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Enredados en la lana

Un centenar de personas se reúne para tejer en el barrio de Salamanca

La iniciativa forma parte de una campaña para promocionar la lana como tejido

Una de las tejedoras reunidas en Jorge Juan. Ampliar foto
Una de las tejedoras reunidas en Jorge Juan.

“Es sentarme en el metro, sacar aguja y madeja y ponerme a tejer”. Clara Montagut es una amante de la lana desde pequeña. Su afición le llevó a fundar Lana Connection, un grupo de gente que queda para tejer. “Somos más de 100”. Con sus obras, han comezado a hacer urban knitting -intervenciones callejeras con lana, como tapar con una manta a la Mujer con Espejo de Botero- y ayer participaron en una tricotada callejera en el barrio de Salamanca, organizada por la Campaña por la Lana.

“Esta iniciativa surgió en 2010 por iniciativa del príncipe Carlos de Inglaterra y el año pasado se extendió a varios países, entre ellos España”, explica Dolores Naharro, responsable de Woolmark Iberica, una empresa dedicada a la investigación y la promoción de la lana. La campaña pretende dar a conocer los beneficios de este género, como su carácter biodegradable y renovable, para hacer frente a los bajos precios y a las dificultades de los ganaderos.

Coincide con una actividad cada vez más de moda: el tricotado. “Quizá es porque nos hace sentirnos capaces de crear, algo que habíamos dejado de lado por comprar”, comenta uno de los pocos chicos presentes en la iniciativa. “Hay bastantes, lo que pasa es que son más vergonzosos”, señala Clara sobre la presencia del sexo masculino en el grupo, que suma gente, asegura, de diversas edades y perfiles.

Entre ellos están Nagore y Sara, dos amigas de 30 y 28 años afanadas con sus agujas en el escalón de un portal. “Empecé porque necesitaba desconectar, así que me apunté a clases de costura y luego me fui metiendo en este mundillo”, comenta Nagore, mientras Sara apunta que, en su caso, últimamente ha retomado una práctica que le enseñaron su madre y su abuela. Ambas están encantadas. “Venimos al grupo cuando podemos, que no es siempre, pero esto engancha”.

En la actividad de ayer también participaron espontáneos o independientes. Es el caso de Esperanza, una cacereña de 50 años afincada en Madrid, que ha acudido a la cita junto a su amiga Marisol, de la misma edad, que vio la convocatoria en Facebook. “Nosotras solemos quedar para tejer porque nos gusta mucho, esto de la calle es la primera vez que lo hacemos, pero nos encanta”, comentan ante Mette Habchi, una danesa de 68 años que ha venido de Segovia, donde vive, invitada por una amiga. “Es una manera de volver a la cultura de lo natural frente a lo sintético”, señala Mette con la aprobación de sus improvisadas compañeras.

La campaña volverá a Madrid en noviembre, cuando las piezas tejidas por voluntarios decorarán el barrio de Salamanca. Serán elementos que representen las cuatro estaciones, muchos de ellos amigurumis, objetos elaborados a partir de una técnica japonesa que permite tejer en tres dimensiones. Hoy ya había frutas estivales, como berenjenas, pimientos o una gran tajada de sandía. Esta actividad, con diferentes temáticas, se lleva a cabo de forma paralela en Barcelona y en otras ciudades como Londres, Tokio, Ámsterdam o Berlín.

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