Homenaje al bufón

El Día das Letras Galegas celebra la figura de Roberto Vidal Bolaño, el dramaturgo que retrató la Galicia contemporánea

Roberto Vidal Bolaño
Roberto Vidal BolañoXURXO LOBATO

“Se van a llenar la boca de rosas”, ironiza Roi Vidal, hijo de Roberto Vidal Bolaño (Santiago, 1950-2002) y la actriz Laura Ponte. El dramaturgo y músico de Ataque Escampe conoce la liturgia del Día das Letras y a los que la ofician este año. Ninguno se podría ofender personalmente a la manera del conselleiro de Cultura de 1984. Víctor Vázquez Portomeñe echó a Bolaño (RVB) de los escenarios durante ocho años, según su propio relato en Sen ir máis lonxe (1997), por opinar sobre la gestión del Centro Dramático que él mismo había inaugurado para el teatro gallego con Agasallo de sombras, aquella polémica desmitificación de Rosalía. Y sería injusto, con todo, personalizar en Portomeñe a los represores de RVB. “Digas lo que digas ahora”, matiza el hijo, “a los políticos profesionales todo les importa un pimiento”. Así pues, su biografía del padre, que publicará Edicións Positivas, saldrá después del verano. “Como después del 17 de mayo parece que acabó todo, será una manera de recordarlo”.

 El caso es que la Real Academia Galega decidió homenajear al mayor teatreiro gallego antes que a Carlos Casares, por ejemplo, justo el mismo día en que la Academia de Hollywood presentaba la copia restaurada de su película preferida, Centauros del desierto. Nadie lo esperaba y la decisión no es baladí, teniendo en cuenta las coordenadas del personaje, amante del cabreo público con los poderosos y la protesta —indignada, como le atribuye ahora Laura Ponte—, aunque incluyese a compañeros de oficio, y la situación de la escena en Galicia. Hoy se celebran algunas paradojas: el fundador de Antroido y Teatro do Aquí quiso vivir del teatro por la vía de dar ejemplo. Al principio era relativamente sencillo: “Bastaba con decirle a los ayuntamientos que no invitasen a cuchipandas, que pagasen la función y ya comerían ellos por el camino”, sintetiza Paco Macías, el responsable de Positivas.

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Treinta años después, consistorios como el de Gondomar no solo deciden no pagar a las compañías, que van a taquilla, sino que hasta cobran alquiler por los escenarios. Los montajes profesionales sobre obra de RVB, por otra parte son muy escasos, aunque el secretario general de Cultura, Anxo Lorenzo, haga la cuenta de las funciones para prometer “más de cien” en 2013. Entre lo conocido, Criaturas, de Teatro do Aquí, emplea al doble de actores (ocho) que los Días sen gloria que pudo estrenar el Centro Dramático, a falta de conocer las fechas de Touporroutou da lúa e do sol, el segundo montaje de RVB anunciado por la compañía pública para este año. También Espello Cóncavo recupera Anxeliños. Y Roi Vidal, Xavier Estévez y Laura Ponte resucitan Teatro Antroido para presentar en BailadELAS una miscelánea de los personajes femeninos de RVB. a través de seis textos.

Pese a todo, las ventajas de consagrar a RVB las Letras 2013 son evidentes en lo material. De entrada, se podrán leer las cerca de 40 piezas que escribió en vida, inencontrables en su mayoría. “No recuerdo una sola obra bien editada de Roberto”, sentencia Macías, que coedita junto con Xosé Manuel Fernández Castro, autor de A obra dramática de Roberto Vidal Bolaño (Laiovento, 2011) —la mejor aportación a este Ano Bolaño, un trabajo de más de una década publicado antes de saber del homenaje institucional— los primeros volúmenes de los seis que forman las Obras completas de Positivas.

