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Antimigración

El discurso antimigrantes se extiende por Europa sin alternativas políticas que lo enfrenten

Manifestación por los refugiados. AFP PHOTO  Josep LAGO
La política de levantar fronteras gana cada vez más adeptos.

Hay elecciones en Europa. En marzo fueron las holandesas, en abril las francesas, acaban de ser las de Reino Unido y las alemanas serán en otoño. Y sobre todos estos procesos electorales sobrevuela la sombra de lo que se está denominando el resurgir de la ultraderecha y de su discurso populista.

Sin embargo, la realidad es que lo que estamos viviendo es mucho peor que un resurgir de la ultraderecha. No se trata de que un grupo de personas que se autodefinen dentro de un marco social, religioso, sexual o incluso racial busquen adeptos que se unan a ellos, como hicieron los nazis. Se trata de un grupo de personas se presentan como “anti-algo” e invitan al resto a sumarse a esa cruzada contra ese algo. El algo es la inmigración, en general o en particular, concretada en grupos étnicos, nacionalidades o religiones.

Este llamamiento "contra algo" da cabida a muchos perfiles en su interior, no es de izquierdas ni de derechas, no excluye ningún patrón social, de ahí su alto nivel de contagio. No necesita datos porque está construido desde la emoción y la simpleza argumental y se caracteriza por liderar el discurso. Se ve muy bien sobre el ejemplo de las elecciones en Holanda. Durante el periodo preelectoral se planteó que había un problema de integración de la comunidad musulmana en el país. Sobre esta línea tan sencilla se construyó todo un debate que era ya de base islamófobo, puesto que se partía de asociar una práctica religiosa con un problema. Metidos en ese debate, los argumentos de todos los partidos fueron reactivos, ninguno propositivo fuera del marco preestablecido por el partido de Geert Wilders.

En porCausa llevamos meses analizando el discurso antimigratorio y cómo se está relacionando con las propuestas políticas en los países europeos con elecciones este año. Nuestro análisis confirma la ausencia de propuestas políticas originales relacionadas con el tema migratorio que vean el movimiento de personas como una oportunidad económica y social, tanto para los países receptores como para los países de origen.

En este marco, seguimos obsesionados con modelos de desarrollo anticuados, en los que estimamos que invirtiendo en los países de origen disminuimos los flujos de salida, e invirtiendo en control migratorio disuadimos a los posibles migrantes. Y mientras perdemos el tiempo con debates estériles, crece a una enorme velocidad una potente industria, legal e ilegal, entorno a la migración que está marcando la agenda mundial sin que nos demos cuenta.

La solución no es fácil por supuesto. Pero pasa por ajustar el enfoque del discurso y el análisis, y entender que los argumentos antimigratorios, con la xenofobia y el racismo que contienen, solo se pueden parar saliendo del marco del debate reactivo actual, iniciando un proceso de creación de alternativas innovadoras basadas en modelos exitosos que ya existen en lugares como Canadá.

Para esto es indispensable conseguir cambiar la narrativa que rodea a la migración. Para empezar hay que conseguir que migración sea algo chulo, trendy, un concepto de moda. Esto sucedió ya con el cambio climático, que era un rollo de hippies, y ahora es una de las líneas principales de incidencia política y social. Y en este cambio de discurso el enfoque ayuda al desarrollo se tiene que revisar. En este marco, quizás tenemos que empezar a dejar de vernos como ángeles salvadores que visitan a los que menos tienen ayudándoles a mejorar sus precarias capacidades hasta que ellos prosperan lo suficiente como para ser autónomos. Quizás los que nos tienen que visitar son ellos, para aprender, ganar dinero contribuyendo a nuestro sistema económico, y elegir lo que más les conviene para llevar a cabo el cambio que ellos estimen en su país de origen.

Solo entendiendo bien todo el marco que rodea al discurso antimigratorio. Solo comprendiendo que lo que está pasando es diferente de lo que pasó pero nos puede llevar al mismo lado. Solo aceptando que toda nuestra forma de relacionarnos con “los otros”, con los del Sur, es racista y caritativa en lugar de integradora y emprendedora. Solo con autocrítica y valentía vamos a conseguir reconducir lo que está siendo la mayor catástrofe social global del milenio. Piénsenlo.

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