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Arenas busca la reinvención del PP

El líder popular prepara a su partido para combatir el pacto PSOE-IU y la eventualidad de una legislatura corta. Tiene una cosa clara: no volverá a presentarse a la Junta

Arenas, en la reunión del Comité Ejecutivo, el pasado día 27.
Arenas, en la reunión del Comité Ejecutivo, el pasado día 27.

Javier Arenas es un político difícil de tumbar. Curtido en los vaivenes de una larga trayectoria, siempre encuentra una rendija por donde escurrirse y resurgir. La misma noche del 25 de marzo, cuando la mayoría de los dirigentes de su partido deambulaban por la sede del PP cabizbajos y aplanados por el golpe del inesperado desenlace, ya empezó a barruntar una salida. Entre las 21.30 —el momento en que se verificó la poca distancia sobre el PSOE (50 a 47 escaños)— y su comparecencia a las 22.20, el candidato improvisó un discurso con dos premisas. La primera: el PP tiene más votos y, por tanto, la autoridad moral; y la segunda: lo realmente crucial sigue siendo superar la crisis económica, para lo que está dispuesto a colaborar.

En sus palabras, sin embargo, se colaron un par de errores que ha procurado enmendar después. Pronunciar la frase “hasta aquí hemos llegado”, que sugería que arrojaba la toalla y se iba de inmediato, y asumir de manera implícita que el único papel del PP sería el de oposición. Por eso enseguida inició una maniobra de rectificación para subrayar la condición de vencedor de su partido y se lanzó a ofrecer acuerdos a los socialistas, a sabiendas de que era un esfuerzo estéril. Hasta escribió una carta a José Antonio Griñán, sin darse por enterado de su desplante. Todo de forma redundante, porque al líder le han seguido en lo de proponer diálogo y pactos los demás dirigentes, que en el PP se suelen mover en cadena para conseguir un efecto multiplicador.

Se trata de evitar la sensación de vacío, contraatacar y llenar estos días de resaca electoral —que enlazan directamente con las vacaciones de Semana Santa— de actividad y dinamismo. La idea es que se perciba que el PP, reforzado por su triunfo en las urnas, aún marca la iniciativa política en Andalucía. Incluso de la chistera de los populares ha emergido un exótico conejo que plantea que Arenas sería capaz de renunciar a la presidencia en un hipotético Gobierno de concentración (si también lo hace Griñán, claro) y abrir paso a otra persona.

Los populares tratan de trasladar que aún conservan la iniciativa política

Mientras, gana tiempo para decidir sobre su situación personal y la del PP andaluz, tantea posibles escenarios, recompone, revisa los efectivos, ensaya. La nueva coyuntura requiere de una reflexión genuina y cambiar la estrategia por completo. Javier Arenas debe reinventar el enfoque de la organización que dirige y reinventarse a sí mismo. Porque si algo está claro, es que no habrá un quinto intento de llegar al Palacio de San Telmo. Ha fallado en cuatro ocasiones en un dilatado lapso de 18 años y eso es más que suficiente.

Su futuro es un enigma. Quienes le rodean aseguran que en ningún caso se le ha pasado por la imaginación dejar la política. Se dice que su relación con Mariano Rajoy es tan buena que puede ser casi lo que quiera, inclusive ministro en la primera crisis de Gobierno que se produzca. No obstante, es preciso recordar que ha perdido predicamento en la calle Génova desde el congreso de febrero (celebrado en Sevilla), en favor de Dolores Cospedal, la secretaria general, con quien ha colisionado repetidas veces hasta erigirse sin disimulo en su enemiga interna.

Y también que el fracaso en la toma de la presidencia de la Junta ha animado a sus contrarios en el partido a señalarle con el dedo y runrunear que si en unas condiciones inmejorables —el deterioro del PSOE andaluz, atravesado por el caso de los ERE— no ha podido revalidar el voto que obtuvo hace cuatro años (162.000 sufragios menos), es hora de asumir que el PP andaluz tiene un grave problema con Javier Arenas al frente.

Sin duda, intentará recuperar su papel de antaño en el PP de Rajoy. Cuenta con muchos aliados, pues hasta hace unos meses —cuando empezó a asentarse la convicción de que lograría la mayoría absoluta— había jugado a la baza del salto a la política nacional. Esto es: anduvo con un pie en Andalucía y otro en Madrid. De momento, va a seguir en la comunidad y optará a la reelección en el congreso regional previsto para el verano. “Cualquiera que sea su destinto, su influencia en el PP reside en el control territorial de Andalucía”, señala una fuente. “Habrá que mirar con atención el nuevo equipo que surja de este cónclave”, apunta otro dirigente, quien añade que todavía es pronto para especular con la persona que puede suceder a Arenas en la candidatura a la Junta.

El nuevo grupo parlamentario no fue diseñado para estar en la oposición

Lo más perentorio es darle la vuelta al modelo actual de partido, diseñado para gobernar, pero no para estar en la oposición. Una oposición que, además, se presiente áspera, rocosa. Andalucía (la comunidad más poblada del país) no solo supone un enorme contratiempo al Gobierno de Mariano Rajoy, que pensaba lanzar con su conquista el mensaje a Europa de que controlaba toda España. Es donde se va a atrincherar el PSOE para combatir al Ejecutivo, donde tratará de demostrar que existe otra alternativa. Y encima con la alianza de IU, una formación que inclinará la nave siempre hacia la izquierda.

El primer escollo es el grupo parlamentario, cuyo armazón se levantó para apoyar a Arenas a la Junta. Varios de los alcaldes que le ayudaron a cercar a Griñán en la pasada legislatura ya no son diputados, y los que lo son tendrán que dejar el cargo por la incompatibilidad que marca la ley Electoral, si el Constitucional (el Gobierno la ha recurrido) resuelve pronto y falla a favor de la normativa andaluza. En cualquier caso, la cifra es escuálida —ocho frente a los 17 del anterior mandato—, precisamente cuando el PP necesita más que nunca de su contrapeso.

La estrategia troncal que Arenas pondrá en órbita a corto plazo es incidir en la inestabilidad del futuro acuerdo entre PSOE e IU, así como en el carácter tornadizo de su presidente. “¿Quién no te dice a ti que un día se levante Griñán y diga: ‘Yo no puedo gobernar con estos comunistas’, y adelante las elecciones?”, avanza un dirigente, quien apuesta por una legislatura corta, como la de la pinza (1994-1996). En esta clave —una vez cumplido el protocolo de diálogo y propuestas del debate de investidura— prepara el líder andaluz los meses venideros. La rendija por la que iniciará su remontada se verá más tarde.