En la cama con Víctor Català

La poesía y los anhelos vitales de la escritora Caterina Albert atrapan al espectador en ‘La Víctor C.’, el muy destacable montaje que abre la etapa de Carme Portaceli al frente del TNC

Una escena de 'La Víctor C.', en el TNC.
Una escena de 'La Víctor C.', en el TNC.May Zircus

Carme Portaceli se apunta un rotundo éxito en el arranque de su etapa como directora del Teatre Nacional de Catalunya (TNC). La Víctor C., una obra sobre Caterina Albert (1869-1966), la gran escritora catalana que se ocultaba bajo el seudónimo de Víctor Català, es un montaje de desbordante vuelo poético y valiente, tanto en la denuncia del machismo y la hipocresía de una sociedad que negaba a la mujer su espacio de libertad personal y artística como en la reivindicación de un talento de primer orden, pero menos valorado de lo que merece. Con una espléndida Rosa Renom dando vida a la autora, Portaceli juega bien sus cartas en un espectáculo que es toda una declaración de principios. Al rendir homenaje y reivindicar la obra de la autora de la novela Solitud (su obra maestra) o de la durísima pieza teatral La infanticida, con la que se dio a conocer en 1898, el TNC hace lo que tiene que hacer como buque insignia de la escena catalana: mostrar, con amplitud de miras, la riqueza del patrimonio dramático.

Si La Víctor C. nace con buen pie es por la complicidad y plena sintonía entre la directora artística del TNC y la dramaturga Anna Maria Ricart Codina, fiel colaboradora de Portaceli que ha escrito la obra a partir de cuentos y textos memorialísticos de Català/Albert, cuyo lenguaje, extraordinariamente poético, es una fuente de sorpresas. Ricart teje con habilidad, coherencia y equilibrio un maravilloso tapiz vital y literario a partir de pequeñas anécdotas, cuentos y dramas rurales de la autora. Hay algo hipnótico en la escenografía de Paco Azorín, otro clásico en los montajes de Portaceli. El espectáculo presenta a Català en la cama donde vivió los últimos 10 años de su vida; allí recibía las visitas de escritores, periodistas y amigos, y en ese espacio de recuerdos, emociones y presencias nos sitúa Azorín con fantasía. Desde el inicio —el entierro de la protagonista, bajo la vigilancia de un inspector franquista—, queda retratado el asfixiante clima de opresión que padeció en vida. El acierto en el tono y el pulso narrativo del montaje evita que el peso del aspecto documental rebaje la emoción vital de un personaje complejo, oscuro y desconcertante en muchos aspectos. Lluïsa Castell, Oriol Guinart, Olga Onrubia, Manel Sans, Anna Ycobalzeta y Ferran Carvajal forman el eficaz elenco de actores —se multiplican en varios papeles— que acompaña en escena a una Renom en estado de gracia.

La Víctor C. Texto: Anna Maria Ricart. Dirección: Carme Portaceli. Teatre Nacional de Catalunya. Hasta el 7 de noviembre

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