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Setas alucinógenas para reducir la depresión en enfermos terminales

Completado un estudio con psilocibina -el principio activo de las setas alucinógenas- como paliativo para el tratamiento de la depresión y la ansiedad en pacientes de cáncer

setas alucinogenas
Albert Hofmann, descubridor de la psilocibina.

El diagnóstico y prognosis de una enfermedad con mal pronóstico caen como una losa sobre el paciente y su entorno, desembocando en muchos casos en un cuadro de depresión y ansiedad difícil de abordar.

El equipo del profesor Roland Griffiths de la Universidad John Hopkins publicó recientemente en la revista Journal of Psychopharmacology los resultados de un ensayo clínico con psilocibina, el principio activo de las setas alucinógenas. Sumado a estudios preliminares anteriores, en este trabajo muestra como la psilocibina fue capaz de reducir la ansiedad y la depresión en enfermos terminales de cáncer incluso seis meses después de recibir una sola dosis.

La psilocibina fue capaz de reducir la ansiedad y la depresión en enfermos terminales de cáncer incluso seis meses después de recibir una sola dosis.

Los tratamientos antidepresivos actuales requieren de semanas e incluso meses de tomas diarias para experimentar una mejora leve. En pacientes de características similares a las del estudio de Griffiths los fármacos antidepresivos actuales a duras penas superan en eficacia al efecto placebo. En psiquiatría no existe precedente de una medicación con la que una sola toma haya mostrado semejantes efectos a medio plazo. La comparación es meramente formal, pero si estos resultados se validan en fases posteriores, estaríamos hablando de una eficacia con la que los tratamientos antidepresivos actuales no podrían ni soñar.

Pero que nadie se lleve a engaño pensando que un viaje “psiconáutico” por Amsterdam va a resolver sus problemas de ansiedad y depresión. Este tipo de estudios se hacen siguiendo criterios de selección muy rigurosos y por tanto sus conclusiones no pueden ser extrapoladas directamente al resto de la población. Sin embargo, los resultados son de momento prometedores.

Jordi Riba, líder del grupo de Neuropsicofarmacología en el Hospital Sant Pau de Barcelona, lleva más de 20 años investigando la ayahuasca, un té amazónico cuyo principio activo, dimetiltriptamina (DMT), es similar a la psilocibina. “Los resultados del estudio están en la línea de los obtenidos por nuestro grupo utilizando ayahuasca en pacientes con depresión resistente a tratamiento” señala Riba.

Albert Hofmann, descubridor de la psilocibina.
Albert Hofmann, descubridor de la psilocibina.

Javier González-Maeso, profesor de Fisiología y Biofísica en la Universidad de Virginia Commonwealth, ha publicado numerosos trabajos en los que estudia la implicación de receptores de serotonina y glutamato en el mecanismo de acción de los psicodélicos como la psilocibina o el LSD: “la activación del receptor de serotonina 2A es la responsable de la fase aguda de los efectos psicodélicos, lo que comúnmente se conoce como “trip señala.

“Estos efectos psicodélicos se mantienen por un número limitado de horas. Sin embargo, la magnitud y la duración de los efectos terapéuticos del estudio de Griffiths hace pensar que esta activación, además de la fase aguda, es también responsable de cambios en la función neuronal a largo plazo” añade González-Maeso. “Sería importante investigar en modelos animales de laboratorio el mecanismo molecular por el cual una única dosis de psilocibina es capaz de mantener estos efectos antidepresivos y ansiolíticos por periodos tan largos de tiempo.”

“Si bien el uso terapéutico de psicodélicos como la psilocibina despierta interés, también genera notables resistencias; costará dar el paso desde la investigación a la práctica clínica"

En la misma línea argumental, los estudios de neuroimagen de Riba muestran como este tipo de compuestos modulan la actividad de las áreas del cerebro humano que procesan los recuerdos y las emociones, y además se traducen en cambios en la plasticidad cerebral.

“Los psicodélicos pueden modular la conectividad cerebral y ayudar a abandonar patrones de pensamiento depresivos, o incluso comportamientos difícilmente modificables como es el uso de sustancias adictivas” sugiere Riba haciendo referencia a otra de las líneas activas de investigación con psicodélicos, el tratamiento de trastornos adictivos.

“Con el arsenal disponible, hay un porcentaje significativo de pacientes depresivos que no mejoran”, afirma Juan Carlos Pascual, psiquiatra en el Hospital de Sant Pau. “En el mundo de la psiquiatría hay un interés creciente por las nuevas opciones terapéuticas”.

Sobre el uso de psicodélicos con fines terapéuticos Pascual también matiza que “queda un largo recorrido para su posible implantación en la práctica clínica habitual”. “Si bien el uso terapéutico de psicodélicos como la psilocibina despierta interés, también genera notables resistencias; costará dar el paso desde la investigación a la práctica clínica” subraya.

Y es que al estigma que rodea a este tipo de sustancias se suma su clasificación dentro de las categorías legales más restrictivas de los tratados internacionales. Lo cual, en este caso, dificulta aún más el largo y costoso proceso de aprobación al que se ha de someter cualquier tratamiento médico potencial.

La batalla contra el cáncer no se limita a combatir la enfermedad, también incluye garantizar la mejor calidad de vida posible para el paciente a lo largo del proceso. En este sentido el Instituto Heffter ya ha manifestado su intención de poner en marcha un estudio de fase III –el estándar de oro en investigación clínica—para determinar definitivamente la eficacia de la psilocibina como tratamiento hospitalario para tratar la ansiedad y depresión en pacientes con cáncer terminal.

Mario de la Fuente es Doctor en Química Médica y neurocientífico en la Universidad de Virginia Commonwealth

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