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Un fortín de lujo en San Fermín

El barrio de la Caja Mágica asiste a distancia a los rituales del Abierto de Madrid

Unos vecinos de San Fermín observan el ambiente de la Caja Mágica. Ampliar foto
Unos vecinos de San Fermín observan el ambiente de la Caja Mágica.

“El zapato más barato de esta tienda cuesta 150 euros... Ya os he dicho que esto es para pijos, no para nosotros”. Quien sentencia es Rocío, 14 años; vive en el barrio de San Fermín, junto a la Caja Mágica, donde esta semana los mejores tenistas del mundo (Nadal, Djokovic, Federer...) disputan el Abierto de Madrid. Se pasa la tarde del domingo con cinco vecinos a las puertas del recinto, pidiendo a quien sale que, en lugar de tirarlas, les regale las entradas de paseo para el torneo. Un grupo acepta y les entrega cuatro pases. Dos se quedan fuera, en los asientos de piedra del estadio puntero de Madrid, donde los chavales del barrio preguntan sin cesar al que entra o sale si les sobra algún pase para conocer por dentro una infraestructura que costó 294 millones de euros.

La renta per cápita de los vecinos de San Fermín ronda los 16.030 euros, según el plan de barrio 2009-2012 del Ayuntamiento. Los Mercedes en los que los tenistas viajan cuestan entre 20.000 y 40.000 euros. El tamaño medio de la vivienda en San Fermín, según el mismo plan, se acerca a los 72 metros cuadrados. Cada pista de tenis ocupa 195.

Son dos mundos separados por un cartel en las taquillas que avisa de que, una vez abandonado el recinto, no se puede volver a entrar. Un control de seguridad y Rocío ya está con Sheyla dentro de unas instalaciones construidas para la candidatura olímpica de Madrid 2012 y mantenidas como escenario del tenis para la de Madrid 2020.

Fuera, unos 100 policías de las comisarías de Usera y Puente de Vallecas y de la brigada provincial de seguridad ciudadana vigilan los accesos y los alrededores, según la Delegación de Gobierno. Dentro, los cuatro amigos pasean entre los expositores aferrados a sus manoseadas entradas, que ni siquiera guardan en los bolsillos, y que cuestan 15 euros. También arrugan con la mano unos papeles que se entregan a los espectadores cuando salen de un partido para que puedan volver a entrar.

Hay quien pide a los que salen del tenis las entradas de paseo por el recinto

Haber entrado ya les parece suficiente, y no se atreven a dárselo a quienes controlan las entradas a la pista principal. Algo perdidos, Alejandro, de 14 años, les lleva al lugar donde se juega a un videojuego de tenis. Si ganas al empleado, te regala una camiseta. Alejandro espera su turno tras otro adolescente, que no consigue ganar un solo juego. Alejandro gana el primero.

Por allí también rondan Sebastián, José Luis y Anás. Entraron de la misma manera. También viven en San Fermín, y llevan bolsas con todos los regalos promocionales que han conseguido en los stands que abarrotan la Caja Mágica: maquinillas de afeitar, pelotas de tenis, una mochila... Mientras Serena Williams juega en la pista Manolo Santana y queda ya poca gente, ellos siguen dando vueltas. “Mira, se han dejado una mochila”, se lanza Sebastián hacia una columna. Le para uno de los trabajadores que controla la entrada a las tribunas, que la había dejado apoyada allí.

Dentro del recinto, se despliegan 14 escoltas que acompañan a los tenistas en sus trayectos y 172 guardias de seguridad que controlan los accesos que separan a los jugadores del público, el aparcamiento y las vallas exteriores con perros, o impiden el paso de comida o bebida. Dos de ellos reciben un aviso. Hay tres personas que, desde la entrada del barrio, admiran los coches en que se mueven los jugadores, aparcados a lo lejos. “Chicos, no podéis estar aquí”. El improvisado mirador está antes del control de la entrada. Los chicos se marchan entre bromas y siguen caminando hacia las calles de San Fermín, su barrio. Pegado a la Caja Mágica, varios escalones por debajo.

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