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Un ejército cuatribarrado

El Consejo de la Transición analizará si Cataluña precisa un sistema de defensa

Un convoy de vehículos militares saliendo del cuartel del Bruc.
Un convoy de vehículos militares saliendo del cuartel del Bruc.

Escribía Manuel Vázquez Montalbán que el Barça es el ejército desarmado de Cataluña. Pero con la comunidad enzarzada en la discusión sobre la independencia, hay una evidencia en el aire: ni Leo Messi jugando a su mejor nivel será suficiente para defender la integridad e independencia del territorio catalán. El debate está servido: ¿Necesita Cataluña un ejército? El presidente de la Generalitat, Artur Mas, cree que no. “Estamos dentro de un marco conjunto que es la OTAN y la UE, así que no tiene sentido destinar recursos a defensa cuando la tendencia es compartir recursos en seguridad y a escala militar”, concluyó Mas antes de las elecciones de pasado noviembre.

Sin embargo, el Consejo Asesor para la Transición Nacional tendrá entre una de sus obligaciones definir qué política de defensa requerirá Cataluña en caso de convertirse en Estado. Es uno de los 20 informes que Mas ha encargado a este grupo de 14 expertos que deben configurar el camino de Cataluña hacia la consulta así como las futuras estructuras de Estado que requerirá. El último fichaje del consejo da una pista sobre qué puede decir el informe de defensa: el decimocuarto miembro es Rafael Grasa, presidente del Instituto Catalán Internacional para la Paz, un ente creado en 2007 por el Parlament que se dedica a que Cataluña “tenga un papel activo en el fomento de la paz en el mundo”, según la ley del Instituto.

Su fichaje disgustó a sectores militaristas de Cataluña. Uno de los principales defensores de la creación del Ejército catalán es Miquel Sellarès, creador y primer director de los Mossos d'Esquadra. El Centro de Estudios Estratégicos de Cataluña, que dirige Sellarès, analiza en un documento las necesidades militares aunque, como sostiene el propio texto, no se trate de una prioridad. “Buena parte de nuestra clase política, sociedad civil y el país no es sensible ni tiene conciencia de defensa nacional”, afirma el texto.

Un informe de Miquel Sellarès y otro de la ANC, eje del debate militar

El documento justifica el ejército catalán por las amenazas a las que se enfrenta Cataluña, que van desde el terrorismo islámico hasta el desabastecimiento energético pasando por las armas de destrucción masiva. Entre los argumentos del informe figura que uno de los requisitos para entrar en la UE es el de aportar a la defensa comunitaria. Sellarès rechaza el modelo Costa Rica, con “un Ejército delegado y unas fuerzas policiales altamente militarizadas”.

Para crear el Ejército catalán, el documento recomienda establecer negociaciones y pedir consejo a los Ejércitos norteamericano y británico. Sobre los militares, el documento prevé un trasvase de militares españoles, por ello exige “hacer una selección cuidada que permita seleccionar el personal más crítico y comprometido en la nación catalana”.

Las tesis de Sellarès encuentran acomodo en la sectorial de Defensa de la Asamblea Nacional Catalana. La entidad que organizó la multitudinaria manifestación del último 11 de septiembre tiene una división dedicada al Ejército catalán. Aunque, sostiene un portavoz del ANC, funciona de forma independiente y sus postulados no son suscritos por la dirección de la entidad. La sectorial de defensa asume las tesis de Sellarès (incluso copia algunos párrafos) pero ofrece un diagnóstico más completo en cuanto a la estructura del Ejército. Si el documento del Centro de Estudios Estratégicos solo da pinceladas de estructura y fija el número de efectivos en 25.000, la sectorial de la ANC apunta incluso el tipo de armas que necesitará el Ejército catalán.

¿Pero todo esto, cuánto cuesta? La sectorial de la ANC, haciendo una comparativa con países de estructura y población similar a Cataluña, estima que la comunidad deberá gastar un 1,3% del PIB, con un 0,63% de la población como militares en activo y un 0,85% de catalanes en la reserva. Esto supondría un Presupuesto anual de 2.584,17 millones de euros para un Ejército de 47.696 militares en activo y 64.352 reservistas.

Uno de los textos apuesta por pedir consejo a EEUU y Gran Bretaña

La creación de una sectorial de defensa en la ANC motivó la rápida reacción de los sectores pacifistas, herederos de la lucha contra, por ejemplo, el servicio militar obligatorio. Presentaron un manifiesto, titulado Paz y Tregua, que rechazaba la creación de un ejército. “El proceso de recuperar y ejercer nuestra soberanía se debe hacer con los valores del respeto, el diálogo y la cooperación, bases de una cultura de la paz, que Cataluña tiene como propios”, reza el manifiesto, que suma ya más de 4.000 firmas.

El debate está servido, y quién fijará el rumbo preliminar será el Consejo Asesor de la Transición Nacional. Si toman de ejemplo el modelo de Escocia, verán como su primer ministro, Alex Salmond, tiene en mente un ejército para Escocia si gana el referéndum. Pero ni la tradición pacifista catalana ni el currículo de los miembros del consejo asesor hacen prever, a corto plazo, que Cataluña presente las armas de un nuevo Ejército.