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Madrid, al acecho

El homenaje de un hijo a su padre descubre un 'álbum' de fotos del fotoperiodista Manolo Urech, la ciudad ‘a pie de calle’

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Vista de la Plaza de Cibeles en 1955.

Urech. Así era como le conocían en la profesión. Y aunque hoy sea un perfecto desconocido para la mayoría, han sido muchos los que han visto la vida de Madrid a través de sus ojos. Muchos los que, sin querer, han ido apuntalando su memoria con sus imágenes en blanco y negro, disparos certeros de una mirada a pie de calle, siempre al acecho. Y serán más…

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Es una imagen tomada en el año 1946 a la altura del Puente de los Franceses, por aquel entonces utilizado para el paso del ferrocarril. Detrás puede verse también el puente de Castilla que era utilizado por el tráfico rodado.

Alguien recordará aquel 12 de julio de 1957, cuando Marlon Brando se bajó del avión de Pan American en Barajas, teñido de rubio platino por exigencias del guion —estaba rodando El baile de los malditos—, marcando estilo con una camisa blanca de manga corta y un pantalón de lino claro. Manolo Urech (Zaragoza, 1904) estaba allí, a pie de pista, suficientemente cerca. O el 25 de mayo del año anterior, cuando la leona Sheriff se escapó del Circo Americano, apostado en Nuevos Ministerios. Y, antes de que la capturaran, la cazó la Contax IIA de Urech, subida en el capó de una camioneta. También estaba suficientemente cerca. La foto casi deja oír un rugido feroz y fue la portada del diario ABC al día siguiente, aunque por aquel entonces el reportero gráfico ya se había pasado a trabajar en el Diario Madrid, y más tarde lo haría para la agencia EFE.

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Esta es la plaza de Callao vista desde la calle de Preciados en el año 1957. En el cine de Callao se proyectaba Los piratas del mar Caribe, con John Wayne, Paulette Goddard y Ray Milland.

Según lo describen su hijo Miguel Ángel y sus amigos, compañeros y conocidos, Urech era uno de esos hombres elegantes —“siempre trajeado y encorbatado”— pero sin miedo a salpicarse pisando las calles. Era de esos que llevan el recreo incorporado en la mirada, filtrada por los cristales de unas gafas de pasta redondeadas. Uno de esos tipos capaces de regalar disfrute con un disparo ocular único, el que nadie más vio. Los llevaba contados, como balas en la cartuchera.

Centenares de instantes de ese Madrid cotidiano de los años 20, 30, 40, 50, 60… La llegada de los primeros seiscientos a Madrid, la inauguración del Teatro Lope de Vega, los descampados de la Castellana (sin Torres Kio y sin nada), el incendio de la plaza de toros de Las Ventas o un aparatoso atropello (con atropellado incluido) en el paseo de La Habana.

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Esta era la gasolinera del paseo del Prado esquina con la calle de Almadén y escoltada por la central eléctrica del Mediodía.

Pero también los cuchicheos bajo los paraguas de las señoras, la ciudad enjuagada de buena mañana por la lluvia o desperezándose con la sorpresa de un envoltorio de nieve. Y las calesas abriéndose paso entre los nuevos motores que atronaban el paseo del Prado, los embotellamientos en la plaza de Cibeles (¡ya entonces!), las marchas a favor de los nazis... O una densa niebla en la calle de Leganitos, una bandada de pavos decididos cruzando por Recoletos, las noches de glamour y de fiestas con estrellas de cine francesas, americanas y españolas… La vida que pasa, que pasó. Un compendió de imágenes, hasta ahora dormidas, rescatadas de las orillas del olvido por su hijo Miguel Ángel Urech, de 69 años y ya jubilado.

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Vista exterior del antiguo estadio de Chamartín —construido en 1947— en un día de partido.

El archivo era un montón de cajas y latas arrumbadas en un rincón de la casa. Urech (hijo), en sus ratos libres, había conseguido digitalizar 6.000 imágenes de lo más variopinto. Pero entonces apareció esa caja, repleta de tiras de fotos envueltas en cuartillas y con una mínima nota. Allí estaba ese Madrid vestido de diario, visto y no visto, efímero, presente y ya... pasado.

Todas, un total de 130 instantáneas, conforman un libro emocionante, porque no es solo un muestrario de magníficas y sorprendentes fotografías, sino que es el homenaje de un hijo a su padre. Lo ha titulado Madrid a pie de calle y lo edita, como casi siempre que se trata de libros sobre la capital, La Librería.

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La leona Sheriff salió a darse un garbeo por las calles de Madrid escapándose del Circo Americano.

Miguel Ángel, aunque jamás perdió de vista la mirada de su padre y siguió su afición a la fotografía, ha realizado una ímproba labor de documentación colándose en la memoria de muchos. También en los recuerdos de sus familiares. Y el libro es, en cierto modo, el camino por el que un hijo redescubre a su padre, con esa clase de sorpresa que siempre concede el olvido. El resultado es un paseo por el Madrid cotidiano de quien siempre permaneció al acecho.

Retrato de Manuel Urech a los ojos de quienes le conocieron

- “No había cuajado el concepto de fotoperiodismo y él ya lo ejercía” (José Vicente de Juan, Diario Madrid).

- “Salía cámara en ristre con el mismo instinto que Ortega y Gasset veía en el cazador: el del hombre alerta” (Miguel Ángel Gozalo, Diario Madrid).

- “Poseía el don de captar el momento fugaz que a mí se me escapaba a simple vista” (Nativel Preciado, periodista).

- “Caballero maduro, siempre encorbatado” (Jesús Picatoste, redactor del Diario Madrid).

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