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Más allá de los números rojos

En Córdoba, a pesar de la crisis, florecen y prosperan pequeñas iniciativas culturales independientes

Alejandra Vanessa y Elena Medel entre los libros de La Bella Varsovia. Ampliar foto
Alejandra Vanessa y Elena Medel entre los libros de La Bella Varsovia.

Hay vida más allá de concejalías, consejerías o ministerios de Cultura. Y a pesar del compás de los tiempos, el corte de subvenciones, la clausura de proyectos y el vaivén de números rojos, los artistas y los promotores culturales se han vuelto más inquietos que nunca. Tirando de imaginación, del magro presupuesto que permite sus bolsillos y, sobre todo, de sus muchas ganas, ciudades como Córdoba han visto surgir toda una constelación de iniciativas culturales al margen de los circuitos oficiales.

Escuelas de fotografía, espacios de creación, residencias de artistas, recitales clandestinos o circuitos de teatro en salas improvisadas componen esta oferta underground. En Córdoba, la nueva hornada ha aparecido en un océano cultural que, oficialmente, estaba en plena resaca tras el fracaso de la carrera por la capitalidad cultural europea de 2016 en el que la iniciativa pública dirigió con puño de hierro el calendario de la ciudad. Y aunque el papel de lo público sigue vigente en la cultura —con el Festival de la Guitarra y Cosmopoética como principales estandartes—, la deriva ha devuelto el turno a los pequeños, a los artistas asociados. Así, han surgido múltiples ideas de emprendedores de las que mostramos algunos ejemplos.

El 7 de octubre nació El Arsenal, ubicado en una antigua fábrica del polígono de Chinales: “Un espacio de creación y difusión de la cultura, el arte y el conocimiento, un proyecto basado en la colaboración mutua. Un territorio donde encontrarse con la firme convicción de que otra forma de hacer cultura es posible buscando la complicidad entre la ciudadanía y los creadores”, como ellos mismos se definen. El Arsenal cuenta con seis espacios de trabajo y una gran nave de 350 metros cuadrados. Además, imparten cursos de arte urbano, de fotografía, de danza contemporánea, dibujo, entrenamiento físico dinámico o preparación de acceso a la Escuela Superior de Arte Dramático.

“El Arsenal es una respuesta en positivo a la crisis”, explica Paco Nevado, coreógrafo y uno de los impulsores del proyecto. “Decidimos hacer algo ante tanto marasmo, al margen de las disputas políticas culturales que ni avanzan ni abren puertas”, prosigue. Para Nevado, el actual momento en el panorama de las iniciativas artísticas es de crecimiento e independencia con respecto a todo lo público. Así que siguiendo la estela de parecidas propuestas berlinesas, encontraron a un propietario comprensivo que les ha dejado un alquiler asumible y montaron El Arsenal.

Caramelos en La Cajita

El Arsenal es también un activo espacio expositivo. Y su sala se llama La Cajita. Hasta el 26 de febrero acoge la muestra Candyland,de la artista Laura Meca. La comisaria de la muestra es Marisa Vadillo, integrante de El Arsenal y profesora de la Facultad de Bellas Artes de Sevilla. Laura Meca, que fue su alumna, refleja en esta exposición su visión de la sociedad a través de bolsas de caramelos. Un universo de chucherías de aspecto artificial y de colores básicos y primarios. Como los que usa un artista para pintar cualquier cosa.

La formación y la divulgación es también la clave de Blow Up, la primera escuela de fotografía privada de Córdoba. Se trata de una iniciativa de Andrés Cobacho, fotógrafo curtido en las redacciones y embarcado desde hace años en proyectos muy personales de reportaje documental. El año pasado ganó el London Festival of Photography Prize y obtuvo una mención especial en el International Photography Awards.

Cobacho tiene una idea clara: el oficio se aprende en la calle. La escuela ha puesto en marcha una serie de cursos especializados impartidos por profesionales. “Cada curso puede interesar a distintos tipos de personas, desde los que nunca han cogido una cámara a los que ya tienen un conocimiento. Lo que sí es cierto es que quien haga los cuatro cursos va a salir con una base muy potente para ponerse a trabajar”, señala Cobacho.

Córdoba no es todo capital. En el convento de Santa Clara de Belalcázar, en plena sierra, funciona la residencia de artistas La Fragua. La culpa la tiene Javier Orcaray, codirector de este centro privado. En 2011, después de la restauración de parte del convento, que amenazaba ruina, el Ayuntamiento decidió cedérselo a Orcaray para desarrollar su proyecto. Se trata de implantar en Sierra Morena un centro que, como otros que están cuajando en centroeuropa y en norteamérica, aglutine lo más vanguardista del arte contemporáneo con lo rural.

Los artistas trabajan en Santa Clara, a unos 15 minutos andando del pueblo, pero viven y exponen en Belalcázar. Escultores, bailarines, escritores, pintores o fotógrafos se hospedan en Casa de Manolo y se relacionan con los vecinos, habituados ya a toda esa gente “rara”.

De vuelta a la capital, en estos meses también han surgido nuevas experiencias teatrales como Corto Circuito. El proyecto busca otros formatos para el teatro. Limitan sus sesiones a 20 espectadores con dos pases por noche a siete euros cada uno. Una actriz guía el camino entre tres espacios diferentes en la ciudad: tiendas de bicicletas, bares, asociaciones… Cualquier sitio se convierte en escenario por obra y gracia de esta iniciativa impulsada, entre otros, por el coreógrafo Paco Nevado, de El Arsenal. En sus próximas citas, el viernes 22 y los cuatro primeros viernes de marzo, representarán las obras ¿Princesas?, de Sergio Cruz; Se fue con un punto suelto, de Guadalupe Esquinas y Rafael Román, y Concierto de Chattenoire, de Belén Romero y Lola Jiménez.

También siguen adelante en la ciudad empresas del mismo carácter independiente, pero ya veteranas —a pesar de la juventud de sus integrantes— como la editorial La Bella Varsovia. Esta entidad, dirigida por las escritoras y socias Elena Medel y Alejandra Vanessa, está volcada desde 2004 en el descubrimiento de jóvenes poetas y la publicación de sus obras. En 2013 editará una decena de libros de poesía abriéndose también a autores más consagrados.

La Bella Varsovia empezó el año estrenando su primera oficina en Córdoba. En esta nueva etapa, la firma, que quiere consolidarse en la edición de poesía a nivel nacional, plantea un primer trimestre cargado de libros. “Este año, si nada se tuerce, publicaremos esos 10 libros. Nuestro reto es convertirnos definitivamente en un sello de referencia en poesía, apostando cada vez más por autores de largo recorrido y por las traducciones”, señala Elena Medel.

En enero comenzó el goteo de publicaciones con el estreno de la catalana Anna Roig con Quizás le llame Modagala, su primer libro de poemas. La gran apuesta cordobesa será Jesús Fernández, que publica Todas las lenguas de los hombres, que también supone su primer libro de poesía. Pero la gran apuesta es sin duda Listen to me, un libro de rarezas en verso del novelista Manuel Vilas, autor de España o Los inmortales.