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50 ANIVERSARIO
Tribuna

El periódico de la independencia

Este ya no es el periódico que guía la transición española, sino el diario que defiende la democracia

Rincones de la Redacción de Madrid, este mes de abril.Carlos Rosillo

Cuando lean estas palabras, se habrá publicado el último libro de Javier Cercas, titulado El periódico de la democracia. Cercas —al que admiro por su rigor, su talento y su valentía— ha escrito la historia de este periódico como el buen lector que es: un lector exigente.

Estos días de repaso y celebración nos habrán leído y escuchado contar cómo EL PAÍS nació en 1976 para acompañar, impulsar y hacer crecer la democracia española. Y es verdad: en aquella España que se asomaba al futuro, el diario era más que periodismo. Era guía.

“¿Qué ha dicho EL PAÍS?” es una frase que se escuchaba mucho entonces. Se leía este periódico no solo para saber la verdad, sino también para saber qué pensar.

Aquellos tiempos ya quedaron atrás, porque, a lo largo de estos 50 años, la sociedad ha cambiado.

Y también hemos cambiado nosotros: a mejor.

Con los mismos valores que cimentan la línea editorial, se ha intensificado nuestra presencia en el mundo en general y en América en particular. Este ya no es el periódico que guía la transición española, sino el diario que defiende la democracia (las democracias, en plural) en todo el mundo y especialmente en el mundo de habla hispana.

Mientras tanto, los lectores ya no están pendientes de lo que decimos para saber qué pensar, pero sí —como Cercas— nos exigen estar a su altura. En España, en Latinoamérica, en cualquier rincón del planeta, buscan en nosotros rigor periodístico, riqueza de datos y voces, análisis fundado, pluralidad e independencia.

Desde nuestra línea editorial, esperan nada menos que la verdad. Permítanme que les ponga un caso extremo: si un día cualquiera el presidente Trump acertase con su política exterior, los lectores esperarían que nos atreviéramos a contarlo. Y lo haremos.

Porque ese es el valor de la independencia.

Es público que este diario ha vivido presiones y amenazas; que, a pesar de todo, hemos asegurado las bases de una estabilidad financiera y periodística para poder seguir haciendo nuestro trabajo. Es público, también, que ustedes, los lectores, nos han premiado esa resistencia con récords de audiencia y suscripciones.

En este contexto en el que unos tratan de imponerse desde la fuerza y el populismo, sin pensar más allá de sus propios intereses, mientras otros defienden normas de un siglo XX que ya nos queda lejos, la tecnología va desplegando su propia ley de la selva, más salvaje que nunca. Por eso, como bien dice Jan Martínez Ahrens, el director de EL PAÍS, nuestra misión es viralizar la verdad. La verdad frente a los abusos, la violencia, la discriminación y la amenaza; también frente a las injerencias.

Más de 450.000 suscriptores en todo el mundo nos dan la fuerza moral y la independencia económica para sentirnos libres de hacer el mejor periodismo posible, el periodismo que defiende con valentía el rigor, la honestidad y la democracia.

Ese es el camino que tengo como presidente: defender la independencia, la integridad y la sostenibilidad de este periódico que están leyendo.

Lo haremos a nuestra manera: con una visión global irrenunciable, porque EL PAÍS no se entiende sin Europa y sin América, sin su extensísima y extraordinaria red de corresponsales y sin sus casi 100 periodistas que ejercen al otro lado del Atlántico. Con una línea editorial que cree activamente en la diversidad y la libertad, en la cultura y en el diálogo, en el rigor y en la escucha, en el compromiso y, sobre todo, en la igualdad de oportunidades. Con una apuesta radical por la curiosidad y la innovación, cubriendo la actualidad inmediata y teniendo siempre puestas las luces largas, para llegar mejor y más rápido a cualquier ciudadano, en cualquier lugar, cualquier soporte, cualquier tecnología.

Lo haremos dependiendo solo de nosotros mismos y de ustedes para poder seguir trabajando por la verdad. Por descubrirla, por contarla, por entregársela para que formen su propio criterio y tomen sus propias decisiones.

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