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Los autobuses en Barcelona irán a la huelga a partir del lunes

El paro, de cuatro días, duplicará los tiempos de espera en las paradas

Una mujer sube a un autobús en Barcelona, de la línea 62.
Una mujer sube a un autobús en Barcelona, de la línea 62.

Si no ocurre nada inesperado, el metro funcionará con normalidad la próxima semana y los empleados de autobús harán huelga los días 27, 28 y 29 de febrero y 1 de marzo. Este panorama lo dibujó ayer la participación masiva de los empleados del subterráneo en la consulta para decidir si aceptan la propuesta laboral de Transportes Metropolitanos de Barcelona (TMB), que continúa hoy, y el fracaso de la mediación oficial entre la empresa y el comité de huelga de los buses, que está dividido.

Por lo pronto, la Generalitat hizo públicos los servicios mínimos para la huelga, que coincide con el Congreso Mundial de los Móviles. Eso sí, consideró dos escenarios: que ambos medios de transporte hagan el paro o que solo decida hacerlo uno. En el segundo caso, el decreto estipula el 50% de servicio entre las 6.30 y 9.30 por la mañana y entre las cinco y las ocho por la tarde, en el caso de que solo un medio de transporte decida realizar el paro. El resto del día se prestará el 20%. En la hora punta, en términos prácticos, el tiempo de espera por un autobús se duplicaría en la mayoría de las líneas, explicó un portavoz de TMB.

En el caso de que tanto metro como autobús decidan ir a la huelga, el Departamento de Empresa y Empleo determinó que los servicios mínimos se incrementen al 65% en horas punta y el 30% en las valle. Ambas posibilidades fueron criticadas por los sindicatos, pues los consideran “abusivos”. “¿Dónde queda el derecho a la huelga?”, se preguntó ayer Pere Ramón (CGT), del comité de empresa de metro. Los empleados habían propuesto el 25% de servicio en hora punta y un parón total el resto del día, el mismo que se prestó durante la última huelga general.

Hoy por la tarde se conocerá definitivamente si metro va a huelga o no, cuando finalice el referéndum para determinar si aceptaban la propuesta de TMB. Anoche a las once el 60% de los casi 2.800 trabajadores habían participado en la consulta, explicó Ramón. La empresa aseguró que si se desconvoca la huelga mantendrá la plantilla, pagará los atrasos en el IPC de 2011 en dos cuotas en 2013 y 2014 y actualizará las tablas salariales.

La Generalitat ha decretado servicios mínimos: el 50% de servicio entre las 6.30 y 9.30 por la mañana y entre las cinco y las ocho por la tarde. El resto del día se prestará el 20%.

Tras la mediación con la autoridad laboral, el jueves el comité de huelga del suburbano decidió realizar la consulta, lo que generó malestar entre algunos empleados de autobús, que consideran una traición que metro decida ir solo a la huelga. La elección del referéndum, en lugar de una asamblea abierta, busca dar más seguridad de libertad de voto a los empleados. Según Ramón, la decisión de desconvocar la movilización no implica acabar con el apoyo a la lucha de los autobuses, aunque no se refirió a acciones concretas.

La mediación con los empleados de autobuses finalizó ayer en medio de una gran división entre su comité, con siete sindicatos. Según fuentes cercanas a las negociaciones, UGT, CC OO y SIT querían convocar una asamblea informativa de trabajadores para que la plantilla conociera la última oferta de la dirección. A ello se opusieron CGT, Actub y PAS.

TMB asumía una parte de lo que se adeuda del pasado año a los trabajadores y proponía abonar el 1,2% este año y el mismo porcentaje el siguiente 2013. Miguel Ángel Arias (UGT) explicó que el comité consideró “insuficiente” esta propuesta, aunque añadió que la autoridad laboral se mostró abierta a seguir negociando durante el fin de semana. Saturnino Mercader (CGT) aseguró que el lunes se realizará la primera asamblea de autobús en la plaza de Espanya.

Por otra parte, el secretario general de UGT de Cataluña, José María Álvarez, criticó la radicalización del comité de empresa de autobuses. “Lo que se tendría que explicar es por qué desde hace años se impone la radicalización y otras cuestiones que no califico para que en la próxima manifestación no se me acerque un señor y me diga que sabe dónde vivo”, denunció.