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“Maduro va a caer”: el mantra que marcó años de conflicto político en Venezuela

El escenario de un derrocamiento del mandatario estuvo cerca de materializarse en varias ocasiones o al menos esas eran las expectativas que cíclicamente tenía la oposición

Era un mantra intermitente en Venezuela al menos desde enero de 2019: “Nicolás Maduro va a caer”. Sobrevolaba las conversaciones de dirigentes opositores, activistas y una multitud de ciudadanos que sufrían el conflicto político y económico en silencio, dentro del país o en el exilio. El escenario de un derrocamiento del sucesor de Hugo Chávez estuvo cerca de materializarse en varias ocasiones o al menos esas eran las expectativas que cíclicamente marcaban el ritmo del debate en los círculos antichavistas.

Los bombardeos de Estados Unidos contra blancos estratégicos y el anuncio de Donald Trump de la captura de Maduro se producen días antes de unas fechas clave en la historia política venezolana. El 5 de enero suelen comenzar los períodos de sesiones de la Asamblea Nacional y el 10 de enero se cumplirá un año desde que el mandatario bolivariano tomó posesión tras haberse atribuido sin pruebas la victoria electoral contra Edmundo González Urrutia. Fue justo a principios de enero de 2019 cuando Juan Guaidó lanzó un desafío a Maduro con el respaldo de la primera Administración de Trump y se proclamó presidente interino de Venezuela. Ese pulso dio paso a unos meses de vértigo en los que en Caracas se vivió, en distintos momentos, un clima de cambio inminente de régimen.

Ocurrió en febrero de ese año, durante una operación, que culminó en un rotundo fracaso, para introducir ayuda humanitaria en Venezuela a través de la frontera con Colombia. Los ojos del mundo entonces se posaban sobre la ciudad de Cúcuta, desde donde la plana mayor de la oposición trataba de forzar una ruptura en las filas y sobre todo en la cúpula de las Fuerzas Armadas. Volvió a ocurrir meses más tarde, cuando el histórico dirigente Leopoldo López evadió el 30 de abril su arresto domiciliario con la ayuda de un grupo de militares afines a Guaidó. El objetivo era alentar un alzamiento popular contra Maduro, pero todo quedó en agua de borrajas y López tuvo que refugiarse en la residencia del embajador español, Jesús Silva.

Con el paso de los meses perdió fuerza la hipótesis de un derrocamiento al tiempo que fracasaban los intentos de diálogo entre las partes. Más tarde se supo gracias al libro de memorias del exconsejero de Seguridad Nacional de Estados Unidos John Bolton que la actitud de Trump fue cuando menos errática. El magnate republicano manifestó, según su antiguo asesor, su preocupación por la inexperiencia de Guaidó, que hoy vive en Florida, y hasta le llamó “crío”. Sin embargo, en la primavera de 2020, en plena pandemia, volvió a producirse una esperpéntica operación, bautizada como Gedeón, que demostró hasta dónde podían llegar los intentos para echar a Maduro. Ese rocambolesco desembarco, gestado desde Colombia por exmilitares, políticos y contratistas, solo contribuyó a fortalecer al régimen chavista.

Lo que vino después fue una larga travesía del desierto para la oposición, que no se recompuso hasta que María Corina Machado ganó las primarias y acompañó, pese a su inhabilitación, la candidatura de González Urrutia. La política, ganadora del último Premio Nobel de la Paz, se mostró convencida en los últimos meses de que a Maduro solo le quedaba una salida: abandonar el poder. “Tarde o temprano, Maduro va a salir”, enfatizó en una de sus últimas entrevistas con EL PAÍS. ¿En qué se basaba para decirlo? Su argumento era el de la soledad del mandatario. Esa convicción, fortalecida por el despliegue de Washington en el Caribe, fue cristalizando cada vez, más en las filas opositoras y, aunque nadie sabía exactamente lo que iba a pasar, los últimos meses estuvieron marcados por la inminencia de un ataque. Hasta este 3 de enero, en el que se han producido los bombardeos en territorio venezolano y el anuncio de Trump sobre la captura del presidente venezolano.

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Sobre la firma

Francesco Manetto
Es editor de EL PAÍS América. Empezó a trabajar en EL PAÍS en 2006 tras cursar el Máster de Periodismo del diario. En Madrid se ha ocupado principalmente de información política y, como corresponsal en la Región Andina, se ha centrado en el posconflicto colombiano y en la crisis venezolana.
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