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"Perdí el conocimiento, aparecí en mi habitación con dolores y orinado"

La Junta abre un expediente a un centro de menores tras la denuncia de un joven

José Chamizo, Defensor del Pueblo Andaluz, entrega de su informe anual. Ampliar foto
José Chamizo, Defensor del Pueblo Andaluz, entrega de su informe anual.

"No me toques los cojones y entra ya o dormirás aquí fuera, me amenazó. Yo no quería aceptar la sanción porque me parecía injusta y me quedé fuera. A las dos horas, llegó de nuevo. Me agarró del brazo izquierdo y del cuello. Pude oler el aliento a alcohol que desprendía. Me dejó sin respiración y me arrastró hasta la habitación. Me golpeó fuertemente en la pierna izquierda. Perdí el conocimiento. Aparecí en mi habitación con dolores y orinado". Es parte del relato de A. G. I., de 21 años, interno del centro de menores Tierras de Oria (Almería) y en el que describe la agresión que asegura haber sufrido por parte de su coordinador. La denuncia se instruye en los Juzgados de Marbella, de donde procede el interno y donde su familia ha interpuesto dos más debido a las "continuadas represiones físicas y verbales" de las que, dicen, sigue siendo víctima A. G. I.

 La Delegación del Gobierno de la Junta en Almería ha abierto un expediente informativo para investigar lo ocurrido y depurar responsabilidades en caso de que los hechos hayan sucedido tal y como los cuenta el interno. Ese día, el 28 de noviembre de 2011, A. G. I. tenía ciática y solicitó no hacer la actividad deportiva. En ese momento le dieron permiso, pero por la noche le comunicaron que, al no haber asistido a clase, le restaban créditos y le retiraban la televisión, según "órdenes del coordinador". El interno solicitó ver al coordinador, pero al negarle la posibilidad de debatir lo sucedido, decidió permanecer fuera de la habitación como protesta ante una sanción "injusta". Al cabo de una hora, relata, el coordinador se presentó en su módulo y comenzó la pelea.

Una vez que, según su relato, recuperó el conocimiento, el subdirector le llevó a la habitación de consulta. "La enfermera hizo la exploración de daños en presencia del subdirector y del coordinador. Observó el moratón del brazo y pierna izquierdos y dijo que podía habérmelos hecho yo mismo y no dejó constancia de los daños". El subdirector le trasladó después a la sala de audiencias y le dijo sonriendo: "Estaba preocupado porque pensaba que te habíamos dejado alguna marca en el cuello, pero ya veo que no, así que haz lo que quieras, nadie te creerá. El delincuente aquí eres tú", cuenta A. G. I.

La familia del chico, interno en el centro de Tierras de Oria, ha pedido su traslado

Los dos días siguientes los pasó en el cuarto de aislamiento: sentado en una silla y sin poder dormir por la noche en la cama debido a la intensa luz fluorescente del habitáculo. Después, pasó otros tres días más encerrado en su habitación, según la familia, que intentó sin éxito contactar con él esos días.

"Me ponían excusas: está en el patio, está en el comedor… hasta que me puse seria y lo reconocieron. Me dijeron que estaba reflexionando sobre una actitud negativa que había tenido", recuerda Gabriela I., madre del interno. La familia ha solicitado el traslado a otro centro porque temen por la integridad de su hijo. "Las amenazas y agresiones van en aumento", hace constar la madre en la última denuncia contra el coordinador, presentada hace un mes. A. G. I. tiene 21 años y se encontraba en la fase finalista, a punto de salir del centro, donde ingresó en 2009. Cuatro años antes le impusieron la primera medida judicial. Siempre han sido por delitos informáticos.

"Nunca le hemos excusado ni amparado, pero es nuestro hijo y sabemos que lo está pasando mal allí por las agresiones", reconoce la madre.

La Junta no les responde y no descartan, en este sentido, denunciar también la gestión que se ha realizado con el expediente de su hijo. "Nos sentimos desamparados. Estos centros permanecen sumamente ocultos a cualquier control y sabemos que hay muchas familias que han denunciado", asegura la madre.

Quejas al Defensor del Pueblo

La oficina del Defensor del Pueblo andaluz publicó el pasado año un informe sobre el centro de menores Tierras de Oria tras recibir cinco expedientes de queja de internos en relación a algunos supuestos castigos adoptados por la dirección. La queja común era la aplicación de una medida de aislamiento en un cuarto en el que permanecen los menores sentados en una silla y con luz fluorescente que nunca se apaga. Tan solo pueden levantarse para ir al comedor o al patio. Esa situación se puede prolongar durante días. "En todos los casos", se recoge en el informe, "los menores afectados por tal incidente coincidían en lamentar el excesivo tiempo que permanecieron inmovilizados, sujetos por correas, así como el daño psicológico que les producía la iluminación continua de la habitación al no permitirles conciliar el sueño con facilidad".

Los inspectores de la oficina del Defensor del Pueblo andaluz visitaron este cuarto, varios módulos y realizaron entrevistas a internos y a trabajadores tras recibir las quejas.

Estas irregularidades no fueron reconocidas por la dirección ni el resto del equipo del centro. Sin embargo, los inspectores, a la vista de la información obtenida de sus entrevistas a internos, destacan que "tal coincidencia en el relato efectuado por los menores hace que debamos albergar alguna duda en cuanto a la posible existencia de hechos aislados que no responden al clima ordinario de convivencia en el centro". Estos hechos, continúa el informe, "de haberse producido en las condiciones exactas en las que los menores se pronuncian no se corresponderían con las previsiones establecidas en la legislación reguladora de la responsabilidad penal de los menores".

El Defensor del Pueblo andaluz, José Chamizo, recomienda al centro la adopción de medidas para "garantizar que la aplicación de la separación de grupo y contención mecánica se limite al tiempo absolutamente indispensable para la solución del incidente". Pide a la Administración que dé instrucciones al centro para "evitar" que los menores permanezcan inmóviles en el cuarto de aislamiento y para que "reduzcan" la intensidad de la luz en dicho cuarto con el fin de que los internos puedan descansar.