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La ola que se tragó a la familia Bedoya

Recuperado el cadáver de uno de los tres desaparecidos el pasado lunes en A Coruña

Continúan las labores de rastreo para localizar a un hombre y su hija engullidos por el mar

Dos personas se asoman al acantilado de Punta Langosteira (A Coruña), en el que una ola se tragó el lunes a tres personas.
Dos personas se asoman al acantilado de Punta Langosteira (A Coruña), en el que una ola se tragó el lunes a tres personas. EFE

El día de Reyes terminó en tragedia para la familia Bedoya. A media tarde, Juan Bedoya, su hija Patricia y Rodrigo Pena, tío de esta, decidieron dar un paseo hasta los acantilados de Meirás (A Coruña) para rememorar juntos al padre de Juan, que había fallecido hace un mes, y velar por él en el mismo lugar en el que habían arrojado días atrás sus cenizas.

Formaban parte de un grupo numeroso, y algunos se orillaron más que otros. El mar rugía inmenso, con el litoral gallego en alerta máxima y olas que sobrepasaron los 12 metros de altura con la última marea del día. De repente, una ola los sorprendió cuando ya anochecía junto al faro de A Frouxeira, situado en el borde de un acantilado vertical que se yergue unos 70 metros sobre el nivel del mar.

El primer golpe de mar los dejó noqueados y una segunda ola, que llegó sin darles tiempo para reaccionar, se llevó a cuatro de ellos de forma fulminante, en cuestión de segundos, ante la impotencia del resto de los componentes del grupo, según relataron algunos testigos a sus allegados.

Tres personas fueron arrastradas al agua: Juan Bedoya, de 50 años; su hija Patricia, de 25; y su cuñado, Rodrigo Pena. Solo una mujer, Noelia D. F., de 35 años, logró asirse a las rocas y escapar de la resaca de una poderosa onda que barrió con furia la explanada del faro.

“Todo el pueblo de Valdoviño está consternado”, afirma el alcalde

Pasaban unos 40 minutos de las seis de la tarde del lunes cuando comenzó una búsqueda que ayer todavía no había concluido, en medio de uno de los peores temporales marítimos de los muchos que han azotado la costa de Galicia en los últimos meses con el encadenamiento de borrascas.

El martes de madrugada, el mar expulsó el cadáver de uno de los tres desaparecidos, que fue identificado como Rodrigo Pena, de 67 años, antiguo representante de bodegas y distribuidor de vinos en Ferrolerra. Un hombre muy conocido en la comarca. Las corrientes marinas lo depositaron en la playa de A Frouxeira, unos metros al norte del lugar en el que se lo había tragado el Atlántico. Una patrulla de la Guardia Civil, que formaba el retén nocturno, lo encontró a la 1.35 tendido en la arena, al borde del mar.

Desde primera hora de la mañana del martes, tres helicópteros —Helimer 202 (Sasemar), Pesca 2 (Xunta de Galicia) y una aeronave del instituto armado— se turnaron para sobrevolar durante toda la jornada la costa de Valdoviño en busca del padre y la hija, en una operación coordinada desde Salvamento Marítimo en A Coruña. A este dispositivo se sumaron unas 40 personas desde tierra, entre bomberos —los del turno de guardia y otros que se sumaron de forma voluntaria a los rastreos—, agentes de la Guardia Civil y de la policía y efectivos de Protección Civil y Cruz Roja en la comarca ferrolana.

El mar de fondo de la mañana de ayer, con olas de seis a ocho metros, impidió trabajar a los barcos de rescate, y la búsqueda se concentró en los acantilados de Meirás a Cedeira, ampliando el radio hasta el litoral de Pantín, O Baleo y Villarrube, cerca de Cedeira, donde desembocan las corrientes subacuáticas. La búsqueda de los dos desaparecidos fue suspendida con la caída del sol, y se retomará de nuevo hoy. La tragedia de Meirás ha conmocionado al municipio de Valdoviño (6.857 habitantes), que vive de frente al mar, tanto que levantaron una ermita blanca casi flotando entre las rocas, en el Porto, de la que muchos vecinos son devotos.

Las víctimas fueron engullidas donde tiraron las cenizas de un familiar

Los dos desparecidos, padre e hija, también conocían bien la costa y sus recodos. Vivían en el lugar de O Canto do Muro, en la parroquia de San Vicente, y Juan regentaba el negocio familiar, Casa Félix, una carnicería que ya atendía su padre antes que él. La hija había empezado a trabajar a primeros de noviembre en la parafarmacia del Carrefour, en el nuevo centro comercial de O Boial, en Ferrol.

La otra mujer, única de los cuatro que fue rescatada con vida, recibió el alta en el hospital ferrolano al que llegó en ambulancia con cortes y contusiones múltiples el lunes, el mismo día en el que se produjo la tragedia. El faro donde fueron sorprendidos por la ola es un paraje muy popular en la comarca ferrolana por su atractivo turístico y su fotogenia. Es una torre moderna que se remodeló en 2008 y se asienta sobre un saliente escarpado que domina las playas del Río y A Frouxeira en un tramo salvaje del litoral, libre de construcciones, rico en crustáceos y muy castigado por el oleaje, incluso con el mar en calma. “Todo Valdoviño está consternado”, resumió el alcalde de la localidad, José Antonio Vigo, del PP, que ha decretado dos días de luto oficial en señal de duelo por la tragedia. Las banderas del Consistorio ondeaban ayer a media asta en señal de duelo.

“Tuvo que ser una gran imprudencia”, añaden otros vecinos, que no acaban de creerse cómo la ola pudo escalar una pared de roca tan alta y vertical para sorprender a una familia que no era ajena a las traiciones del mar.

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