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El PP abandona a Blasco a su suerte

El exconsejero se convierte en diputado no adscrito al ver perdida la batalla

Fabra evita la imagen de división del Grupo Popular pese a la tensión interna

Alberto Fabra, entre el consejero Máximo Buch y el presidente de la Cámara de Alicante, Enrique Garrigós, este martes.
Alberto Fabra, entre el consejero Máximo Buch y el presidente de la Cámara de Alicante, Enrique Garrigós, este martes.

El presidente valenciano, Alberto Fabra, atajó ayer la crisis abierta en su partido al lograr que el exconsejero Rafael Blasco, procesado por corrupción, pidiera voluntariamente la salida del Grupo Popular en las Cortes Valencianas. Blasco es desde ayer diputado no adscrito. Una condición que lo aparta definitivamente del PP y lo condena al ostracismo tras el pulso de varias semanas que ha mantenido con Fabra.

Blasco, que está procesado por varios delitos relacionados con el desvío de fondos de cooperación destinados al Tercer Mundo, fue suspendido el pasado sábado de militancia e inhabilitado para desempeñar cargos públicos por parte de la dirección regional del PP. El motivo no está en los 11 años de prisión y 31 de inhabilitación que reclama para él la Abogacía de la Generalitat, sino en unas declaraciones efectuadas a 13 TV en las que señalaba que Fabra estaba detrás de la citada petición de prisión y acusaba a los miembros de la dirección regional del PP de “melindres”.

Tras la suspensión de militancia el pasado sábado, Blasco decidió mantener el pulso para evidenciar la división existente en el Grupo Popular, hasta el punto de que obligó al portavoz parlamentario, Jorge Bellver, a convocar una reunión urgente y extraordinaria para votar la expulsión forzosa del exportavoz y exconsejero.

Poco margen de maniobra

A. B. / J. F.

Aunque “dolido”, Blasco dijo sentirse aún “representado” por el partido que le ha expulsado y le anunció ayer a su ya exportavoz que pretende votar como lo haga el Grupo Popular. La verdad es que su voto carecerá de trascendencia (el PP mantiene una mayoría de 54 escaños) y su margen de maniobra será muy reducido. En las Cortes existe teóricamente la posibilidad de un grupo mixto, pero solo podrían acceder a él los parlamentarios elegidos en listas que no hubieran alcanzado la cifra mínima de tres componentes, algo improbable cuando se exige el 5% de los votos para lograr representación.

El PP quedó escaldado en 2005 con la marcha de Francisco Javier Tomás al grupo ultra Coalición Valenciana. Entonces calificó de “práctica fraudulenta de transfuguismo” que su exdiputado se presentara como portavoz de un Grupo Mixto cuyo único componente era él y propició la modificación del Reglamento de la Cámara a finales de 2006. Se introdujo la figura del diputado no adscrito, que no tiene grupo y goza solo de los derechos de “los diputados individualmente considerados”. Es, además, la Mesa, “oída la Junta de Síndics”, la que decide su intervención en los plenos.

Blasco no podrá debatir con el jefe del Consell, pero sí preguntar a los consejeros. Con ocasión de la ruptura de Compromís pel País Valencià en 2008, se permitió la creación de una Agrupación de Diputados no Adscritos, en la que se integraron los tres parlamentarios de Esquerra Unida. Entonces se estableció que pudieran estar en una comisión, presentar preguntas y solicitudes de documentación. Blasco se sentará a partir de hoy en un escaño en la última fila del hemiciclo, tras los diputados de EU.

Finalmente, una conversación en la mañana de este martes entre el presidente provincial del PP, Alfonso Rus, y el propio Blasco fue decisiva para evitar la imagen de división. Tras el encuentro, Blasco aceptó solicitar a la Mesa de las Cortes su condición de diputado no adscrito y se reunió con el presidente de las Cortes, Juan Cotino, y el portavoz popular, Jorge Bellver, para comunicarles su decisión. El escrito fue recibido con alivio por la dirección regional del PP y por Presidencia de la Generalitat que anularon inmediatamente la reunión convocada en el Grupo Popular para expulsar a Blasco.

