Ir al contenido
_
_
_
_

Medio siglo de recuerdos en EL PAÍS

La historia de los pioneros que sacaron a la la calle este periódico pocos meses después de la muerte del dictador Francisco Franco es la de un compromiso con el empuje de una sociedad hacia la democracia

Reencuentro de los pioneros de EL PAÍS, el pasado martes en Madrid. En el centro, el primer director, Juan Luis Cebrián, junto al director actual, Jan Martínez Ahrens. Bernardo Pérez

Rafael Fraguas, Pedro Montoliú, Julián García Candau, Karmentxu Marín y Bernando Pérez, todos ellos miembros de la primera redacción de EL PAÍS de hace 50 años, acordaron poner en marcha el recuerdo de aquellos tiempos. Eran los primeros días de marzo de 2026. Fraguas fue el que los juntó, como “animador-organizador de la idea”. Convocó a todos los que pudo hasta que entre todos se fueron convocando. El pasado martes rememoraron los 50 años de EL PAÍS en un restaurante de Madrid.

El primero que entró en el periódico fue Camilo Valdecantos. Lo recibió Cebrián. El último día de 1975. Una charla breve y Juan Luis le dijo que sería jefe o subjefe. “Fui subjefe”. Su trabajo como corresponsal parlamentario fue su mejor recuerdo. El periodismo ahora “vive un momento pésimo”. Lo que hace su compañero Xosé Hermida en EL PAÍS le parece excelente.

A Valdecantos lo precedió, a tiempo completo, para resolver cuestiones jurídicas, José María Aranaz. Lo convocaron José Ortega Spottorno y Darío Valcárcel. El Ministerio de Información retenía sine die la salida del diario. Cuando en marzo de 1975 se desatrancó el expediente, pasó a trabajar a tiempo completo. “A los dos años un grupo de accionistas quiso provocar un cambio de línea editorial. Con Jesús Polanco al frente se hizo fracasar el intento”.

El 23-F puso al periódico (y a este país) al borde de la dictadura. Cebrián bajó a la Redacción. Desde la mesa de Soledad Álvarez Coto, la redactora jefa de Nacional, Cebrián organizó el futuro. “Se puso a mi lado y dijo: ‘Esto es un golpe de Estado. EL PAÍS va a defender la Constitución. Vamos a sacar un periódico. Estamos en peligro. Vienen fuerzas del Ejército. Los que quieran quedarse, que se queden. Vamos a cerrar las puertas y no va a poder entrar ni salir nadie más. Casi toda la gente se quedó”.

Un periódico de nombres propios. Así lo dice Rosi Rodríguez Loranca. Secretaria de Redacción, es también cronista del diario. “18.350 días intensos son muchísimos… Personas en continuo movimiento: fumando como si les fueran a quitar los cigarros, teléfonos sonando sin parar… Camilo, Karmentxu, Baviano, Eduardo San Martín, Candau, Beaumont, Juanito Mora, Relaño, Pepe y Paco —los mejores motoristas del mundo—, Betina, Monteira, Rocío, Ángeles, Sol Álvarez Coto, Harguindey, Urbaneja, Delkáder; Miguel Rodríguez, que subía y bajaba no sé de dónde; Justo entregando teletipos; Marisa, Bernardo, Basilio, Montejo, Valcárcel… Y Cebrián, el más famoso de todos, al que nadie hizo nunca sombra porque tuvo la inteligencia de conectar con los lectores adelantándose años a la fidelización de la gente…”.

Así lo ve Ángeles García: en el verano de 1976 se presentó al redactor jefe, Delkáder. Primer encargo, narrar la muerte de la cantante Cecilia. “Paco Gor, redactor con mucho prestigio, se encargó de editarme… En el ámbito de la cultura, en El País Semanal y la sección de Cultura, donde trabajé como redactora jefa, entre 1996 y 2006… Y fui la primera corresponsal de Arte del diario”.

Rocío García llegó a los 21 años. Al mando de Beatriz Rodríguez Salmones (“mi primera y maravillosa jefa”), trabajó en Documentación. Estuvo en todas partes y sigue haciendo crónica de teatro. Le impresionó al llegar “esa enorme sala de Redacción sin tabiques, los teléfonos sonando, los papeles por doquier…”. Y añade: “Se masticaba una euforia total y absoluta, unida a un sentido de la responsabilidad y seriedad enormes”.

Ángel Sánchez Harguindey recuerda: “El franquismo seguía bastante vivo, salvo honrosas excepciones del periodismo escrito… El resto era régimen puro y duro. Hubo demasiadas sorpresas en el éxito de EL PAÍS. Había quienes pronosticaron un desastre y estábamos los que intuíamos que se iba a consolidar por su concepto riguroso y europeísta de la profesión”.

