CRÍTICA / ÓPERACrítica
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Conducidos a la luz

Valery Gergiev dirige 'Iolanta', con la celebre Anna Netrebko, en el Liceo de Barcelona

Iolanta, la princesa ciega de nacimiento pero que no sabe que lo es pues todo el mundo le ha ocultado su discapacidad, cree que los ojos solo sirven para llorar. Iolanta sólo conseguirá ver, en opinión del doctor Ibn-Hakia, eminente oftalmólogo de escuela freudiana, cuando sepa y acepte su realidad y desee ardientemente ver. El amor conducirá finalmente a Iolanta a la luz.

Sobre esta apasionante historia iniciática, Chaikovski, que sí sabía su realidad pero no la aceptaba, construyó su última ópera, una joya con música de rara belleza que, inexplicablemente, nunca se había representado en el Liceo.

Iolanta, de hecho, sigue sin haberse representado en el Liceo pues se ofreció en versión de concierto pero, por una vez, no echamos en falta la parafernalia escénica pues cuatro gestos, tres miradas, dos caricias y un abrazo entre los intérpretes fueron suficientes para poner en pie y con fuerza sobre el escenario el drama y sus personajes.

Iolanta llegaba al Liceo con intérpretes de lujo, las huestes del Mariinski de San Petersburgo que son casi, como aquel que dice, los propietarios morales de la obra pues allí se estrenó en 1892 y, naturalmente, la conocen al dedillo.

Al frente de la tropa se situó el incansable e invicto general Gergiev que con su curioso gesto de zar bondadoso (pero zar al fin y al cabo) obtuvo, en general, un rendimiento de buen nivel de la orquesta, con algún pasaje desajustado, pero sonando siempre intensa y apasionadamente a Chaikovski. El coro, que en esta ocasión tenía poco trabajo, se esmeró.

Iolanta

IOLANTA de Piotr Ilich Chaikovski (Versión de concierto).

Anna Netrebko, soprano. Sergei Skorokhodov, tenor. Sergei Aleksashkin, bajo. Alexander Gergatov, barítono. Edem Umerov, bajo-barítono. Andrei Zorin, tenor. Yuri Vorobiev, bajo. Natalia Yevstafieva, mezzosoprano, Elonora Vindau, soprano. Anna Kiknadze, mezzosoprano. Orquesta Sinfònica y Coro del Teatro Mariinski de San Petersburgo. Valery Gergiev, dirección musical. Gran Teatro del Liceo.

Barcelona, 4 de enero.

La celebre Anna Netrebko, que debutaba en el Liceo, capitaneaba los solistas. Con una voz completísima, sensual, rica en armónicos, pero con brillo y poder arriba y un conocimiento cabal del estilo y del personaje, Netrebko cumplió con todas las altas expectativas que había generado.

La sorpresa, agradable, vino con los otros solistas: esperábamos cantantes de compañía con nivel suficiente y no más y nos encontramos con solistas de altas prestaciones que en algunos momentos compitieron de tu a tu con la diva, especialmente el tenor Sergei Skorokhodov, que fue un Conde Vaudémont de agudos valientes, pero también el bajo Sergei Aleksashkin, muy puesto en el papel del Rey René o Alexander Gergalov, que cumplió con voz un poco cansada, pero con absoluta entrega con el papel del Duque Robert. Absolutamente correctos y muy alto nivel todos los papeles menores.

El gancho de la representación era la bella Netrebko, por ella se llenó el teatro. Como mansos corderitos acudimos al teatro a cumplir con el ancestral rito mitómano de la adoración de la estrella y acabamos descubriendo una gran ópera y un consistente equipo artístico. Fuimos conducidos, nosotros también, a la luz.

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