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La palabra está de fiesta

El festival Poetas por kilómetro se traslada a Conde Duque y presenta un programa amplio con varias actuaciones al mismo tiempo, bar y editoriales independientes que luchan por sacar adelante la poesía

De izquierda a derecha, Leo Maslíah, María Eloy-García, Lalo Barrubia, Batania y Carles Santos, participantes en Poetas por kilómetro. Ampliar foto
De izquierda a derecha, Leo Maslíah, María Eloy-García, Lalo Barrubia, Batania y Carles Santos, participantes en Poetas por kilómetro.

Más que un festival de poesía, este es un festival poético, o un poético festival, como a sus organizadores les gusta llamarlo. En cada una de sus nueve ediciones ha luchado por demostrar (y lo ha conseguido) que lo poético no está solo en el poema, y mucho menos en el poema impreso en tinta sobre papel, sino que lo poético vuela y se posa donde quiere, o donde puede. ¿Qué es lo poético, pues? Probablemente cada uno tenga una respuesta y, al mismo tiempo, nadie lo sepa a ciencia cierta. En 2013 el festival Poetas por kilómetro, que se inauguró anoche en el centro cultural Conde Duque y dura hasta mañana, tendrá poesía hecha voz, música, humor, cine, talleres infantiles, feria de publicaciones, entre muchas otras cosas. Tal vez lo poético sea, al final, esa cosa inefable que ustedes encontrarán como nexo común de todas estas actividades. Ese no-sé-qué que nos toca las vísceras con el dedo.

Como cada año, un grupo de intrépidos poetas españoles (Marçal Font, María Eloy-García, Josep Pedrals y Rafael Sarabia) cruzó el charco y se plantó en agosto en un país latinoamericano, en este caso Guatemala, a distribuir su poesía. Ahora algunos poetas de allí vienen acá con la misma misión: Alan Mills, Leo Maslíah, Lalo Barrubia y también el premio Pulitzer estadounidense Mark Strand.

Pero el festival ha dado un salto notable en el último año: el cambio de Casa América a Conde Duque le ha permitido programar en varios espacios, de modo que hay actuaciones que se solapan: “Nos inspiramos en los festivales de música con varios escenarios donde la gente se mueve libremente”, explica Pepe Olona de Arrebato Libros, organizador del festival. También se amplía cada vez más el concepto: hay nombres como Faemino y Cansado o Miguel Noguera, que, a priori, no consideraríamos poetas. “Nosotros sí los consideramos, al menos desde la perspectiva de nuestro festival, porque trabajan con la palabra”, dice Olona, “tratamos de entremezclar cosas diferentes para que el público de ciertos estilos tenga la oportunidad de conocer otros”.

Palabra y música: Ana Curra (ex-Pegamoides y ex-Parálisis Permanente), inauguró anoche el festival; también actuó el músico, poeta, escritor y performer Carles Santos. “A lo mejor la palabra poesía está un poco gastada y tendríamos que tener una alternativa para referirnos a esto”, dice Santos, “es fácil, por ejemplo, ligar la poesía con el piano. Cuando lees poesía también estás haciendo música con la palabra, incluso cuando mantienes una conversación. De hecho, cuando hablas, cantas”. La música también la pondrán Hyperpotamus, Juan Abarca, los disc jockeys Pedro Papel y Surrealie, o Leo Maslíah. Este último actuará al piano y, aunque ha escrito poesía, “la mayor parte de mi trabajo consiste en canciones con letra y música. Salvo en el caso de las canciones cuyos textos son en prosa (que de todas maneras cobran cierta dimensión poética al ser musicalizada), el resto también es poesía, aunque no solamente eso. Como el mar es espuma pero no solamente espuma, y no se pueda considerar o estudiar mucho la espuma del mar si no se conoce el agua, el aire, un alga, un cangrejito”.

María Eloy-García se estrena en esto de mezclar poesía y música: “Mi poesía ha ido desde la ironía, cuando el mundo me parecía más amable, hasta cierta violencia y desasosiego, que es lo que quiero expresar ahora y para lo que utilizo un abrigo musical. Es que el mundo me cae fatal… o será la crisis de los cuarenta”. En cambio, el poeta Batania, aficionado a llenar de poesía los muros de la ciudad, se valdrá solo de su voz y sus versos político-sociales en su recital: “Yo siempre he prescindido de otros elementos, porque creo que la poesía es suficientemente espectacular. Hace miles de años se empezaron a contar historias en torno a una hoguera: basta el poder de la palabra”.

Más cosas: el cine tendrá su lugar por primera vez con una selección de piezas poético-cinematográficas del ZEBRA Poetry Film Festival de Berlín. El colectivo Basurama ha intervenido en el espacio con sus materiales reciclados. Escucharemos los poemas de Javier Gallego Crudo, Ángela Segovia o Jesús Ge, y también una selección de la antología de joven poesía estadounidense Vomit. Y, como cada año, tendrá lugar una Feria de Publicaciones, con alrededor de 50 editoriales independientes que luchan por sacar adelante la poesía. Hasta disfrutaremos de un bar (suponemos que también poético), con cerveza artesanal y cosas ricas de comer. Así que la palabra está de fiesta.

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