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RUTAS | ALGEMESÍ

De paseo por un centro señorial

Más allá de la ‘muixeranga’ y las novilladas, la ciudad valenciana despliega su poder económico en las viviendas nobles de su casco histórico

Juan Ferragut, en su casa de Algemesí.
Juan Ferragut, en su casa de Algemesí.

El piano se presenta impoluto, brillante. El suelo, lustroso. Y la biblioteca mantiene la anarquía de autores y títulos del político ajeno a sectarismos y etiquetas. De Joan Fuster y Joanot Martorell a colecciones encuadernadas del diario Las Provincias. La casa del abogado Joan Girbés (1934-1998), primer alcalde democrático de Algemesí, emana el marchamo de tolerancia de quien nació para ser un referente del valencianismo cívico, encajó los envites de la derecha montaraz durante la batalla de Valencia, y murió aclamado por su pueblo, que le recuerda con el mote de advocat dels pobres. “Se desvivía por los más necesitados”, relata Juan Ferragut, de 75 años, exempleado de banca y hombre de confianza de Girbés, que le dejó su casa en herencia.

Para saber del samaruc. Situado en el parque natural de l’Albufera, a 10 kilómetros del casco urbano de Algemesí, la laguna del Samaruc despliega a través de 12.000 metros cuadrados una representación de las especies botánicas y animales más valiosas de la Comunidad. El samaruc, un pez de cinco centímetros en peligro de extinción, bautiza esta zona húmeda a la que se llega desde la población tras caminar 300 metros desde la estación de cercanías. Existen tres rutas, de casi 10 kilómetros de recorrido, para descubrir el espacio. El itinerario de coche parte de la zona conocida como Ronda del Calvari en dirección a Valencia por la CV-42 hasta la rotonda del Camí de la Caseta de San Josep. Se pueden reservar visitas guiadas entre semana, que se desarrollan entre las 8.00 y las 15.00, en el Ayuntamiento o en el Museo de la fiesta. Una ruta muy recomendable.

Para conocer la ‘festa’. Lo mejor es acercarse por el Museu Valencià de la Festa de Algemesí (Convent de Sant Vicent Ferrer C/ Nou del Convent, 71 Tel.: 962018630). Tal vez puede interesarle saber que algunos estudiosos catalanes sitúan el origen de la tradición precisamente en Algemesí. De la población valenciana se trasladaron a trabajar a tierras catalanas trasplantando sus costumbres.

Para ver e informarse. La visita al Ayuntamiento de Algemesí (plaza Mayor, 3 - 46680 Tel.: 96 201 90 00) puede ser muy útil. No solo por la información que se puede recabar, sino también porque en la misma plaza es donde se alzan las torres humanas al ritmo de la muixeranga, una tradición que fue designada el pasado año Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.

Espaciosa y elegante, la vivienda y sus cuadros han sido rehabilitados con esmero desde hace una década por el hijo del actual propietario, el restaurador Xavier Ferragut. El edificio tiene 600 metros y se levantó a finales del siglo XIX. Como la mayoría de las casas nobles de esta ciudad, amaga una combinación de estilos. Predomina el modernismo de buen gusto con los adornos cerámicos de Manises, demostración del poderío del negocio de la naranja.

Recorrer el centro recuerda su pasado burgués, señorial. El mirador de casa Orero, de principios del XIX, y el edificio Pascual, modernista, lo confirman. Enfilando por una calle luminosa y recta se levanta casa Barberá, que encierra los recuerdos infantiles del escritor y exdirector de Las Provincias natural de la población Martí Domínguez, que menciona en su libro L’ullal el papel del casino liberal, situado enfrente de su casa, y construido en 1911.

El museo de la fiesta se convierte en el punto de partida para adentrarse en la ruta histórica. Situado sobre un convento de frailes dominicos del siglo XVI, que pasó a manos privadas tras la desamortización de Mendizábal y acogió un fortín republicano en la Guerra Civil, resume las dos pasiones de la ciudad: La muixeranga y los toros. La primera se gesta desde hace tres siglos y eclosiona en septiembre por las sinuosas calles del municipio, que acoge una manifestación cultural y religiosa única. La Unesco las declaró Patrimonio Inmaterial de la Humanidad en 2011.

La ciudad tiene dos colles de muixeranga que escalan el cielo presurosas cuando suena la dolçaina. La de toda la vida, la Muixeranga, se remonta a 1733 y el cargo de mestre (director, artífice de la estructura) es vitalicio y hereditario.

Su alternativa, la Nova, más transgresora, se creó en 1997 para admitir la incorporación de la mujer y abrir las ventanas a los nuevos modos de concebir la fiesta. Menos agarrotada, se rige por un sistema democrático y asambleario y, pese a que de forma oficial no existe un enfrentamiento directo con su hermana mayor, mantiene diferencias evidentes. “Queremos sacar la fiesta de la vitrina y enseñársela al mundo”, proclama Raúl Sanchis, su presidente, que perteneció 21 años a la colla que hasta finales de los noventa guardaba las esencias de la tradición.

La figura de La Moma en el Museu Valencià de la Festa de Algemesí.
La figura de La Moma en el Museu Valencià de la Festa de Algemesí.

El grupo de Sanchis concibe hasta 30 torres humanas diferentes, que son coronadas por niños a partir de tres años. Un espectáculo plástico con mayúsculas. Los toros encarnan la otra esencia de la fiesta. Algemesí acoge desde 1643 la feria de novilladas más importante de España, según sus vecinos. Se desarrolla en una plaza desmontable con capacidad para 5.000 personas, que levantan durante 10 días los adjudicatarios de la subasta los 29 cadafals, estructuras robustas de madera que soportan los asientos.

La efímera construcción se inicia cada nueve de septiembre y encarna un ejercicio coral de compensación de fuerzas donde intervienen maderas, clavos y cuerdas. La recaudación de la subasta —se llegaron a pagar 35.000 euros por puesto en épocas de bonanza— financia el cartel taurino de los nueve días de feria. Adquirir un cadafal tiene algo de fanfarronería mediterránea, del inevitable aixó ho pague jo, según un vecino que pide el anonimato. La crisis, sin embargo, también recala sobre el corazón de la tradición. “Por primera vez quedan varios puestos libres”, apunta el responsable del Museo de la Fiesta, Pepe Machí.