores de la Iglesia de Santa María, que participa con su Museo Archivo. Las decoraciones de esta capilla, empezadas por Joan Gallart, que murió inesperadamente en el asedio de Barcelona, le reportaron gran fama y prestigio, así como los veinte lienzos que decoraban las capillas de la iglesia de los Jesuitas de Barcelona, completamente destruida en 1936.

"Desde 1730 y hasta su muerte, el estilo de Viladomat evolucionó significativamente. Sus óleos se volvieron más luminosos y su paleta más heterogénea, aunque no abandonó nunca los modelos de referencia de la pintura barroca italiana", concluyó Miralpeix, que con motivo del múltiple evento publica la primera gran monografía razonada del pintor.