¿Cómo les ha ido a los presidentes colombianos en la Casa Blanca?
Donald Trump recibe a Gustavo Petro en el Despacho Oval, por donde han pasado Pastrana, Uribe, Santos y Duque


Donald Trump recibe este martes en el Despacho Oval a Gustavo Petro. Será la primera ocasión en que los dos presidentes se vean cara a cara, aunque el colombiano ya había sido recibido en la Casa Blanca por Joe Biden en abril de 2023. Después de casi un año de enfrentamientos e insultos de todo tipo con el magnate republicano, el mandatario de izquierdas regresa a Washington sin visa, con Colombia descertificada en la lucha antidrogas por primera vez en 30 años e incluido en la llamada Lista Clinton. A pocos meses de las elecciones presidenciales para encontrarle un sucesor, el momento es delicado y el resultado impredecible.
Colombia forjó una alianza estratégica muy estrecha con los Estados Unidos desde el periodo de Andrés Pastrana (1998-2002), y estas visitas son la manifestación del estado de las relaciones bilaterales, apunta Andrés Rugeles, vicepresidente del Consejo Colombiano de Relaciones Internacionales, Cori. Con la llegada de Trump, en su segundo mandato, la relación con Petro ha estado marcada por las dificultades a lo largo del año en que han coincidido en el poder. “Esta visita ocurre ad portas de que Petro termine su mandato el 7 de agosto, luego es una visita tardía y uno pretendería que se logren limar las asperezas y encausar la relación, pero la agenda de largo plazo le corresponderá al próximo Gobierno de Colombia”, destaca Rugeles. “Hay que ponerlo en su dimensión. Es un encuentro relevante, pero no es el principio ni el fin de una relación de más de 200 años”.
¿Cómo les ha ido a otros presidentes colombianos en sus visitas a la Casa Blanca?
Pastrana, Clinton y el Plan Colombia
Bogotá y Washington son estrechos aliados en la lucha contra el narcotráfico –y también contra las guerrillas– desde el año 2000, cuando el Gobierno del conservador Andrés Pastrana (1998-2002) consiguió que el Plan Colombia fuera aprobado por un presidente demócrata, Bill Clinton, con el apoyo de ambos partidos. Fue un parteaguas para unas relaciones muy deterioradas durante el periodo de Ernesto Samper (1994-1998). Desde entonces, la diplomacia colombiana se esmeró en construir y mantener ese consenso bipartidista en Estados Unidos, sobre todo en el Congreso, que aprueba la mayoría de asuntos presupuestales. Clinton también respaldó las fallidas negociaciones de paz que puso en marcha Pastrana con la guerrilla de las FARC.

Quizás la más importante de las visitas a Washington de mandatarios colombianos en las últimas décadas es la que hizo Pastrana en vísperas de posesionarse como presidente en agosto de 1998, para entrevistarse con Clinton. “Esa visita como presidente electo sentó las bases para la alianza que forjaron ambos países de lucha contra las drogas y fortalecimiento institucional”, valora Rugeles. Pastrana después visitó la Casa Blanca en octubre de ese año, mientras que Clinton, tras la aprobación del Plan Colombia en el Congreso norteamericano, visitó Cartagena de Indias en agosto del año 2000.
Uribe, Bush y la guerra contra el terrorismo
Álvaro Uribe Vélez llegó al poder después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, que favorecieron el nacimiento de la doctrina de guerra contra el terrorismo. El autodenominado presidente de la mano firme y el corazón grande, que gobernó entre 2002 y 2010, selló una íntima alianza con la Administración de George W. Bush, al punto de que Colombia fue uno de los pocos países que apoyaron la invasión a Irak.

