Luis Alfredo Acosta, ministro de Igualdad: “Los grupos armados se han aprovechado de la buena voluntad del Gobierno”
El funcionario valora su llegada al Gabinete de Gustavo Petro después de años como coordinador de la Guardia Indígena y relata la operación de rescate de la senadora Aida Quilcué


“Me eduqué en el movimiento indígena”, dice Luis Alfredo Acosta, recién posesionado como ministro de la Igualdad de Colombia después de haber sido durante años el coordinador nacional de la Guardia Indígena. Cuando le preguntan cómo es su natal Caloto, en el convulso departamento del Cauca, se extiende en su respuesta. “La muy noble y muy leal ciudad confederada de la Nueva Segovia de San Esteban de Caloto. Así es el nombre, está en la entrada de un puente”, relata en esta entrevista concedida en su despacho de Bogotá, una de las primeras desde que llegó al cargo hace dos semanas. Dibuja con las manos la descripción de su municipio, multiétnico y pluricultural: “Arriba en la montaña, indígenas; aquí, mestizos y afros. Campesina, diversa, somos fruto de eso”. En esa región nacieron tanto la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (ASIN) como el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), dos organizaciones de las que se considera hijo. Un territorio también muy golpeado por los grupos armados, como recordó esta semana el secuestro de la senadora Aida Quilcué.
Desde la lejana Montería, en Córdoba, donde se encontraba junto al presidente Gustavo Petro en un Consejo de Ministros, Acosta participó el pasado miércoles en el rescate de la senadora, liberada después de unas horas gracias a la respuesta de la Guardia Indígena en sintonía con la Fuerza Pública. “Soy ministro, pero soy guardia indígena”, recuerda. “En últimas, coordiné operativamente, desde allá, con la guardia del CRIC todo el ejercicio de rescate”, rememora satisfecho sobre la efectiva acción en terreno, que describe con lujo de detalles. Incluso raya un cuaderno para ilustrar cómo cerraron los caminos. Su aporte fue muy reconocido hace un par de años durante la búsqueda de cuatro niños indígenas perdidos en la selva amazónica, pero son muchos los rescates que recuerda en los que, por ejemplo, le han quitado a los grupos armados jóvenes que habían sido reclutados por la fuerza. “Por eso estamos amenazados”, concede. Nunca portan armas, solo sus bastones de mando, un símbolo de autoridad para defender el territorio. “Con esa acción de la fuerza, del poder colectivo, logramos el rescate de Aida”, asegura.
Pregunta. ¿Los grupos armados en general, y las disidencias de las FARC en particular, le han declarado la guerra a todos los indigenas del país, como llegó a decir el presidente Petro?
Respuesta. Creo que sí. Y no es de ahora. Nos han asesinado mucha gente, en todas las regiones del país. Paramilitarismo, las FARC, la disidencia… ha habido muchos procesos de amenaza y asesinato a líderes indígenas en Nariño, en Antioquia, en la región Pacífica. Llevamos ya más de 26 guardias indígenas. ¿Por qué? Porque nosotros, según ellos, somos el estorbo en estos momentos, no hemos permitido que nos recluten y hemos sentado que queremos vivir en el territorio y no permitir que se siga afectando.
P. Usted mismo sufrió la desaparición de su padre, Moisés Acosta, a manos de las FARC siendo muy joven…
R. Sexto frente de las FARC.
P. ¿Qué recuerda de ese episodio?
R. A mi mamá llorando mucho. Mi padre nos enseñaba a pescar, y cuando él se va ya no podemos pescar. Él era un líder social, hizo parte de la fundación del CRIC y su lucha por defender los derechos lo llevó a esa desaparición. Nosotros no encontramos el cuerpo. Mi mamá, una gran luchadora, autoridad indígena, junto con mi papá nos orientaron a defender los derechos humanos. A mí me marcó. Me dolió mucho. Habría podido coger para algún armado para vengarme, porque uno siente dolor, pero no. Desde ahí tomé la opción de seguir defendiendo la vida, y por eso cogí el bastón.

P. Los enfrentamientos entre grupos armados amenazan a muchas comunidades. El país sigue a la cabeza de los listados de asesinato de líderes sociales. ¿Que está haciendo el Gobierno, al que usted ahora pertecenece, para detener ese desangre?
R. Empoderar a las comunidades. Al principio no éramos reconocidos como Guardia Indígena, pero este presidente ha reconocido ese papel y por eso hay un guardia indígena en el Ministerio de la Igualdad. En el Cauca hay un combustible de la guerra que son los cultivos de uso ilícito. Han mermado en esas zonas, pero no es suficiente. Ha habido presencia militar, pero no es suficiente. La respuesta es colectiva, es en tejido. Creo que los grupos armados se han aprovechado de la buena voluntad del Gobierno. Me atrevo a decir que no tenemos grupos guerrilleros. El conflicto y la muerte se ha agudizado porque no hay pensamiento, no hay posición política en una lucha que ellos dicen defender. Simplemente hay una visión económica en estos grupos disidentes que están marcados fuertemente por el narcotráfico, como lo ha dicho el señor presidente. La situación se ha vuelto más compleja. El Gobierno, a pesar de todo, sigue ofreciendo el diálogo.
