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Los maestros sorianos amigos de Machado

En tiempos de pactos, los partidos de la oposición pueden revitalizar la Ley de Memoria Histórica

Manifestación ante el Congreso la semana pasada  en petición de una Ley de Víctimas del Franquismo.
Manifestación ante el Congreso la semana pasada en petición de una Ley de Víctimas del Franquismo. EFE

Dos líneas y media le han bastado al Gobierno para dar cuenta de las partidas presupuestarias destinadas en 2014 y 2015 a subvencionar las actividades relacionadas con las víctimas de la Guerra Civil y del franquismo. Porque en esos dos años no destinó ni un euro. El senador socialista Francesc Antich recibió en febrero una respuesta por escrito en la que el Ejecutivo venía a reconocer que no estaba haciendo nada por localizar a los más de 114.000 españoles que aún continúan desaparecidos en fosas esparcidas por todo el país.

Eludir el cumplimiento de una norma evitando dotarla de fondos económicos es una estrategia innoble, pero eficaz. Pese a que el Ejecutivo se esfuerza en decir lo contrario, su empeño en sepultar la Ley de Memoria Histórica, aprobada en el mandato de José Luis Rodríguez Zapatero, es palmario. Dice el senador socialista: “El Gobierno se ríe directamente de la ley, a la que ha degradado y dejado en vía muerta, especialmente en lo que se refiere a la localización de fosas”.

Entre aquellas (al menos) 114.000 víctimas están los maestros asesinados en el pueblo soriano de Cobertelada en 1936: Eloy Serrano (maestro de esa localidad, de 22 años), Hipólito Olmo (de 42, maestro de Ajamil), Elicio Gómez Borque (de 23, maestro de La Seca), Victoriano Tarancón (de 26, maestro de Perdiguera), Martín Artola (vecino de Ateca, de 35) y Francisco Romero Carrasco (57 años), matemático en la Escuela Normal y a quien su amigo Antonio Machado (profesor de francés en Soria) le dedicó el poema Bodas de Francisco Romero. Los seis fueron subidos a un camión y acribillados en un paraje conocido como Los Tomillares, según los datos facilitados por testigos de los fusilamientos, agricultores de Cobertelada que se encargaron posteriormente de enterrarlos.

Localizada la fosa siete décadas después, un juzgado de Almazán abrió hace un año diligencias y dio los primeros pasos para que los restos pudieran ser exhumados conforme a lo previsto en la legislación. Pero antes de que se pudieran iniciar las labores arqueológicas, la fiscal jefe de Soria frenó el caso. Y ahora, la Audiencia Provincial le ha dado carpetazo al rechazar el recurso de la Asociación Recuerdo y Dignidad, que ha liderado el proceso para la recuperación de los restos de los cinco maestros fusilados en Soria al inicio de la Guerra Civil.

La otra cara de la moneda la representa Ascensión Mendieta, de 91 años, que hace pocos días no pudo contener la emoción al saber que los restos de su padre fueron exhumados de una fosa común en el cementerio de Guadalajara. Timoteo Mendieta era carnicero y presidente de UGT en Sacedón (Guadalajara) y fue fusilado el 15 de noviembre de 1939.

En tiempos de pactos parlamentarios,los partidos de la oposición tienen la oportunidad de revitalizar la Ley de Memoria Histórica —varada inexplicablemente por el PP— para evitar que las víctimas del franquismo sean también víctimas de “la dejadez y la sequía financiera”, como denuncia el senador Antich.

 

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