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Feijóo: “Lo sustancial de la Autonomía del bienestar está intacto”

“Europa, España y Galicia salen poco a poco de su convalecencia”, sostiene el presidente gallego en su discurso de fin de año.

Acusa a Cataluña de "crear grietas artificiales y agravios fantasmagóficos"

Feijóo, durante el discurso grabado en el Centro de Transfusión de Galicia.
Feijóo, durante el discurso grabado en el Centro de Transfusión de Galicia.

Desde el Centro de Transfusión de Galicia -“como un modo de rendir homenaje a todos los que demostraron que el nuestro es un pueblo solidario y unido” acudiendo en masa a donar tras el accidente de Angrois- y con introducción músical de Carlos Núñez, pronunció el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, su habitual mensaje de final de año. Nueve minutos escasos de alocución que pronunció de pie junto a un cartel que promociona la donación de sangre y que arrancó con un recordatorio a las víctimas del Alvia y a sus familiares. Su último discurso de 2013 invocó la memoria de nuestros mayores para “recordar que ningún tiempo pasado fue mejor” pero reconoció que “quien tiene responsabilidades políticas no puede inaugurar los dramas que están alrededor ni engañar a la gente afirmando que las soluciones son fáciles, no lo son”.

En el mensaje que ha sido retransmitido este mediodía por los medios de comunicación públicos y privados, Feijóo recuperó su habitual metáfora del padre de familia “que no puede negar tercamente los problemas ni posponer de forma temeraria las soluciones”. Solo unas horas después de que el Ministerio de Hacienda haya corregido a la Xunta y admitido que Galicia también ha recortado en políticas sociales, el presidente se felicitó por que “lo sustancial de la Autonomía del Bienestar esté intacto”. “Todos los gallegos pueden tener plena confianza en la solvencia y la continuidad de los servicios públicos”. Como ejemplo, citó el propio escenario de su mensaje, el centro de transfusión de sangre que ya celebra sus veinte años de vida.

No cupieron en el mensaje que cierra 2012 críticas alguna al Gobierno de Mariano Rajoy –como las que deslizó el presidente de Extremadura, José Antonio Monago, contra la ley del aborto en una intervención similiar- pero sí una durísima crítica a Cataluña cuyo modelo contrapuso al de Galicia. "Nuestro país ofrece una estabilidad social y política que contrasta con aventuras que llevan a otras comunidades a la división y la incertidumbre. Para nuestra idiosincrasia, no es fácil entender que las instituciones sirvan para crear grietas artificiales, agravios fantasmagóricos y objetivos imposibles. Crear frustración no es el objetivo de la política democrática. Generar identidades excluyentes conduce a enfrentamientos que pueden tardar en cicatrizar. Frente a ese modelo convulso, los gallegos seguimos otro tranquilo. Nuestra identidad es tan fuerte como cualquiera pero no precisa inventar enemigos, ni levantar fronteras ni fomentar el aislamiento. Vemos en España una patria común y solidaria, y en Europa un marco de convivencia compartido. No recelamos de los vecinos sino que siempre vemos en ellos aliados con los que unir esfuerzos. Galicia, en definitiva, es responsable y fiable”.

Ese es el motivo, según el presidente, de que la petrolera mexicana Pemex adquiriese el astillero vigués de Barreras por cinco millones de euros y de que Banesco se hiciera con Novagalicia Banco tras invertir 1.000 de los 9.000 millones que el Gobierno central inyectó a la entidad para rescatarla tras la fallida fusión de las cajas.

Que multinacionales extranejeras se hayan quedado con empresas estratégicas de la comunidad lo considera el presidente una muestra de que aquí se están haciendo las cosas bien y de que "Galicia es una de las comunidades más atractivas para inversiones foráneas". Feijóo lo destacó (sin mencionar expresamente a Pemex ni a Banesco): “que buena parte de esos capitales proceda de naciones donde nuestra gente sembró un prestigio que pocos pueblos tienen”. “Saben como somos y creen en nosotros y nuestras capacidades” […] “Ese reconocimiento internacional certifica que la sociedad gallega está haciendo bien las cosas”.

A diferencia de años anteriores, el presidente no se dirigió expresamente a los desempleados (“quiero que sepan que están presentes en todas y cada una de las decisiones que el Gobierno adopta”, dijo en 2012), ni a la situación desesperada del sector naval que sigue esperando unos pedidos de barcos garantizados por él propio Feijóo hace año y medio y que Pemex sigue demorando, pero sí quiso insistir en que Galicia está hoy mejor que cuando él PP llegó al poder en 2009: “Negar que se vislumbra un nuevo horizonte es abonarse a un pesimismo que en nada ayuda a reiniciar la senda del crecimiento. Europa, España y Galicia están saliendo poco a poco de su convalecencia. Hay que decirlo con tanta prudencia como convicción”.