Alfredo Relaño está en las primeras fotografías… “Me encontré en un mundo profesionalizado desde la perfección, aparte de un óptimo observatorio del fenómeno de la Transición. Terminó de formarme”. Andalucía fue su otro destino. “Fue en 1983. Me fascinó. Encontré allí una sociedad fascinante. EL PAÍS estaba en plena eclosión. Fusioné mi vida y el trabajo sin sentir que trabajaba… Delkáder ha sido mi gran apoyo y referente. Lo de Andalucía fue idea y sugerencia suya, y a partir de aquello siempre lo he tenido como referente”.

En la foto en la que están Relaño, Cebrián, Julio Alonso, entre otros de aquellos primeros días, está Ángel Luis de la Calle. Estuvo al tanto de cultura y sociedad en cuanto nació el periódico. “Veo la foto y no puedo evitar la nostalgia de evocar a los compañeros que ya no están: Carlos Gurméndez, maestro, que arrastraba la leyenda de que había venido en el mismo transporte que trajo la [rotativa] Harris Marinoni; Carlos Bellver, colega en tantos pluriempleos comunes; Julio Alonso, que desde la ciencia y la documentación había devenido en experto en moquetas y pinturas al gotelé; Juan González Yuste, tan erudito como circunspecto; Ismael López Muñoz, un prodigio de enseñanzas y de retranca; Antonio Gabriel, casi más famoso por su suerte con la Lotería Nacional que por sus buenísimas fotos; Paco Gor, que tantas veces me salvó el pellejo en la incipiente sección de Sociedad; Alfonso García Pérez, Alfonsoe; el siempre impecable Lorenzo Romero…”.

A la entrada de la segunda planta del periódico, dominando la sección de Economía, estaba Fernando González Urbaneja. EL PAÍS, por así decirlo, empezaba por él. “El periódico era un prado verde que había que cultivar”. En la primera página del primer ejemplar está la firma y el trabajo de Jesús Ceberio, delegado en Euskadi, testigo de lo más duro el terrorismo. “ETA hizo lo que solía: asesinó a un guardia civil y así ocupó un pequeño espacio en la primera página. En el año había matado ya a 10 personas: dos policías, dos guardias civiles, un industrial, al alcalde de Galdakao, un mecánico al que confundieron con un alcalde, un obrero, un taxista, un inspector de autobuses… Era la agenda habitual del grupo terrorista…”. Ceberio fue luego periodista en Madrid, corresponsal en México, director de EL PAÍS… 35 años en el periódico. “Hacer un periódico es una tarea colectiva, exige tener una redacción fuerte, que comparta criterios profesionales sólidos y tenga por encima de toda duda el compromiso de buscar la verdad”.

Ceberio recuerda que aprendió “en carne propia que los políticos mienten a conveniencia, incluso en situaciones trágicas”. Y añade: “Así lo hizo Aznar el 11 de marzo de 2004, cuando urdió la autoría de ETA en el mayor atentado de nuestra historia, solo porque así creía favorecer a su partido en las elecciones que debían celebrarse tres días más tarde”.

Karmentxu Marín y Rafael Fraguas fueron dos de los que pusieron en marcha la fiesta del 50º aniversario. “Mi llegada al periódico va unida a los términos ilusión, responsabilidad, protagonismo colectivo. Me encanta que mi firma aparezca en la contraportada del número uno: yo estaba allí, con una sensación, de que estábamos haciendo historia, de que inventábamos algo importante en un momento decisivo. El oficio ha cambiado mucho en estas cinco décadas. Pero creo que a veces con ironía o con nostalgia lo que llamamos ‘principios fundacionales’ han permanecido en muchos de la quinta del 76 y de otras quintas posteriores… Los 12 años y medio en que hice las entrevistas de la última página de EL PAÍS del domingo fueron mi mejor época”, comenta Marín.

Fraguas describe su primera sensación. “Fue hallarme en la víspera de un horizonte de civismo y libertades, cuya conquista resultaría muy costosa. Me emocionó comprobar que, a través del periodismo, se hallaba el camino para conquistar aquella meta democrática”.

Y el recuerdo de muchos que no están en este mundo, como Juan Arias, Feliciano Fidalgo y Joaquín Vidal. O como Miguel Ángel Bastenier y Ángel Fernández-Santos, que llegaron poco después del inicio, pero era como si siempre hubieran estado ahí.

Archivado En

_
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_