P. ¿La Guardia indígena está indefensa ante ese deterioro de la seguridad?
R. Todos los colombianos estamos indefensos ante la situación. Y más la Guardia, que le toca afrontar realidades. Si hay una emergencia, llega de primera. Está expuesta. A raíz de esto hemos propuesto fortalecer sus capacidades técnicas y operativas. La amenaza es fuerte. Estos grupos no tienen ninguna iniciativa política, ellos nos ven como sus enemigos.
P. El Ministerio de la Igualdad lo habían ocupado representantes de otras comunidades. ¿Qué representa ser el primer ministro de Igualdad indígena?
R. Esta designación dignifica a los pueblos, que precisamente hemos sido agredidos, que hemos sufrido el conflicto. Manda un mensaje a los violentos. Los ministerios deben estar con gente que haya sentido las realidades. Somos los que hemos vivido en la inequidad y la desigualdad más grande. Poner uno que siente eso en carne propia significa dignificar el ser indígena en Colombia. También ese conocimiento ancestral de la gente. Yo estuve en la Operación Esperanza, con el equipo especial de comandos del Ejército y el equipo de la Guardia Indígena. Allá se juntó el conocimiento ancestral con el técnico para defender al país, para proteger la vida de los niños. El miércoles hicimos sinergía para proteger la vida de una senadora. Ambos conocimientos se pueden juntar. Tenemos que vernos todos con buenos ojos entre colombianos, hacer empatía entre diferentes. No importa si vivo en la 93, en Bogotá, o en Jambaló. Yo diría que soy el ministro de la reconciliación, para poder escuchar a muchas personas. Vengo del territorio, puedo entender muchas realidades.
P. Le antecedió Lena Estrada como ministra de Ambiente, pero su gestión fue muy corta. ¿Ella ha sido un referente para usted?
R. La cartera de Ambiente es bastante complicada, de decisiones políticas y estratégicas, que la compañera Lena de pronto no pudo leer. Hay indígenas que de pronto nos hemos educado más desde el territorio y otros más desde la academia. Deben incluirse las dos herramientas. Yo aquí estoy aprendiendo de administración. Lo de Lena lo valoro. De pronto no eran los lineamientos que quería el señor presidente. En últimas, este sistema es presidencialista. Si él decide mañana desistir de mí, simplemente me iré a donde estaba, sembrando café, cosechando limones y maracuya.
P. ¿Que responde a quienes han cuestionado su falta de credenciales académicas, o de experiencia en cargos públicos?
R. Lo del conocimiento es relativo. Yo respeto el ejercicio académico, el método científico, pero también hablo de conocimientos tradicionales. Se complementan. Y es colectivo. No me puedo creer el ministro que me las sé todas, para eso hay un equipo y una estructura. El Ministerio es la gente, son los territorios. Con esa visión colectiva, puedo llamar a otros para que me ayuden, y no me vuelvo el mandamás, me vuelvo el que obedece. Hay una norma que es mandar obedeciendo. También entiendo que es parte del desconocimiento que tiene nuestro país de lo que somos. Mucha gente no sabe cuantas lenguas hay. También hay función pública desde los pueblos, porque somos gobiernos. Hay un gobierno institucional, pero hay gobiernos indígenas. Para defender la vida, no se necesita de título, se necesita de dignidad. Para que haya igualdad y equidad, se necesita más de sensibilidad.
P. Usted es el cuarto ministro de la Igualdad, en una cartera que ha tenido una vida muy corta. ¿A que atribuye la alta rotación?
R. Este es un ministerio recién construido, y es experimental. Yo agradezco a Francia [Márquez], Carlos [Rosero] y Juan Carlos [Florián], porque de una u otra manera ellos abrieron la brecha de una entidad que debe responder a una diversidad, a muchas poblaciones. Un ministerio joven, niño, que desconocemos. Se necesita de pedagogía para que la gente lo conozca y pueda ser más oportuno en los territorios. Falta más tiempo para poder engranar.
P. El Ministerio de la Igualdad ha estado rodeado de controversias, y hasta ahora tiene fecha de caducidad. ¿Que metas concretas se plantea en el semestre que queda de Gobierno?
R. Dar a conocer qué es el ministerio, poder ejecutar lo que ya se ha designado en beneficio de las comunidades. Acá ya ha habido una línea, hay unos proyectos; poderlos ejecutar. Diseñar una estrategia pedagógica –y dejársela a los congresistas y a Colombia– de la importancia de resolver los problemas de equidad y de igualdad.
P. Usted habla de armonizar. ¿Que se necesita para armonizar a Colombia?
R. Vernos con la riqueza que tenemos. Conocernos. Limpiar nuestro espíritu. No se trata de derecha o izquierda, todos los colombianos necesitamos sanar nuestras heridas.
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