No salva Macías ni su propia versión de Rastros, quizá el texto de RVB que mejor cuestiona a sus compañeros de viaje. El editor berciano pudo ver en la extinta Sala Nasa la primera y (casi) última representación de Rastros que montó, en 1998, Teatro do Aquí: “Le dije allí mismo que había que publicarla y la sacó del bolsillo en un burruño de papeles”. Aquello era una crítica avant la lettre de la cultura de la Transición difícil de asimilar, a la manera de su amigo Anxo Rei Ballesteros. RVB ponía un espejo delante de una generación, la suya, que una vez quiso matar a Franco y acabó trocando las utopías difíciles por las regalías del galleguismo doméstico. “Es por eso que la obra molesta, no porque haya un personaje del Exército Guerrilheiro do Povo Galego Ceibe”, opina Macías.

En ese montaje que protagonizó Patricia de Lorenzo también actuó Rubén Ruibal. Este último, Premio Nacional de Teatro, es uno de los integrantes —con Belén Quintáns, Roi Vidal, Camilo Franco, Fernández Castro, Macías y Antón Dobao— de la Asociación Cultural Roberto Vidal Bolaño, pensada para sobrevivir al Día das Letras y como futuro repositorio de materiales sobre RVB, incluyendo futuras relaciones con los Centros de Estudos Galegos para fomentar traducciones a otros idiomas. De momento se han presentado como colectivo en Cataluña y Portugal, con próxima parada en Suiza.

“Este tipo, Roberto, era un coñazo”, acota Ruibal. “Siempre hacía las cosas por algo”. Para el autor de Limpeza de sangue, blanquear la biografía de RVB, pese a los esfuerzos en el ámbito docente, podría acabar por convertirlo en un payaso a secas. “Y no es el caso; o no es solo ese. Además, a él le gustaba más la palabra bufón. Por algo sería”. También es curioso, para Ruibal, que “los responsables de llevar sus textos a escena este año, o sus protagonistas [la alusión es clara: Manuel Manquiña, protagonista de Días sen gloria] parece que tienen y tenían más bien poco que ver con su modo de pensar, de escribir y hacer teatro. También es cierto que los textos están tan bien construidos que resisten cualquier cafrada que se le pueda ocurrir a directores, actores y demás oficios del chollo este”.

Sobre el retrato de su país que dejó Roberto Vidal Bolaño, profundo conocedor de Valle-Inclán, debería florecer el consenso. En la subalternidad compleja del criado de Laudamuco, señor de ningures (Premio Abrente 1976), por ejemplo. O en Doentes, posible versión gallega de Luces de bohemia a partir del desalojo de los lisiados del Hospital Real de Santiago, futuro parador de lujo. “Cualquier novelista elegiría a los héroes. Vidal Bolaño escogió a los excluidos”. Paco Macías refresca Mar revolto, sobre el secuestro del buque Santa María en 1961, con mil personas a bordo, por revolucionarios gallegos y portugueses. “Él hace ese texto para personajes desgraciados y terribles. Nada de mitos como Henrique Galvão o Jorge de Soutomaior, sino un tísico portugués o un carterista de Santa Comba”.

Sobre la modernidad del autodidacta RVB como revisionista, la investigadora Helena Miguélez-Carballeira vuelve, como especialista en Rosalía, al primer montaje gallego del Centro Dramático. Dejando aparte las pacatas reacciones que suscitó Agasallo de sombras en 1984, quizás por dar una versión avanzada de su relación con Murguía, “ideas consideradas fruto del rosalianismo académico actual como la dimensión sociológica de la transformación de Rosalía en poeta nacional, la guerra de modelos para la naciente historiografía nacionalista gallega a finales del siglo XIX o la reclamación feminista de luz sobre el custodiado mundo privado de la autora, ya aparecían todas prefiguradas en la obra de Vidal Bolaño”.

Entre el tradicional aluvión de ensayos del Día das Letras, además de los señalados, Camilo Franco (Dez obras na vida de RVB, Biblos), Alfonso Becerra (RVB e o xogo do teatro, Laiovento), Roberto Pascual (RVB e os oficios do teatro, Xerais), Laura Tato (RVB, unha vida para o teatro, Toxosoutos) o Montse Penas (Un chapeu negro e un nariz de pallaso, Galaxia) añaden aparato crítico al estudio del dramaturgo que deseó para Galicia “un teatro que restituya a los ciudadanos el derecho a un lugar de encuentro en el que reflejarse, con el que puedan sentirse identificados y que lleguen a tener como propio”.

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