La primera visita de Uribe a la Casa Blanca también la hizo como presidente electo, en junio de 2002, antes de posesionarse. Y aunque no contemplaba un encuentro con el presidente republicano, este pasó a saludarlo cuando estaba en la oficina de Condoleezza Rice, la asesora de Seguridad Nacional. “En aquella primera conversación se pusieron las bases para lo que en adelante fue una relación productiva y de confianza con el presidente Bush. Fueron muchas las reuniones con él, en la Casa Blanca, en foros regionales, mientras recorríamos su rancho en Texas a bordo de su camioneta e, incluso, en las dos oportunidades en que visitó a Colombia”, rememora Uribe en su libro No hay causa perdida.
El texano y el antioqueño derrocharon sintonía, al punto de que Uribe recibió de Bush la Medalla de la Libertad, el mayor honor para un civil en Estados Unidos, en enero de 2009. “La ceremonia tuvo lugar en Washington y compartí el galardón con el ex primer ministro británico Tony Blair y el expresidente de Australia John Howard”, recuerda el colombiano en esas memorias. A pesar de esa buena química con el republicano, en el ocaso del periodo de Bush, los congresistas demócratas ventilaron sus reparos en derechos humanos para congelar el trámite del tratado de libre comercio entre los dos países, que solo se aprobó en 2011, luego de que ambos presidentes habían dejado el poder.
Santos, Obama y la paz de Colombia
El demócrata Barack Obama también apoyó desde una etapa temprana la negociación de paz del Gobierno de Juan Manuel Santos (2010-2018) que llevó al desarme de la guerrilla de las FARC. Incluso tuvo su propio delegado especial de Estados Unidos para acompañar los diálogos de La Habana, Bernard Aronson. En febrero de 2016, Santos realizó una visita oficial de cuatro días a Washington –que coincidía con los 15 años del Plan Colombia– para recabar la mayor cantidad posible de apoyo político, pero sobre todo económico, para afrontar el inminente posconflicto. Allí anunciaron una nueva etapa de cooperación, con un paquete de 450 millones de dólares, que bautizaron Paz Colombia.

La recta final del segundo periodo de Santos fue con el primer Trump, que ya tenía unas posiciones mucho más duras y radicales que las de su antecesor. “Sin embargo, puedo decir que, en el caso de Colombia, se mantuvo, en lo esencial, el apoyo al proceso de paz, que él encontró ya finalizado y en proceso de implementación”, escribe Santos en su libro La batalla por la paz. Incluso visitó la Casa Blanca en mayo de 2017 y tuvo una entrevista con el magnate republicano sin mayores contratiempos.
Duque, Trump y la arriesgada apuesta por la reelección del republicano
En un ambiente mucho más tenso, el conservador Iván Duque (2018-2022), ahijado político de Álvaro Uribe, visitó en marzo del 2020 en la Casa Blanca al primer Trump, quien deslizó que Bogotá debía volver a las fumigaciones aéreas para acabar con los cultivos de coca, un foco constante de fricción. Para ese entonces, se había disipado el fantasma de la temida descertificación con la que Trump había amenazado a Duque, a pesar de que los dos gobiernos mantenían una buena sintonía en torno al “cerco diplomático” contra el régimen de Nicolás Maduro en la vecina Venezuela.

El Centro Democrático, el partido de Gobierno fundado por Uribe y al que pertenece Duque, llegó a tomar partido por la truncada reelección de Trump, en especial en el crucial Estado de Florida. Y lo hizo a pesar del riesgo de quedar a contrapié ante una victoria de su rival demócrata, Joe Biden, como al final ocurrió. En el ocaso de su cuatrienio, Duque se empeñó en limar asperezas con la nueva Casa Blanca y, a cinco meses de entregar el poder, por fin sostuvo un encuentro oficial con Biden en el Despacho Oval. El colombiano le dio prioridad a recomponer las relaciones, al punto de alinear su agenda con la de Biden al poner el foco en temas de migración –Colombia es el principal destino de la diáspora venezolana– y cambio climático, en lugar de seguridad y lucha contra el narcotráfico.
Petro, Biden y el esquivo cambio de enfoque en la guerra contra las drogas
Gustavo Petro, el primer presidente de izquierdas de la Colombia contemporánea, ya había pisado las alfombras de la Casa Blanca en abril de 2023, ocho meses después de llegar al poder, cuando lo recibió Joe Biden en el Despacho Oval. Entonces incluso se atrevió a pedir un cambio de enfoque en la guerra contra las drogas –que ha calificado como fallida desde su primer discurso ante la Asamblea General de Naciones Unidas–. El demócrata, por su parte, reafirmó que Colombia es “la piedra fundamental de este continente”, una frase que le gusta repetir. Ambos coincidieron en la necesidad de acabar con las economías fósiles y proteger la Amazonía, alegatos que difícilmente se repetirán este martes, cuando sea nuevamente Trump el anfitrión.
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