TEATRO | CRÍTICA DE 'MÚSICA Y MAL'

La independencia del mal

Lola Blasco repasa la historia de la música, entre ellas varias relacionadas con el nazismo, para recordar que belleza no es sinónimo de bondad

Lola Blasco y Alexis Delgado Búrdalo, en una imagen promocional de 'Música y mal'.
Lola Blasco y Alexis Delgado Búrdalo, en una imagen promocional de 'Música y mal'.José María Sánchez Moral

A primera vista, esta obra titulada Música y mal podría definirse como un concierto didáctico: un pianista (Alexis Delgado Búrdalo) interpreta temas de grandes compositores mientras otra persona (Lola Blasco) los comenta. Pero también puede mirarse al revés: un ensayo escenificado con acompañamiento musical. “¿La música o la palabra?”, interpela Blasco varias veces al público. Es decir, ¿cómo expresar mejor lo sublime, lo abominable, la belleza o el mal: con la música o con la palabra? En este espectáculo una cosa no puede ser sin la otra, pues la música no es el objeto final de la disertación, sino su vehículo. De ahí su singularidad.

Blasco, dramaturga ascendente que ganó el Premio Nacional de Literatura Dramática 2016 por su obra Siglo mío, bestia mía, es también directora, actriz y melómana ardiente. En este trabajo funde todas esas facetas (ayudada en la dirección de escena por Pepa Gamboa) para concebir un espectáculo muy personal, nacido de noches de insomnio aplacadas por Bach, Mozart, Wagner, Schuman. “Noches líricas”, las llama ella, en las que la escucha de Tristán e Isolda le lleva a disertar sobre el antisemitismo de Wagner o, lo que es lo mismo, nuestra eterna tendencia a asociar belleza y bondad —herencia (y condena) platónica— cuando lo primero no implica lo segundo necesariamente. “¿Debo dejar de escuchar a Wagner por su maldad?”, se cuestiona Blasco, entrando en el manido debate sobre ética y estética.

Pero pronto Blasco rechaza esa trampa. De hecho, este espectáculo también podría entenderse como un intento de la autora de liberarse (y liberarnos) del tozudo dilema platónico a través de una sucesión de historias que prueban que lo sublime no está reñido con la maldad. Gesualdo concibiendo el maravilloso madrigal Moro, lasso después de haber ordenado asesinar a su mujer y su amante. La Ofrenda musical de Bach a Federico el Grande sellando la alianza música-patria para siempre. Mengele silbando una bella melodía de Schumann mientras seleccionaba a sus víctimas para las cámaras de gas. Messiaen componiendo El cuarteto para el fin de los tiempos en un campo de concentración.

Blasco conecta inteligentemente estas y otras historias mientras Delgado Búrdalo interpreta sin respiro los temas que surgen en el relato, de manera que el espectáculo se disfruta como concierto, como ensayo, como lección de historia y como todo a la vez. Deleita, instruye y entretiene, que no es poco.

Música y mal. Texto: Lola Blasco. Dirección: Lola Blasco y Pepa Gamboa. Teatro Fernán Gómez. Madrid. Hasta el 11 de abril.

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