‘Best sellers’ para la playa

Las librerías que abren en agosto basan su negocio en los turistas y clientes habituales

Libros sobre Gaudí y Barcelona en la Librería La Formiga d'Or
Libros sobre Gaudí y Barcelona en la Librería La Formiga d'OrENRICO BARAZZONI

La mayoría de las 178 librerías de Barcelona cesan su actividad en agosto, pero las que abren lo hacen con entereza y desmintiendo el tópico de que en la canícula no hay actividad. “Agosto no es el mejor mes, desde luego, pero tampoco es el peor”, certifica Miquel Colomer, director de la librería Catalònia. Colomer revela que el peor mes para el librero es febrero, tras las fiestas navideñas, y le sigue mayo, resaca de Sant Jordi. Las librerías bajan su facturación entre el 10% y el 25% en plena canícula y juegan sus cartas para plantar cara a la crisis. El público extranjero de paso por Barcelona y los clientes habituales son los seguros de las librerías, pero también hay más ases en la manga.

En centros como Laie de la calle Pau Claris y la librería La Central de la calle Mallorca Claris hay un plus: ambos disponen de sendas cafeterías que atraen a más público. Un público, además, que “viene más contento, y más charlatán”, revela Marta Ramoneda, directora de La Central. “Hay más tranquilidad”, cuenta Ramoneda, que agrega que “en las mesas de recomendaciones hay literatura de viajes y novelas gruesas de temas simpáticos para llevarse a la playa”.

El término “novela de playa” lo usa también David Carrasco, encargado de La Formiga d’Or, sita en Portal de l’Àngel. “El público nacional piensa en llevarse un libro a la arena. Ahora es lo que más se vende”, admite. Pero agrega: “ahora tenemos como prioridad a los turistas, que nunca fallan”. De hecho, en esta histórica y céntrica librería se venden con cierta alegría las novelas en lengua extranjera. También en Catalònia, donde puntualizan que son los visitantes de lengua española los que más consumen literatura en castellano, “porque tenemos mejor precio”. Hay quien se resiste al vendaval del turista, ni que sea un poquito. Es el caso de Documenta, enclave de la calle Cardenal Casañas, donde “hay pocas cosas para turistas, lo mínimo, porque tratamos de mantenernos como una librería humanista”, subraya Gerard Gual, encargado del local. Gual también se apunta a la “novela de playa” y centra su lista de best sellers en los volúmenes policiacos.

Conxita Guixà, directora de librerías de Laie, señala que para estos locales el mes de agosto sí que tiene un inconveniente: “En el mundo del libro sucede que las editoriales cierran y todo queda colgado a la hora de hacer gestiones o consultas”. En cualquier caso, las tiendas siguen vendiendo libros, pero paralizan por completo sus actividades extra. Guixà confirma lo que sucede en muchas librerías: “No hay charlas, ni presentaciones, ni escuelas, ni grupos de lectura porque tampoco habría el público que hace falta”.

¿Vale la pena tener una librería abierta en agosto? La respuesta la dispara Ramoneda: “Cerrar sería perder mucho, pero que mucho dinero. No saldría a cuenta”. Además, hay que tener en cuenta que agosto es el último mes antes de la subida del IVA cultural, que azota incluso el material escolar y de papelería. Otra manera de hacer el agosto.

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