El nacionalismo más allá del Bloque

Pequeñas organizaciones que van de la derecha liberal galleguista al comunismo independentista intentan resituarse en el espacio nacionalista

Xosé Manuel Beiras (derecha) y Martiño Noriega, ambos de espaldas, en la asamblea del 12 de febrero.
Xosé Manuel Beiras (derecha) y Martiño Noriega, ambos de espaldas, en la asamblea del 12 de febrero.Óscar Corral.

El 12 de febrero de 2012 ya es historia. Ese día, Xosé Manuel Beiras y la corriente que lideraba dentro del BNG, el Encontro Irmandiño, decidieron abandonar la organización. No fue la primera baja sonada —antes se habían marchado la exconselleira Teresa Táboas o el exsenador Pérez Bouza— ni la última —el mes pasado, tres cuartas partes de Máis Galiza tomaron el mismo camino—, pero sí la más simbólica. Al fin y al cabo, Beiras había conducido el frente de partidos durante más de 20 años, era, aún este año, su figura más popular, y lo había llevado del antifranquismo a primera fuerza de la oposición. Ahora, los irmandiños son quienes en voz más alta se esfuerzan por juntar los pedazos dispersos del nacionalismo en lo que denominan Novo Proxecto Común. Pero no todas las pequeñas organizaciones, grupos de opinión o formaciones locales que existen al margen del Bloque están por la labor.

El espectro político de esta constelación resulta amplísimo. Con el único elemento en común de considerar que la soberanía reside en Galicia, en lo nacional van del galleguismo templado de Terra Galega a la apuesta por la independencia de Nós-Unidade Popular. Y en lo político, del comunismo de la Frente Popular Galega (FPG) a la derecha liberal de Converxencia XXI. Precisamente las siglas que aún hoy reivindican la posibilidad de un nacionalismo no de izquierdas comenzaron, la semana pasada, a reunirse en un foro de discusión. Promovido por Converxencia XXI, que lidera su único concejal, el tudense Carlos Padín, en él se sentaron el Partido Nacionalista Galego —recién escindido del BNG—, Terra Galega —el partido de Xoán Gato que gobierna en Neda y en Narón—, Alternativa Popular Galega —con presencia en algunos consistorios ourensanos— y el Partido Galeguista Demócrata —con ediles en Oroso, O Grove, Cambre, Lalín y Padrón. Lo más concreto que han expresado es que trabajan “en un proceso abierto a ciudadanos y organizaciones que tengan a Galicia como prioridad y el centro como espacio político de referencia”.

Los ‘irmandiños’ son los que en voz más alta buscan un Novo Proxecto

Aunque en Máis Galiza militaban cargos que podrían suscribir esa idea del “centro político”, sus estatutos y discurso socialdemócrata la sitúan en la izquierda. Liderada por Xoán Bascuas desde que salió del Bloque, la organización había configurado antes la principal fracción interna de oposición al dominio de la UPG. Entonces el diputado Carlos Aymerich se encontraba al frente de la misma, pero ni él ni ninguno de los diputados y alcaldes aceptaron la decisión mayoritaria de sus afiliados y permanecieron en el BNG. Máis Galiza, el otro vértice del Novo Proxecto Común (NPC), no quiere oír hablar de reeditar la fórmula de frente de partidos y apuesta por un individuo, un militante.

No muy lejos ideológicamente aparece el colectivo ecogaleguista, cuyo rostro más conocido se llama Xoán Hermida. En sus filas cuentan con exmilitantes del Bloque como Daniel Beiras, el escritor Lino Braxe o el fundador del Seminario Galego de Educación para a Paz, Manuel Dios. Participan de las conversaciones del NPC. Al igual que el exsecretario general de Relacións Institucionais del bipartito Xoán Antón Pérez Lema, el empresario Rafael Cuíña o la exconselleira Teresa Táboas, agrupados bajo el nombre Acción Galega.

Pero no solo a la derecha del BNG, ahora integrado por la Unión do Povo Galego —de principios comunistas—, el Movemento Galego ao Socialismo —ruptura de la U— y miles de independientes, hay vida. Por la izquierda hace ya 13 años que se fue Primeira Linha. Alrededor de este partido comunista e independentista, cuyo secretario general es Carlos Morais, orbita Nós-Unidade Popular, “organización política de masas”. No cuentan con representación institucional, pese a que se han presentado a elecciones autonómicas y municipales, y ya han descartado entablar conversaciones con los impulsores del NPC. Sí tiene presencia instucional, desde hace décadas en el Ayuntamiento de Cangas do Morrazo, otro partido comunista e independentista, la FPG, en cuyo origen confluyeron soberanistas y una escisión del Bloque, el Partido Comunista de Liberación Nacional. En sus filas forma el presidente de la Real Academia Galega, Xosé Luís Méndez Ferrín. Finalmente, está la plataforma Causa Galiza. Defiende la autodeterminación y nació para superar “la atomización de la izquierda independentista”, aunque en los últimos meses ha sufrido bajas públicas. La entidad ya ha tenido varios contactos con los irmandiños y en su último plenario ha acordado “participar en los procesos constituyentes abiertos en el nacionalismo gallego”.

Una historia agitada

Aunque la reciente ruptura de irmandiños y Máis Galiza es tal vez la más importante desde el punto de vista cualitativo y cuantitativo de los 30 años de historia del BNG, antes hubo más. Entre las traumáticas y ocurridas en el seno de la UPG —núcleo del Bloque—, se encuentra la de 1977, cuando uno de los fundadores, Méndez Ferrín, se marchó por la izquierda y constituyó la UPG-Liña Proletaria. Este vector confluyó, a finales de los años ochenta, con la primera escisión significativa del Bloque, la del Partido Comunista de Liberación Nacional —del que formaba parte el entonces secretario general de la U, Mariano Abalo—, para conformar la FPG.

Pero durante esa travesía, el BNG que desde 1982 encabezaba Beiras también sumaba colectivos y pequeños partidos, a derecha y a izquierda. Inzar, que recogía los restos del sesentayochismo —Movemento Comunista y Liga Comunista— y que su líder, Xesús Veiga, viene de disolver, se incorporó en 1993. También lo hizo Unidade Galega, antes PSG-Esquerda Galega, de Camilo Nogueira. El propio Nogueira tardó algo más, pero acabó eurodiputado por el BNG. Cuatro años antes había entrado el Partido Nacionalista Galego, recién salido del Gobierno tripartito.

No fue hasta 1999 que otra fracción optó por abandonar la autodenominada “casa común del nacionalismo”. Primeira Linha, nacida en 1996, se separó del tronco con el argumento de la derechización y el autonomismo del Bloque. Una década después, el Movemento pola Base, salido de la UPG, se partió. Una mitad formó el Movemento Galego ao Socialismo y la otra rompió con el partido que entonces dirigía Anxo Quintana.

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