El Asad acepta abrir el diálogo con el principal grupo opositor “sin condiciones”

La Coalición Nacional, que aglutina a los principales grupos en el exilio, ofreció la semana pasada la apertura del proceso

Un grupo de niños sirios atiende una clase con velas ante los cortes de electricidad en Kadi Askar, al norte de Alepo. / AAMIR QURESHI (AFP)

Después de que los rebeldes de Siria intensificaran su lucha en días recientes hasta Damasco, el bastión en el que el régimen de Bachar el Asad ha resistido durante los pasados dos años el embiste de la oposición, el Gobierno ha anunciado que está dispuesto a iniciar un diálogo con las fuerzas opositoras, siempre que este se produzca sin condiciones previas. El pasado 30 de enero Moaz Al Jatib, presidente de la Coalición Nacional para las Fuerzas de la Oposición y la Revolución Siria, que aúna a los grupos opositores, había ofrecido al Gobierno abrir un proceso negociador, con la condición de que El Asad se comprometiera antes a abandonar el poder.

“La puerta está abierta a que cualquier sirio que quiera venir a nosotros a mantener un diálogo. Y cuando hablamos de diálogo, queremos decir sin condiciones”, dijo el ministro de Información sirio, Omran Zoabi, el viernes, en la televisión oficial. “El que solicite unirse a ese proceso puede hacerlo de forma segura, con la condición de que previamente abandone las armas”, añadió. Las ofertas de diálogo, en las que cada parte exige a la otra que abandone las condiciones previas, llegan justo en un momento de estancamiento del conflicto, con los rebeldes fuertes en sus zonas, sobre todo en el noroeste del país, y El Asad resistiendo en Damasco.

Aparte de la renuncia del presidente, la oferta del opositor Al Jatib, formulada el 30 de enero, tenía otras condiciones previas, entre ellas la liberación de 160.000 rebeldes detenidos durante el conflicto y la renovación de los pasaportes de los exiliados en el extranjero. Desde que comenzaran, las revueltas se han cobrado ya 60.000 vidas, según estimaciones de la ONU. Hay, además, 787.000 refugiados en países vecinos, en condiciones en muchas instancias insalubres, sin acceso a agua potable, alimentos básicos y asistencia sanitaria.

El sábado, una bomba se cobró dos vidas en Damasco, en la zona de Yarmana, donde los cristianos y los drusos son mayoría. Ambos colectivos han apoyado al régimen de El Asad, perteneciente a la rama alauí, que emana del chiísmo, ante el embate de los grupos rebeldes, en su gran mayoría suníes. Ya en noviembre fallecieron más de 30 personas en un atentado doble en la misma zona de Yarmana. Entonces, como ahora, el régimen de El Asad ha responsabilizado de los ataques a lo que denomina como “células terroristas”.

El viernes, en uno de los días de mayor violencia en las semanas recientes, las fuerzas del régimen mataron a 40 personas en la aldea de Al Yenaid, en la provincia de Alepo, que en su mayoría controlan los rebeldes. Los grupos opositores Observatorio Sirio de Derechos Humanos y Comisión General de la Revolución Siria informaron de la operación, que, según ellos, se acometió con ejecuciones sumarias.