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Editorial
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

Remota esperanza para Siria

Gobierno y oposición deben ser conscientes de que corre peligro la propia existencia del país

Manifestación contra el régimen sirio en Ginebra, Suiza, el viernes de la pasada semana.
Manifestación contra el régimen sirio en Ginebra, Suiza, el viernes de la pasada semana.MARTIAL TREZZINI (EFE)

El que la oposición se haya unido a las negociaciones de paz para Siria, que se celebran desde el viernes en Ginebra bajo el auspicio de la ONU, es indispensable para buscar alguna posibilidad de acabar con un conflicto que dura ya cinco años, con 260.000 muertos y 10 millones de refugiados y desplazados. A pesar de los cruces de acusaciones con el Gobierno de Bachar al Asad a causa del cruel atentado de Damasco del domingo, es evidente que no puede haber un mínimo atisbo de solución sin que haya al menos negociaciones. La ausencia de la oposición las convertía en un ejercicio voluntarista.

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Hay que subrayar que ambas partes no comparten las mismas responsabilidades en la guerra. El régimen de Al Asad cuenta con un extenso registro de décadas en violaciones de los derechos humanos que dieron pie precisamente a la revuelta en su contra, al amparo de la llamada primavera árabe. En todo caso, ahora Gobierno y oposición sirios deben ser conscientes de que corre peligro la propia existencia del país; Siria no puede seguir desangrándose mientras se convierte en la presa del Estado Islámico. Y tampoco puede seguir siendo un escenario del choque islámico entre suníes y chiíes.

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Utilizar las negociaciones como un ejercicio propagandístico sería un gravísimo error. Las conversaciones suponen una remota esperanza, y deberían ser aprovechadas como si fuera la última oportunidad. Y la comunidad internacional debe colaborar para intentar solucionar un conflicto que pone en riesgo el equilibrio regional y, sin duda, la seguridad y la estabilidad de Europa.

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