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El refugio del “legado terrible”

Arenas condiciona todas sus medidas a cómo se encuentre las cuentas

Javier Arenas, en Viator.
Javier Arenas, en Viator.

A Javier Arenas le gustaría tener un mando a distancia mágico para dejar en stand by lo que sucede en el resto de España hasta el día 25, de modo que nada perturbe su campaña monocorde de la trilogía de paro-despilfarro-corrupción. Pero eso solo pasa en las películas de ciencia ficción, y el toro que viene de fuera le dio ayer dos cornadas. Por un lado, la Audiencia Nacional reabrió el caso Gürtel, lo que le resta protagonismo en el ranking de las corrupciones políticas al caso de los ERE. Y por otro, saltó a primera plana el debate sobre el copago sanitario que, según se ha sabido, el Gobierno discute y estudia con las comunidades autónomas para garantizar la sostenibilidad del sistema.

El candidato del PP intenta que las medidas y polémicas del Ejecutivo de Mariano Rajoy y su partido se queden atascadas en Despeñaperros. Trata de taponar lo que traspasa esta frontera con un rosario de dependes y alusiones a la “herencia terrible” de los socialistas que se le va a venir encima cuando empiece a abrir los cajones de la Junta, si llega a gobernar. Con esta receta despejó ayer en una panadería de Viator (Almería) las peticiones de aclaración de sus planes concretos respecto al copago sanitario y la competencia agrícola de Marruecos. Sin que nadie le preguntara, también empezó por ahí el apartado de la propuesta fiscal. “¡Cuánto me gustaría bajar multitud de impuestos! No sé si voy a poder hacerlo, tendremos que estudiar a fondo las cuentas públicas”. En estos meses atrás, Arenas ha criticado con dureza el cesto de tributos que creó José Antonio Griñán para hacer frente a la crisis, y se comprometió a suprimirlo. Sin embargo, cuando el cumplimiento del déficit impuesto por la Unión Europea empezó a arreciar, dio marcha atrás y solo mantuvo la promesa de suprimir el impuesto de sucesiones y donaciones, aunque en un plazo gradual de cuatro años.

Curiosamente, una de las veces que introdujo la coletilla de la “herencia terrible” para matizar una propuesta, fue cuando desveló la cifra que estima necesaria de recorte para ajustarse al déficit de 1,5% fijado por el Gobierno para las comunidades autónomas en este ejercicio presupuestario. Un dato que hasta ahora era uno de los secretos camuflado tras las vaguedades con las que salpimenta su periplo por Andalucía. Según dijo, hará falta reducir el gasto corriente en más de 1.000 millones de euros.

En un mitin en la localidad almeriense de El Ejido, procuró volver a meter la campaña por la vía que ha dispuesto su partido —y por la que hasta ahora ha rodado, si bien ayer descarriló un poco—, y repitió que lo que está en juego no es la ideología de izquierdas o derechas, sino una elección muy simple: el inmovilismo socialista o el viraje que él propone. Hasta el punto de que llegó a plantear una especie de ultimato: “O el suicidio, o el cambio del PP”.

En El Ejido la corrupción se cayó del guión. Arenas la sustituyó por el sentimiento español, la apelación al olvido de la Guerra Civil y soluciones para los problemas de la agricultura.