Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
TEATRO MUSICAL

Auto sin los Reyes Magos

Hugo Pérez reivindica la iconografía de los misterios medievales

Uno de los pasajes de Donde mira el ruiseñor cuando cruje una rama. Ampliar foto
Uno de los pasajes de Donde mira el ruiseñor cuando cruje una rama.

El deseo de tener un estado verdaderamente laico no es incompatible con el interés por conocer mejor el acervo cultural católico, cuyo depositario espiritual auténtico no es la Iglesia, sino la tradición popular. En España, se ha producido durante siglos un elaborado sincretismo entre ritos paganos ancestrales (mayos, hogueras de San Juan, solsticio de invierno…) y las festividades que las autoridades eclesiásticas y la monarquía impostaron sobre aquellos. En Donde mira el ruiseñor cuando cruje una rama, auto escrito al hilo de tradiciones arcanas y del acervo de los evangelios apócrifos, Hugo Pérez reivindica la iconografía y la ritualidad de los misterios medievales, para uso compartido de feligreses, creyentes con fe propia y descreídos.

A Pérez, zahorí teatral, poco le interesan los embalses y las grandes vías fluviales de la escena: anda buscando un agua más pura. El que la prueba, repite. Su musical Por los ojos de Raquel Meller, que recopila éxitos olvidados de la gran estrella de entreguerras, lleva siete temporadas en cartel en TribuEñe, un teatro de repertorio, inspirado en la tradición rusa, que es otra manera de ir a la contra en estos tiempos en los que la profesión anda más pendiente de lo que sucede en Nueva York que de lo que nos está sucediendo.

DONDE MIRA EL RUISEÑOR CUANDO CRUJE UNA RAMA

Texto, letras, escenografía y dirección escénica: Hugo Pérez. Música y dirección musical: Mijail Studyonov. Intérpretes: Nené Pérez-Muñoz, Candelaria Pérez, Carmen Rodríguez de la Pica, Badia Albayati, Miguel Pérez-Muñoz, Iván Oriola, Katia Antipova y Vladimir Albert. Teatro TribuEñe. Domingos, hasta el 6 de enero.

En Donde mira el ruiseñor cuando cruje una rama, rareza poética, Santa Ana, el arcángel Gabriel, la Virgen, su esposo, el Diablo y el rey Melchor hablan a lo místico, en romance y en verso libre, de las bodas de María y José, de la anunciación, de la concepción de Cristo y de cosas que de puro veladas y crípticas, solo su autor entiende cabalmente. Al público, le llega la belleza de la música, compuesta e interpretada al piano por Mijail Studyonov, y de las voces, entre las que destaco, por su claridad y lirismo, la de Nené Pérez-Muñoz, que tiene la viva y ambigua, pero matizadamente femenina, estampa del arcángel.

El espectáculo impregna, por su estética de barraca de antes del cinematógrafo, por su trabajada ingenuidad, que tanto conviene al teatro sacro, por el estatismo de belén viviente de sus protagonistas, figuras sin sicología, autómatas de carne y hueso iluminados por candilejas que les dejan en sombra los pómulos, la frente y las mejillas, y les resaltan violentamente el mentón y la cara.

Con un concepto tan destilado y un verso tan prieto conceptualmente, Pérez se hace entender por la piel y por la emoción. No estaría de más que el público pudiera enterarse también de con qué nudos y cabos sutiles ata cada verso, que algún cantante prestara mayor atención a la prosodia y que apareciera, tal vez, algún rasgo de humor, más allá de la advertencia inicial en ruso, que todos entendemos por ensalmo. Desconcertante, la solemnidad de estantigua con que se anuncian los cinco primeros cuadros, no por el tono, en cuya elección hay una ironía evidente, sino por la ejecución. Encantador, el candor de la virgen niña, interpretada por Candelaria Pérez, y la simetría que guarda con la adulta (Badia Albayati).

Sigue con nosotros la actualidad de Madrid en Facebook, en Twitter y en nuestro Patio de Vecinos en Instagram