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Una iglesia con cripta pero sin licencia

Una parroquia de Carabanchel planea hacer 230 nichos subterráneos pese a la oposición vecinal

El templo lleva 10 años abierto sin permiso de funcionamiento

La parroquia católica de Santa Catalina Labouré planea construir en el distrito de Carabanchel una capilla ajardinada con una cripta subterránea, lo que ha levantado en armas a los vecinos, que han convocado una protesta el sábado. Pero, según la documentación consultada por EL PAÍS, la iglesia carece de licencia de funcionamiento, precisamente porque la parcela donde planea realizar esas obras debería haberla reservado para aparcamiento, como se comprometió a hacer con el Ayuntamiento. Ahora se halla inmersa en trámites administrativos para evitar su cierre fulminante.

La parroquia, de la institución católica Camino Neocatecumenal (popularmente, los kikos) y ubicada en el número 20 de la calle del Arroyo Opañel, explicó sus planes en una revista editada en marzo.

Su intención es “confrontar” el “viraje escéptico que ha tomado la muerte”, “por ejemplo con la incineración”, mediante la construcción de una capilla y cripta “dedicadas a las Almas del Purgatorio”. A nivel de calle se levantará la capilla, de 46 metros cuadrados, rodeada de una zona ajardinada, “símbolo del Edén y del Gólgota”, con “los árboles de la Biblia” y un estanque. Debajo, una cripta (dividida en cinco espacios independientes) de 517 metros y capacidad para 230 nichos horizontales; y dos “salones de celebración” de 300 metros cuadrados con aforo para 280 personas, en los que “dar descanso” y servir ágapes a los asistentes al velatorio. Y, en un tercer nivel subterráneo, un aparcamiento de 78 plazas, que “le viene muy bien al barrio”. El alquiler de plazas servirá “solo para cubrir gastos de luz, calefacción y mantenimiento de los jardines”, según la iglesia, que pretende financiarse el proyecto “con los donativos de los nichos”.

Esta actuación —que aún no ha empezado— supone la tercera fase de construcción de la parroquia y su culminación. Santa Catalina Labouré comenzó a levantarse en febrero de 1996 con la petición de licencia de obra para un centro parroquial de 3.393 metros cuadrados y dos plantas de altura, con 26 plazas de aparcamiento ubicadas en la misma parcela. En 1999, el proyecto se divide en tres fases: primero se construye una capilla con sacristía, dos viviendas (una, un dúplex) y nueve plazas de aparcamiento.

En 2000, se pide la licencia de obras para la segunda fase: templo, tres capillas, campanario de 29 metros de alto y 15 plazas de aparcamiento. Una vez acabados los trabajos, la iglesia pide la licencia de primera ocupación y funcionamiento. En 2003, sin haberla obtenido, el arzobispo Antonio María Rouco Varela la inaugura.

En 2012, solicita permiso de obras para iniciar la tercera y última fase en el trozo sobrante de parcela, que en realidad no debería sobrar puesto que allí se comprometió a ubicar las plazas de aparcamiento previstas en las fases anteriores. Pero la parroquia decide destinar ese espacio mejor a una capilla ajardinada con cripta, y soterrar el aparcamiento.

En noviembre de 2013, el Ayuntamiento le deniega la licencia de primera ocupación y funcionamiento que había solicitado, precisamente por no haber hecho esas plazas de aparcamiento. La parroquia se halla ahora en trámites administrativos para sortear el cierre tras 10 años sin licencia.

La Comunidad de Madrid (PP) ha dado su plácet sanitario a la cripta, que cuenta sin embargo con la oposición de los vecinos, según informó la cadena SER.

El líder municipal de IU, Ángel Pérez, coincide con ellos en que Carabanchel tiene “cementerios suficientes” (seis) y lo que necesita son equipamientos deportivos. Y recuerda que la parcela fue cedida por el Ayuntamiento en 1993, en un intercambio de solares con Rouco Varela, para hacer un “centro destinado al culto” y no enterramientos.

El líder socialista, Jaime Lissavetzky, cree que “la ciudad y su espacio público debe ser un ejercicio de consenso entre vecinos y gobernantes”. “Los equipamientos deben responder a las necesidades reales de la ciudadanía, no a los privilegios de unos pocos”, añade el edil Gabriel Calles (PSM).

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