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XVII BIENAL DE FLAMENCO DE SEVILLA

Excelencia en movimiento

La bailaora María Pagés incorpora un hermoso mensaje de solidaridad en su espectáculo

La bailaora María Pagés, en un momento del espectáculo.
La bailaora María Pagés, en un momento del espectáculo.

Suele afirmar María Pagés que sus obras no están completas hasta que no se presentan en Sevilla. En esta ocasión, Utopía cuenta con casi un año de vida, seguro que bastantes funciones y, conociendo la forma de trabajar de la artista, se puede aventurar que desde la primera de ellas, se trató de un espectáculo conceptualmente más que perfilado y totalmente pulido desde el punto de vista formal. Porque así se presenta este trabajo inspirado en la obra del arquitecto brasileño Oscar Niemeyer, en su querencia por las formas sinuosas, incorporadas al escenario de una forma sutil pero con mucho juego, y más allá de ellas en su legado humanista que enlaza con el compromiso artístico y vital que acompaña a todas las obras de Pagés. En esta, ha optado por mostrar su inconformismo con determinados tratamientos formales, pero ha añadido también un hermoso mensaje de solidaridad y de optimismo a un tiempo, y que se plasma principalmente en los diferentes diálogos —los del brasileño Fred Martins con la compañía son los más elocuentes— que se suceden a lo largo del espectáculo. Todo ello con versos, no siempre bien vocalizados, de poetas como Neruda, Machado, Benedetti, Baudelaire…

Cabe plantearse, pues, dónde se encuentra ese ultimo trazo que hace que la artista dé a la obra por completa. Todos los espectáculos son entes vivos que mudan y evolucionan, y este no sería una excepción. Sin embargo, se antoja que, junto al trabajo escénico y de grupo, impecable como de costumbre, la bailaora hubiera añadido un plus en sus participaciones personales, en las que por momentos se percibe un vibrante nervio y una aguda concentración que dan a los bailes una factura y capacidad de transmisión renovadas. Es la excelencia —en movimiento— de un discurso que toma diversas formas a través de unos estilos que la artista no ha debido de elegir al azar. Así, la fuerza y el ímpetu rebelde de la farruca, que logra su equilibrio en el diálogo entre chelo y guitarra. Con traje rojo de inmensa cola, María fue un árbol de tronco inmóvil y agitadas ramas con los primeros acordes de la granaína. Luego la misma seda que la ataba al suelo cobró vida en una danza introspectiva y terminó cobrando la gracia necesaria para acompañar el aire abandolao. Continuó Pagés la búsqueda de su camino con los apropiados versos machadianos y la compañía del taranto y el martinete. Todo ello dentro del ejercicio de una danza que personaliza la escuela a la que remite y es fiel.

En el grupo había residido más el zapateado y la sobriedad dentro de unas coreografías sencillas pero de pulcra ejecución. Fue, por ejemplo, el tiempo de las soleares y de la revestida transición que compuso la compañía para ilustrar el duelo por debla y martinete que protagonizan los cantaores sobre versos de Benedetti. Luego llegaría el mensaje casi final de optimismo, picardía y encuentro de culturas con el baile de la guajira primero, y la música de Fred Martins, a la que se suma toda la compañía en una fiesta por tangos. La bailaora había dejado para el final su baile por alegrías. El mensaje final. Los versos de Baudelaire hablan de una alondra y ella, antes de desarrollar el canon del estilo, quiso ser pájaro en imposibles escorzos, infinitos brazos.

Utopía. María Pagés Compañía

Dirección, Coreografía y baile: María Pagés. Cuerpo de baile: Isabel Rodríguez, María Vega, Aloma de Balma, José Barrios, José Antonio Jurado, Paco Berbel y Rubén Puertas. Cante: Ana Ramón y Juan de Mairena. Guitarras: Rubén Lebaniegos y José 'Fyty' Carrillo. Voz, guitarra y cavaquinho: Fred Martins. Chelo: Sergio Menem / Percusión: Chema Uriarte. Teatro de la Maestranza. 7 de septiembre de 2012.