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El método Israel Galván

El bailaor imparte en Sevilla una clase magistral dentro de un ciclo por otras capitales españolas

Entre sus consejos, los movimientos en el baile "tienen que ser decididos"

Israel Galván, en un momento de la clase, hoy en Sevilla. Ampliar foto
Israel Galván, en un momento de la clase, hoy en Sevilla.

Seguir los pasos de Israel Galván no es tarea sencilla, por algo es reconocido internacionalmente por sus particulares movimientos de pies y por sus innovaciones en la danza flamenca. Pero el coreógrafo y bailaor sevillano sabe marcarlos bien: con palmas, a golpe de tacón o tarareándolos. Todas y cuentas veces haga falta. Todas y cuentas veces necesiten sus discípulos. Galván ha impartido este miércoles una clase magistral de coreografía para 16 bailarines en el Teatro de la Maestranza de Sevilla, una actividad organizada por la Fundación Autor de la SGAE que viajará a diferentes capitales españolas (Barcelona, Valencia, Madrid y Zaragoza).

“Mi principal objetivo es que los participantes descubran partes de su cuerpo que desconocían. Que abran todo su cuerpo al movimiento, al ritmo”, explicaba Galván esta mañana, tras asegurar que el trabajo y la técnica son la base para el desarrollo del genio. “Principalmente, vamos a trabajar la técnica. Con ejercicios muy básicos, quiero que los asistentes descubran la belleza de la sencillez”, añadía.

La clase comenzó con un calentamiento de zapateado. “Vamos a calentar una mijita”, les invitaba Galván a los participantes, la mayoría profesionales. El objetivo de este primer ejercicio: buscar la sonoridad de la planta y del tacón. También se ha puesto a prueba el ritmo, la fuerza, los reflejos y la memoria coreográfica de los participantes, sin otra música que la de la percusión de sus zapatos sobre la tarima, que llegaba a envolver toda la sala.

Galván y los participantes. ampliar foto
Galván y los participantes.

A lo largo de las cuatro horas de clase, Galván hizo alarde de la disciplina y el perfeccionismo que le han acompañado desde sus comienzos. Así, como si prepararan una coreografía, el sevillano hizo repetir a los participantes cada uno de los pasos todas y cuantas veces creía necesario. “Mirad que bien suena”, decía satisfecho del resultado.

Paulatinamente, los participantes fueron integrando al baile movimientos de brazos, algunos parecidos a las figuras geométricas que el Premio Nacional de Danza 2005 suele generar en sus espectáculos. En este punto, Galván hizo hincapié en uno de sus principales consejos. “Los movimientos tienen que ser decididos, limpios”, les repetía a los alumnos. “En el baile no hay cabida a gestos ni movimientos dubitativos. No hay que tener miedo. Tienen que ser decididos, que tengan claro hacia qué dirección se dirigen”, explicaba el artista, mientras los asistentes aprovechaban el descanso para seguir practicando.