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Manifestaciones bajo lupa policial

Pocos centenares de ateos, laicos y críticos contra el 'tarifazo' se congregaron ayer en el centro

El despliegue policial acompañó las dos marchas y no se produjeron incidentes

Los manifestantes contra la subida del transporte público recorrieron las calles aledañas a la Puerta del Sol. Ampliar foto
Los manifestantes contra la subida del transporte público recorrieron las calles aledañas a la Puerta del Sol.

“Con tantos policías, está la cosa como para colarse ahora en el metro”. La frase se repetía continuamente entre el centenar de manifestantes que acudió este viernes a la Puerta del Sol convocado por el grupo Yo no pago, movimiento que promueve colarse en el suburbano para protestar contra la subida del transporte público. Un fuerte despliegue policial rodeaba a los manifestantes. Decenas de agentes de la Unidad de Intervención Policial (UIP) pedían la documentación aleatoriamente a los asistentes mientras dificultaban el acceso a la estación del metro Sol por la entrada de la calle Alcalá. Pero la presencia de los antidisturbios no amilanó a los convocados, que decidieron desplazarse hasta la plaza de Ópera para ver si en esa estación tenían más suerte. Entre los 300 asistentes destacaba un grupo de actores disfrazados, según ellos, de “recortes”, que coreaban sin cesar: “Había una vez un billete sencillito, había una vez un billete sencillito que no podía ni pagar”.

Las furgonetas policiales les seguían en todo momento y, al igual que en Sol, les impidieron colarse en los metros de Ópera y Callao. Al llegar a Gran Vía, los manifestantes empezaron a correr cortando el tráfico de la calle y, como era de esperar, decenas de antidisturbios acorralaron a un centenar de ellos en el tramo de la acera entre las tiendas de Sephora y HM. Los agentes pidieron la documentación a la mayoría pero no hubo más incidentes. “Ya han conseguido lo que querían, intimidarnos y que nos fuéramos a casa”, lamenta C. L, una joven de 23 años.

Marcha laica sin incidentes

Mientras los manifestantes del Yo No Pago protestaban contra el tarifazo en Sol, unos doscientos laicos y ateos se congregaban en el barrio de Lavapiés para celebrar la procesión atea del jueves santo, desautorizada la pasada Semana Santa por la Delegación del Gobierno. Poco antes de la marcha, cuyo lema es No más privilegios. De mis impuestos, la Iglesia cero. Por la libertad de expresión y manifestación, la delegada del Gobierno, Cristina Cifuentes, advirtió a los convocantes de que si durante la manifestación se realizaban actos que supusieran “una ofensa a la religión católica”, dejaría de tener una finalidad lícita y se procedería “a su disolución”.

Los jóvenes del Centro Social Okupado Casablanca sacaron una tetera gigante en procesión para parodiar los pasos típicos de Semana Santa. Durante el recorrido, una señora intentó incluso cantar una saeta. Los manifestantes portaban pancartas en las que defendían la libertad de expresión como respuesta a la anterior prohibición de la marcha. A diferencia de la marcha contra el tarifazo, esta segunda manifestación no ha estado escoltada por la policía. “Delegación del Gobierno lo presentó como una marcha atea o laica, pero esa no era nuestra intención. Queríamos manifestarnos contra los privilegios de la Iglesia” explicaron en el manifiesto leído al final del acto, en la plaza de Lavapiés, donde sí había desplegado un fuerte dispositivo policial.

La intención de estas organizaciones era hacerla simultáneamente con las procesiones católicas de Semana Santa el 5 de abril pero Delegación del Gobierno en Madrid rechazó la autorización por su "evidente voluntad de provocación" a los católicos. Argumentó que se trataba de una fecha "de especial significación para los católicos" y que podría alterar el orden público. Dos de los convocantes, la Asociación Madrileña de Ateos y Librepensadores (AMAL) y la asociación vecinal La Playa de Lavapiés-también convocan los grupos anarquistas Volia, Albatros y la Tetera de Russeff- recurrieron la decisión al Tribunal Superior de Justicia de Madrid, que dio la razón a Cristina Cifuentes. Aunque habían amenazado con celebrarla igualmente, las asociaciones decidieron desconvocarla.

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