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Corazón de cristal

Se intuía y se deseaba. Al fin, un cantante español con madera de liederista. ¿Una sorpresa? Relativa. Gabriel Bermúdez es un barítono que lleva el canto en las venas. Su familia es la Rodríguez Aragón, casi nada en estas lides. Un buen día vino a Madrid con William Christie en el proyecto Le jardin des Voix e hizo un Lully como raramente se escucha. Se instaló una década en Zúrich. Ganó el Premio Campoamor en 2007 al mejor cantante revelación.

En algún momento tenía que llegar la hora de la verdad en su país. Fue el pasado lunes en el ciclo de Lied, arropado nada más y nada menos que por el pianista Helmut Deutsch. La cosa iba en serio y Bermúdez se la jugó con un programa escalofriante de dificultades que incluía a Schubert, Schumann —con el ciclo Liederkreis nada menos—, Wolf y Schoenberg.

GABRIEL BERMÚDEZ

Con Helmut Deutsch al paino. Lieder de Schubert, Schumann, Wolf y Schoenberg. XVIII Ciclo de Lied. Teatro de La Zarzuela, 26 de marzo.

Las bazas del barítono eran la dicción y el fraseo, algo insólito en un cantante español de lied. Su expresividad fue exagerada en Schubert, pero magistral en Schoenberg. Su manera de hacer Wolf entra por derecho más que sobrado en una antología del lied visto desde España. Y detrás, Helmut Deutsch, un pozo sin fondo de sabiduría en el acompañamiento pianístico.

Las propinas fueron un remanso de paz con Guastavino, Toldrá y Falla, en español, por si alguien no se había enterado de lo importante que es la transparencia en la palabra cantada. Uno de los mayores conocedores líricos de nuestro país afirmaba entre pasillos que si en vez de Bermúdez se apellidase Schellenberger o algo así se estaría ya hablando de un fenómeno mundial en este universo liederístico. ¿Qué quieren que les diga? Pienso exactamente lo mismo.

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