Julien Gracq, el pulidor de oro

Digan lo que digan, no creo que el escritor francés pueda confundirse con el pelotón de los llamados ‘antimodernos’. Él creó una obra inmune y solitaria, eterna, ajena a los premios y a la televisión

El escritor Julien Gracq, retratado en París 1951.
El escritor Julien Gracq, retratado en París 1951.Keystone France/Gamma-Rapho (Getty Images)

De momento, no hablaré mucho de un librito, o mejor, opúsculo suyo, que puso patas arriba, en 1949, al ambiente literario francés y de rebote a medio mundo. Se titulaba La littérature à l’estomac. Sí, causó muchos ataques de gastroenteritis y pataleos silenciosos entre los entendidos, y también animó las tertulias en casa después de cenar y con copas. Eso ocurría muchos años después, cuando llegó por fin la excitante y primorosa traducción de María Teresa Gallego Urrutia en castellano, publi...

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