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De reina póstuma a oro olímpico

Una historiadora va cosechando en una web biografías de mujeres ourensanas

Emilio Novoa, hijo de Obdulia Díaz, junto a la foto de su madre y su hermana el día que Ourense les dedicó una escultura, en enero de 2011. Ampliar foto
Emilio Novoa, hijo de Obdulia Díaz, junto a la foto de su madre y su hermana el día que Ourense les dedicó una escultura, en enero de 2011.

En la misma gruta de internet retumban los nombres de dos Elviras, una de apellido Rodríguez, que en el siglo XV denunció en Ourense a su marido maltratador, y otra que era Pérez, teniente destinada por el rey a la fortaleza de Aguiar entre 1258 y 1263. Resuena además el de Olimpia Valencia, una mujer de izquierdas que nació en Baltar en 1896, fue la primera licenciada gallega en Medicina y también, poco después, la primera ginecóloga. En el fondo de la cueva rebota el eco de Calpurnia Abana Aeboso, primera habitante de la ciudad romana de Auria, y en otra de las galerías se oye decir “Eladia Ramona”, la tenaz y determinante madre de Otero Pedrayo, o los nombres de pila de las hermanas Touza, Lola, Julia y Amparo, que en los cuarenta organizaron en Ribadavia una red de evasión de judíos desde la Europa nazi.

La expedición a este agujero de la Red (Historia das nosas mulleres ourensás) en el que Rosa María Cid Galante, profesora de Geografía e Historia en la Universidad Laboral de Ourense, va dando refugio y ordenando vidas de mujeres para que no caigan en el olvido, tiene visos de no concluir nunca. A la boca de la cueva, viva y luminosa, aguarda la última entrada del blog, Tamara Echegoyen (Ourense, 1984), regatista del Club Náutico de Vigo que volvió de los Juegos Olímpicos de Londres con una medalla de oro. Pero justo detrás, porque a aquí llegó de penúltima, aparece en blanco y negro, con guantes y sombrero, María Brey Mariño (Póboa de Trives, 1910), archivera depurada por el franquismo que llegó a reunir, junto a su marido, Antonio Rodríguez Moñino, la entonces mayor biblioteca privada de España (17.000 obras), ahora en poder de la Real Academia, junto a sus grabados de Goya y Durero.

Rosa Cid decidió inaugurar su colección infinita hacia finales de 2008, después de trabajar 12 años en una tesis doctoral (Muller e educación en Ourense, 1900-1930) que la llevó a revisar un millar de expedientes académicos de las primeras ourensanas que accedieron a estudios superiores. Ahora, las reseñas incluyen mujeres de todo tipo y condición y de cualquier momento histórico. Las biografías van apareciendo y se completan con el tiempo si se puede, surgen de libros, de artículos, de sugerencias de internautas, de correos de ourensanos que llegan desde cualquier lugar del mundo.

“Soy ourensanista, amo muchísimo este lugar. Hay historias que no pueden perderse... Ahora quiero abrir un apartado dedicado a las castañeras, y otro a las lecheras, que en 1920 protagonizaron una protesta impresionante contra la subida de las tasas de la leche. Tengo muchísimas mujeres en la base de datos, muchos nombres que debo ir incorporando”, cuenta apremiándose a sí misma la autora del blog.

De momento la nómina más importante la componen las “pioneras” (147), seguidas de las maestras (80) o las represaliadas de la Guerra Civil (32), entre ellas La Pasionaria de Cualedro, líder sindical asesinada en Viana do Bolo en el 36. Hay 14 pintoras, 19 músicas (la más nueva Cora Novoa, “reina” del sonido electrónico residente en Berlín) y 29 escritoras (la más antigua, Eduarda Feijóo de Mendoza, autora de novelas históricas de corte romántico como Redención por amor y el corsario negro o El antifaz de terciopelo).

Pero por los pasillos de este santuario que guarda únicamente biografías de mujer deambulan también aquellas que nacieron bellas, y triunfaron o no a pesar de eso. Aparecen, por ejemplo, María Cofán (Miss España en 1959, actriz, cantante y autora de cuentos para niños nacida en Ourense) y Raquel Dans, cortejada en los años treinta por un piloto que venía volando de León y le lanzaba desde el aire cartas de amor y ramos de flores que con suerte caían íntegros en su finca de Vilamartín de Valdeorras.

Aunque aquellas que nacieron fuertes y resueltas, más que guapas, son mayoría aplastante en el gineceo que alimenta Cid. Teresa Gómez denunció ante el juez a Juan de Novoa porque intentó violarla. Su mérito es enorme porque la agresión acaeció en abril de 1458. Un año antes, otra mujer de mismo nombre y parejos arrestos, Tareixa Lourenza, reclamó la nulidad matrimonial ante el rector de Santo Tomé de Maside. Ella y su esposo nunca habían querido casarse y ya no se soportaban. Las familias habían pactado su matrimonio aún siendo niños, pero ellos jamás habían sido capaces de consumarlo.

Otra mujer que no se doblegaba era Guntroda, abadesa de San Martiño de Pazó (Allariz), que mantuvo un formidable pulso con reyes y obispos por la posesión de Santa Comba de Bande. Aunque si de valentía se trata, probablemente supere a casi todas en esto y en el tamaño de su corazón Obdulia Díaz, la ourensana que lavando sábanas ajenas alimentó y crió en su propia casa a 200 hijos de prostitutas del barrio chino.

En medio y medio de un paraje de paisaje tan variado, entre las mujeres de Ourense se encuentra también una reina póstuma. Inés de Castro (probablemente nacida en la Baixa Limia entre 1320 y 1325) aparece sentada en su trono espectral, ejerciendo el inaudito cargo que le concedió su viudo, el infante Pedro de Portugal al convertirse en rey. Inés, que llegó a la corte como dama de compañía de la que había sido elegida por la corona lusa como esposa de Pedro, fue desterrada y finalmente ejecutada (1355) por orden del padre de éste, el rey Afonso, que nunca toleró aquel amor.