Fuentes de la dirección regional atribuyeron la salida de Blasco a que “todo el grupo parlamentario iba a votar en bloque la expulsión”, incluidos los ocho parlamentarios que están imputados en otras causas por corrupción. Según estas fuentes, el exconsejero fue consciente de su debilidad al saber que tampoco tenía el apoyo de Rus.

La dirección provincial del PP de Valencia aseguró que la iniciativa de desbloquear el conflicto había sido de Rus, que el día antes había anunciado que no participaría en la reunión del grupo parlamentario. Según estas fuentes, el presidente provincial —que mantiene una buena relación personal con Blasco— tomó cartas en el asunto para evitar la imagen de división que hubiese supuesto una votación sobre el diputado procesado. El presidente de la Diputación de Valencia, al que la dirección regional había ignorado en la gestión de la situación de Blasco, fue quien comunicó a Fabra que el exconsejero aceptaba salir voluntariamente del Grupo Popular.

La carta en la que Rafael Blasco pidió ser considerado diputado no adscrito es todo un alegato cargado de intencionalidad. El exconsejero alega “indefensión”, al afirmar que ni se le ha comunicado la resolución del Comité de Garantías del PP que lo inhabilita. Proclama la división del Grupo Popular, al señalar: “Hay compañeros que me han manifestado su decisión de no acudir e incluso algunos de asistir y votar en contra” de la expulsión. Y, finalmente, esgrime su voluntad de sacrificio para no perjudicar el proyecto político del PP. No sin antes advertir de que, si prospera su recurso ante el Comité de Garantías del PP y se revoca la sanción, volverá a solicitar su incorporación al Grupo Popular de las Cortes Valencianas.

Rus convence al exconsejero de no forzar la votación en las Cortes

La salida de Blasco fue recibida con satisfacción y alivio, de modo que desde el entorno de Fabra se optó por rebajar la tensión. “Es un gesto que le agradecemos y que le honra”, respondió el vicepresidente del Consell y presidente del PP en Alicante, José Ciscar.

El también portavoz del Consell no quiso desvelar si desde Presidencia se había mantenido alguna conversación con Blasco. “Ha mediado la reflexión. Se ha producido una reflexión del propio Rafael Blasco”, continuó Ciscar, “Siempre hemos pensado que él no ha querido perjudicar al Partido Popular, y ante lo que era inevitable, que era una expulsión, ha preferido dar el paso en un gesto que le agradecemos”.

La alcaldesa Rita Barberá, que acompañaba a Ciscar en un acto en Valencia, indicó: “Me sumo a cada una de las palabras del vicepresidente, pero también quiero señalar que en la actitud ha mediado una prioridad, y es el proyecto del PP y del grupo parlamentario”.

“Es un gesto que le agradecemos y que le honra”,afirma Ciscar

Ciscar no quiso comentar las consecuencias que tendrá la marcha del exconsejero en el Grupo Popular. “Se ha producido y ya está, lo importante es que empieza una nueva etapa. A Rafael Blasco le deseamos en los tribunales que le salgan las cosas como él espera y como todos deseamos. Es decir, que le salga bien. Tenemos que pasar página”. Respecto a la existencia de una fractura en el PP, Barberá, que el lunes guardó silenció al conocer la convocatoria de una reunión para expulsar a Blasco, se mostró locuaz e interrumpió a Ciscar. “La fractura real es la del PSPV”, señaló Barberá, antes de que Ciscar negase: “No hay ningún tipo de fractura en el grupo del PP. Y tampoco la iba a haber”.

Alberto Fabra, que visitó Alicante con el consejero de Industria, Máximo Buch, rechazó hablar de la situación: “Ya han hablado el vicepresidente y el portavoz, no tengo nada que añadir”.

Ahora, tras la salida de Blasco, Fabra deberá afrontar la apertura de juicio oral a dos diputadas y exconsejeras, procesadas en el caso Gürtel, a las que la fiscalía pide penas de cárcel e inhabilitación, respectivamente. El presidente valenciano ha reiterado en los últimos días que el de Blasco era un caso distinto.

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