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El otro Mirlo Blanco

Nace una sala de teatro a modo de laboratorio de actores

El Mirlo Blanco fue el nombre que recibió el teatro de cámara creado en el domicilio de Ricardo Baroja y su esposa, Carmen Monné, en el número 24 de la calle de Mendizábal de Madrid. Desde 1923 se reunían las noches de los sábados en la casa del matrimonio Baroja un grupo de escritores entre los que se encontraban Rivas Cherif, Manuel Azaña, Valle-Inclán, los hermanos de Ricardo, Pío y Carmen Baroja, y algunos más. En una de las tertulias sabatinas se decidió crear un teatro para representar obras de los propios asistentes que no llegaban a los teatros comerciales madrileños. Se le dio el nombre de El Mirlo Blanco en atención a su rareza dentro de la escena española y como un guiño irónico a El pájaro azul de Maeterlinck y a otras aves del imaginario simbolista.

Desde ayer existe en Madrid otro Mirlo Blanco, en la segunda planta del teatro Valle-Inclán (Centro Dramático Nacional). Ahí, en pleno corazón de Lavapiés, se impartirán cursos dirigidos e impartidos por los directores del momento que convertirán ese espacio en una especie de laboratorio teatral del que saldrán obras que nutrirán la oferta escénica de la ciudad.

La primera sesión fue ayer, con un encuentro sobre el oficio de actor encabezado por Núria Espert.

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