Petro inaugura una nueva era en las relaciones con Estados Unidos

El presidente electo se reúne con el embajador para preparar la reunión a finales de semana con altos representantes del Gobierno de Joe Biden

El embajador encargado de Estados Unidos, Francisco L. Palmieri, con el presidente electo, Gustavo Petro, este lunes.
El embajador encargado de Estados Unidos, Francisco L. Palmieri, con el presidente electo, Gustavo Petro, este lunes.Embajada de EEUU

Las relaciones de Colombia y Estados Unidos, históricamente muy estrechas, han entrado una nueva era con la inminente llegada de Gustavo Petro al poder. El presidente electo, en el pasado, ha sido muy crítico con la política antidrogas que ha seguido el país de la mano de su socio del norte, ha cuestionado sin disimulo el Tratado de Libre Comercio porque a su entender ha empobrecido al campesinado y considera un error a largo plazo que la economía dependa tanto del carbón y el petróleo. Como candidato sintió que la embajada no le daba su sitio al no recibir de ellos ni siquiera una llamada durante todo el proceso electoral. Siempre tuvo en mente que los norteamericanos preferían el continuismo, es decir, cualquiera de los rivales a los que se enfrentaba. Sin embargo, todo eso parece haber quedado atrás este lunes, en el que Petro mantuvo una reunión cordial con el embajador encargado, Francisco Palmieri, para preparar el encuentro que mantendrá al final de semana con altos representantes del Gobierno de Joe Biden.

El punto coincidente más evidente de las diplomacias de los dos países es Venezuela. EEUU aupó a Juan Guaidó como presidente alternativo a Nicolás Maduro. El presidente Iván Duque, al que sustituirá Petro, fue un entusiasta de la causa y todo este tiempo ha mantenido un discurso muy agresivo contra el autoritarismo chavista que ha sido respondido con mayor virulencia aún por Maduro. Las relaciones entre ambos países están rotas desde 2019. La frontera, cerrada. Eso afecta a cientos de miles de personas que viven en esa franja, gente que no son de un lado ni de otro, sino de los dos sitios. Los empresarios le pidieron a Duque reabrir el paso, pero se negó. Su postura no se movió ni un centímetro. EE UU, sin embargo, siempre pragmático, ha vuelto a entablar conversaciones directas con Maduro desde que se iniciara la invasión rusa en Ucrania, algo que semanas atrás parecía absolutamente inviable.

Petro ya ha anunciado que su idea es reabrir la frontera y tener una embajada en Caracas. Armando Benedetti, su mano derecha, suena como posible embajador. Esto habría ocurrido de esta manera incluso si el ganador hubiera sido Rodolfo Hernández, el rival al que derrotó. Hernández, de una región próxima a la frontera con Venezuela, considera un perjuicio económico sin sentido que no haya relaciones comerciales. En resumen, el hecho de que Petro tenga una postura más abierta con el país vecino que Duque destensa las relaciones con EE UU, que ahora no se enfrentan a ninguna contradicción y ni tiene necesidad que discutir al más devoto de sus aliados. El cambio de estrategia se producirá de una forma natural.

Y ocurrirá esta misma semana. El jueves, una delegación encabezada por Jonathan Finer, asesor adjunto de seguridad nacional del gobierno de Estados Unidos, aterrizará en Colombia. A Finer le acompañan Juan González, asesor para el hemisferio occidental del Consejo de Seguridad Nacional, y Brian A. Nichols, secretario adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental. En principio, también iba a venir Isobel Coleman, de USAID, la agencia de cooperación, pero finalmente no podrá. El primer día se reunirán con líderes sociales y empresarios. Al día siguiente, con Petro a las tres de la tarde, y después con Francia Márquez, la vicepresidenta. El día acabará con la reunión de Finer con los congresistas elegidos por el Pacto Histórico, la coalición de izquierdas que ha ganado las elecciones.

El discurso de Petro no ha sido nada condescendiente con Estados Unidos. Considera —y hay bastantes evidencias de eso— que la política antidrogas ha sido un fracaso. Las plantaciones de coca han disminuido, pero ha crecido la producción de cocaína en el país. El herbicida que se riega sobre las plantaciones afecta los cultivos lícitos de los campesinos. El nuevo presidente quiere entrar a discutir a fondo esta cuestión. Y desea implicar de lleno en la reforma agraria a su socio norteamericano. Él cree que algunos de los problemas de país, como el narcotráfico, se han producido por la desigual distribución de la tierra. Además, considera que la economía colombiana depende en exceso del extractivismo, que hace que entre un dinero fácil que se gasta en importaciones. El tejido productivo queda muy deteriorado de esta manera, a su forma de ver.

A eso hay que sumar la intención de Petro de discutir algunos aspectos del tratado de extradición, que en su día derivó en una guerra entre el Estado y los grandes capos de la droga como Pablo Escobar. Muchos de estos asuntos seguramente se llenarán de matices y el radio de acción del presidente será limitado. Por lo pronto acaba de encontrarse con el embajador encargado en presencia de su canciller, el veterano Álvaro Leyva, y en breve podrá iniciar esas discusiones con los enviados de Biden. Las relaciones de Colombia y Estados Unidos se adentran en territorio inexplorado.

El presidente electo, Gustavo Petro, el canciller Álvaro Leyva, y el embajador encargado de Estados Unidos,  Francisco L. Palmieri, y Terry Steers-Gonzalez.
El presidente electo, Gustavo Petro, el canciller Álvaro Leyva, y el embajador encargado de Estados Unidos, Francisco L. Palmieri, y Terry Steers-Gonzalez.

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