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justicia

Las denuncias por ataques de menores a sus padres se disparan un 54%

Las fiscalías instruyeron el año pasado 173 casos, casi uno cada dos días

Instalaciones del centro tutelar de menores de Zumarraga, dependiente de la Diputación de Gipuzkoa.
Instalaciones del centro tutelar de menores de Zumarraga, dependiente de la Diputación de Gipuzkoa.

Muchos hogares se han convertido en un infierno, aquellos en que los hijos menores suponen un peligro para sus padres, hijos que les agreden si no acceden a sus demandas o deseos. Los datos a los que ha tenido acceso EL PAÍS muestran que las Fiscalías de Menores del País Vasco tramitaron el año pasado un total de 173 denuncias por la llamada violencia filioparental, es decir la que cometen los hijos contra sus padres u otros familiares directos como hermanos o abuelos. Suponen casi una cada dos días y 60 más que en 2010, con un incremento en un solo año de casi un 54%.

Por territorios, Bizkaia registra el mayor número de denuncias tramitadas por este motivo, con un total de 81, un aumento del 55,7% con respecto al ejercicio precedente. Le siguen Gipuzkoa, con 71 casos denunciados (un 39,2% más), y Álava, con 21 y el mayor aumento porcentual interanual: un 110%.

Bizkaia registra más de la mitad de las denuncias presentadas

Roberto Pereira, director de la Asociación Escuela Vasco-Navarra de Terapia Familiar, apunta: “Con los datos debemos tener en cuenta que estamos hablando solo de denuncias interpuestas. Es decir, existen muchos padres que no dan el paso bien porque piensan más en el hijo, bien porque ello supondría admitir un fracaso o sencillamente porque en ciertas ocasiones no se entiende a los padres que presentan denuncia”.

Este profesional añade que “normalmente desde que sucede la primera agresión hasta que los padres denuncian los hechos porque la situación se ha agravado pasan varios años. Y dan el paso porque el agresor ha adquirido ya unas condiciones físicas determinadas que pueden conllevar daños mayores”.

De las 1.584 denuncias por delitos cometidas por menores que el año pasado investigaron las fiscalías encargadas de esta materia en la comunidad autónoma solo un 12% se debieron a asuntos relacionados con la violencia filioparental o con agresiones sexistas.

Los menores implicados en estos delitos tenían entre 14 y 17 años

En este último caso —violencia machista—, el número total de denuncias tramitadas ascendió a apenas cuatro, un 75% menos que el ejercicio precedente, regresando a los niveles de 2009. Bizkaia es el territorio en el que se concentran principalmente las denuncias. Si se suman las causas contra menores abiertas el año pasado por violencia filioparental y machista se puede comprobar que en Álava el incremento registrado es de un 120%, lo que supone duplicar ampliamente las denuncias registradas, en Gipuzkoa de un 33,3% y en Bizkaia, de un 48,2%.

En el caso de los menores, la gran mayoría de las denuncias que se producen por violencia doméstica se refieren a agresiones a progenitores y, en menor medida, a otros familiares como hermanos. Por edades, la mayoría de los menores que cometieron el pasado ejercicio un delito de este tipo, tenían entre 14 y 17 años.

“No existe un perfil concreto, pero es verdad que son más chicos que chicas, aunque ellas utilizan más la violencia psicológica que la física, más propia de ellos”, apunta Esther Calvete, profesora del Departamento de Personalidad y Tratamiento Psicológico de la Universidad de Deusto.

“Muchos padres no dan el paso de denunciar”, recalca un especialista

“Son menores que frecuentemente muestran conductas agresivas también fuera de su casa, que tienen una autoestima baja e incluso muestran síntomas de depresión”, detalla Izaskun Ibabe, profesora del Departamento de Psicología Social de la UPV.

En el caso de los progenitores agredidos el perfil resulta muy amplio: abarca desde quienes tienen un alto poder adquisitivo hasta quien se encuentra divorciado y se ha quedado con los hijos a su cargo. Ibabe precisa que las madres sufren con mayor frecuencia las agresiones.

Pereira opina que habría que distinguir dos tipos de violencia filioparental: “Una es la que hemos vivido siempre, la de un menor expuesto a la violencia ejercida por sus padres hacia él o del padre contra la madre que, al llegar a la adolescencia, reproduce conductas que ha observado”. Y, prosigue, “por otro lado está la violencia que surge en familias no desestructuradas con jóvenes que llevan una vida normal, pero en las que de la noche a la mañana, por motivos como una mayor permisividad en el modelo educativo o social, se producen este tipo de episodios”.

“Las chicas utilizan más la violencia psicológica”, apunta una profesora

Ibabe comparte este diagnóstico y lo amplía sosteniendo que “son los estilos de crianza autoritarios con castigos severos o los estilos permisivos y negligentes sin normas los que favorecen que surjan estos conflictos”. Es entonces cuando el menor se rebela ante ellos y comienzan, primero, los problemas de convivencia y después, los violentos, en una clara escalada que va desde las agresiones verbales iniciales a las físicas. “Cuando uno empieza a ejercerla descubre los beneficios que puede conseguir con ella, por ejemplo, dinero, y eso es lo que hace que se mantenga”, incide Pereira.

Los expertos apuntan que no siempre uno de los factores que determina la aparición de la violencia en el núcleo familiar es el consumo de tóxicos por parte de los menores, pero sí está presente en muchos casos. “De hecho, en estudios realizados se ha comprobado que menores infractores por este tipo de violencia consumían más drogas que otros chicos de su edad autores de otro tipo de delitos”, precisa Ibabe. En la mayoría de los casos que las Fiscalías de Menores vascas instruyeron el año pasado sí se constataron evidencias de consumo de marihuana, hachís o pastillas como uno de los detonantes de la situación.

Con este escenario de fondo, las tres Diputaciones abrieron el año pasado un total de 169 expedientes de guarda para menores frente a los 192 registrados en 2010, lo que significa un 11,98% menos. Las instituciones forales asumen la guarda de estos menores en los centros de protección que tienen abiertos o derivándolos a alguna familia de acogida.