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Alberto Durán sabe torear

La novillera Conchi Ríos no estuvo a la altura de la plaza de Las Ventas

El centro de atención estaba en Conchi Ríos, novillera de Murcia que el pasado verano, en un festejo nocturno consiguió abrir la Puerta Grande. Tras un triunfo de ese calado la plaza supo recibirla con una ovación nada más romperse el paseíllo. Esos fueron los aplausos más fuertes que recibió la aspirante a matadora. Tuvo un buen saludo de capote con el que cerró plaza y bastante valor para aguantar en ese novillo con un viento que le dejaba al descubierto.

Viento en Las Ventas

Plaza de toros de Las Ventas, un cuarto de entrada cubierta. Fuerte viento y frío. Novillos de Juan Antonio Ruiz 'Espartaco', bien presentados. Nobles y encastados, destacaron segundo, tercero y quinto. Alberto Durán, ovación tras leve petición y ovación y aviso; Raúl Rivera, silencio y silencio tras dos avisos y Conchi Ríos, silencio tras aviso y silencio.

A Ríos se le notó algo falta de seguridad en sí misma para aguantar los cites y encadenar los muletazos. No pareció la misma novillera que el año pasado. Estuvo a punto de resultar herida de no ser por la nobleza de este animal. Tras salir de una tanda, los nervios le jugaron una mala pasada y quedó a merced del novillo, en la cara. Tuvo suerte, pero no sucede siempre.

Alberto Durán, sin terminar de cerrar un triunfo, sobre todo con el estoque, fue el que mejor entendió una novillada con buen fondo de bravura y nobleza. Con el primero mientras el molesto viento se lo permitió sacó un par de tandas por el pitón derecho.

Lo mejor llegó en el cuarto, con brindis incluido al ganadero. El zamorano evidenció que tiene condiciones, que corre la mano con temple y, cuando lo ve claro, se coloca en el sitio donde embisten los toros. Lo hizo a pesar de tener el mismo vendaval que sus compañeros de terna. Dejó claro, aunque fuera de manera intermitente, que sabe torear.

Raúl Rivera, todo voluntad, tuvo la mala fortuna de pechar con el mejor lote. Permitió que le primero se masacrara en el caballo y con el quinto no pasó de voluntarioso y bullanguero, casi acelerado. No basta con querer hacer todo: capote, banderillas, muleta a toda velocidad.

 

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